Chelsea, el Mundial de Clubes y una dura factura: ¿vale la pena el nuevo formato de la FIFA?

El aumento de lesiones tras un calendario cada vez más saturado despierta dudas sobre los límites del fútbol moderno

Una victoria costosa para Chelsea

Cuando el Chelsea alzó el trofeo del nuevo Mundial de Clubes en el MetLife Stadium, coronándose como el primer campeón en el nuevo formato con 32 equipos, muchos celebraron el logro deportivo y el enorme bote de 125 millones de dólares en premios. Sin embargo, una sombra oscura acompañó esta hazaña: el equipo londinense sufrió un aumento del 44% en lesiones entre junio y octubre, en comparación con el mismo período del año anterior.

Este dato fue revelado por la última edición del European Football Injury Index, producida por la aseguradora global Howden, que analizó a nueve clubes de las principales ligas europeas. Chelsea resultó ser el equipo más afectado tras el torneo, habiendo acumulado 23 lesiones en apenas cuatro meses, superando a gigantes como Manchester City o Real Madrid.

¿Qué está pasando con el calendario?

Desde que FIFA anunció en 2023 la expansión del Mundial de Clubes de 7 a 32 equipos, la crítica ha sido feroz. Sindicatos de jugadores, entrenadores y expertos médicos alertaron sobre el desgaste físico y mental al que están siendo sometidos los futbolistas, especialmente aquellos de élite que juegan entre 50 y 70 partidos por temporada.

El Chelsea, por ejemplo, disputó 64 partidos en la temporada 2024-25, incluyendo torneos domésticos, europeos e internacionales. Sin duda, el nuevo calendario obligó al equipo a mantener una intensidad sostenida durante casi 11 meses. En ese contexto, las lesiones no son una sorpresa, sino una consecuencia directa.

¿Fue un caso aislado?

Curiosamente, el informe de Howden señala que a nivel general, el número de lesiones disminuyó en los clubes europeos que participaron del torneo global. Según el informe, entre junio y octubre se contabilizaron 146 lesiones en estos clubes, frente a las 174 del año anterior. Entre agosto y octubre, el número fue el más bajo en seis años para ese período.

El caso de Chelsea parece sobresalir como una excepción, quizá por la falta de rotación, una pretemporada demasiado corta o mala fortuna. Sin embargo, los expertos insisten en que es demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas. James Burrows, Jefe de Deportes de Howden, advirtió que los efectos suelen acumularse en los meses siguientes, particularmente entre noviembre y febrero.

“Lo que siempre vemos es que el impacto de los torneos veraniegos no se manifiesta de inmediato. Es durante el invierno, cuando se conjugan el frío, la carga de partidos y el desgaste acumulado, cuando se disparan las lesiones más graves”, explicó Burrows.

El caso Bruno Fernandes: resentimiento en Old Trafford

Otro ángulo interesante sobre el efecto del calendario y las presiones modernas se vio reflejado esta semana en las declaraciones de Bruno Fernandes, el capitán del Manchester United. En entrevista con Canal 11 de Portugal, reveló que sintió que la dirigencia del club quería que aceptara una oferta de Al-Hilal tras la temporada pasada. La cifra: 100 millones de libras.

“Me dolió un poco. Más que dolerme, me entristeció”, dijo Fernandes. Según sus palabras, sintió que había quienes pensaban que su salida no sería tan negativa para el club. Aún así, decidió quedarse, en parte por amor al club, en parte por razones familiares y también porque cuenta con el respaldo del entrenador.

La historia de Fernandes ejemplifica cómo el valor humano y la lealtad emocional son factores que a menudo chocan con la lógica empresarial y comercial del fútbol actual. En un mercado saturado de estrellas, incluso los capitanes pueden ser considerados prescindibles si llega una oferta irresistible.

¿Fútbol o negocio?

La expansión del Mundial de Clubes responde, sin duda, a una lógica económica. Con el campeonato disputado en Estados Unidos, FIFA buscó capitalizar el mercado más grande del mundo, ofreciendo un producto de alto nivel en un país donde el fútbol aún crece. Ver a figuras como Cole Palmer, Kylian Mbappé o Vinicius Jr. compitiendo en césped estadounidense fue una clara señal de globalización del deporte.

Sin embargo, como advierten los sindicatos de jugadores, la salud de estos atletas no puede seguir siendo una variable de ajuste. El problema no es sólo físico, sino también mental, considerando la presión, los viajes continuos y la responsabilidad de rendir cada tres días.

“En teoría, esperarías que una mayor carga de trabajo condujera a un aumento en el número y la gravedad de las lesiones”, decía el informe. Aunque de momento el impacto general ha sido “mínimo”, habría que preguntarse si no estamos ignorando el problema en su fase silenciosa.

El espectáculo continúa... ¿pero hasta cuándo?

En paralelo, FIFA celebró esta semana a los goleadores más espectaculares de la temporada. Lizbeth Ovalle, futbolista mexicana, ganó el premio Marta por su legendario gol de escorpión con Tigres Femenil ante Guadalajara. En tanto, Santiago Montiel fue galardonado con el Premio Puskás por su chilena desde fuera del área para Independiente.

Ambos goles reflejan la belleza pura del fútbol. Pero también sirven para distraer momentáneamente de una verdad incómoda: el calendario, la fatiga y las presiones están castigando a los protagonistas de ese espectáculo.

La dicotomía es clara. Por un lado, más competencia significa más ingresos, más audiencias globales y más exposición para las marcas. Por otro lado, hay un riesgo real de que sigamos viendo a figuras caer por lesiones, a capitanes decepcionados como Bruno Fernandes o rendimientos decrecientes como el de ciertos equipos tras verano extremadamente activo.

¿Qué futuro nos espera?

La situación actual pone en evidencia que el modelo de fútbol hipercompetitivo y globalizado está tocando sus límites. Aunque hay margen para optimizar calendarios y permitir descansos, el impulso comercial de las federaciones y clubes muchas veces prima sobre la lógica médica o humanitaria.

Por ahora, FIFA no ha dado signos de reducir la expansión de sus torneos. De hecho, se planean nuevas competiciones y formatos mixtos para atraer aún más mercados. Pero si los datos empiezan a mostrar un pico de lesiones entre noviembre y febrero, especialmente en clubes que participaron en el Mundial de Clubes, las discusiones se intensificarán.

Chelsea ha ganado el título, pero ha pagado un precio altísimo. La pregunta del millón es: ¿seguirán otros su ejemplo o comenzarán a cuestionar si tanto calendario vale la pena?

Una reflexión necesaria

El fútbol, como cualquier otro negocio, debe evolucionar. Pero también debe recordar que su alma reside en los jugadores, no en los derechos televisivos. Como bien dijo Fernandes: “No todo es dinero. A veces se trata del amor al club, de sentir que eres valorado”.

Quizá es hora de que la FIFA, los clubes y las ligas nacionales tengan esta misma reflexión antes de que sea demasiado tarde. Porque cuando el espectáculo se sostiene sobre pies lesionados y corazones rotos, su duración está en cuenta regresiva.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press