Maximalismo en la coctelería: El arte de beber con todos los sentidos
De Hong Kong a Londres, pasando por tu propia casa: cómo los cócteles se han transformado en experiencias multisensoriales gracias al renacimiento del maximalismo
¿Un martini con pepinillos gigantes? Bienvenido al nuevo siglo del cóctel
Durante años, la coctelería se inclinó por el minimalismo. Los cócteles eran sobrios, prácticamente clínicos: variaciones desnudas de los clásicos, basadas en técnica, equilibrio perfecto y sencillez visual. Pero algo ha cambiado tras la pandemia: la gente no solo quiere beber bien, también quiere sentir algo. Y ahí entra la nueva ola de maximalismo en la coctelería.
Este fenómeno, que recupera lo extravagante pero con propósito, está marcando tendencia en bares icónicos de Londres, Seúl o Nassau. Lejos de ser solo una moda llamativa, este regreso al exceso se alinea con una búsqueda emocional: beber bien y vivir una experiencia memorable.
Más que un trago, una experiencia sensorial completa
Según Hannah Sharman-Cox, cofundadora de The Pinnacle Guide, el maximalismo de hoy es el "primo sofisticado del estilo de los 90". Se inspira en las extravagancias de hace tres décadas, pero con un enfoque adulto, estético e incluso ecológico.
En lugar de puramente deslumbrar visualmente al cliente, los bartenders actuales buscan involucrar más sentidos: aroma, textura, sonido y, naturalmente, sabor. Todo acompañado por historia, narrativa e incluso simbolismo en la presentación del cóctel.
Del laboratorio al paladar: alquimia en copas
Uno de los mejores exponentes del maximalismo bien entendido es Mason Park, gerente de bar en Alice (Seúl). Su cóctel insignia, Foggy Fongo, está inspirado en la escena del oruga con la pipa en "Alicia en el país de las maravillas".
- Se sirve en una copa de forma de hongo impresa en 3D
- Incluye humo de incienso y palo santo
- Contiene ingredientes tan complejos como artichoke, macadamia, o setas de pino
- Culmina con una galleta de trufa dentro del sombrero de la "copa-hongo"
“Queremos que nuestros cócteles despierten emociones y conversación”, explica Park. “Y el maximalismo nos permite eso”.
Deliciosamente sostenible: beber sin desperdiciar
El maximalismo moderno también tiene un enfoque sostenible. Lejos de los derroches estéticos de antaño, los bartenders trabajan en colaboración con cocinas para desarrollar adornos comestibles, reutilizables o aprovechando restos de cocina.
“Los garnish ya no son meramente decorativos”, dice Siobhan Payne, cofundadora también de Pinnacle Guide. “Ahora tienen sentido, propósito gastronómico y, en muchos casos, una segunda vida”.
Cuando el cóctel te hace reír: diversión líquida en vasos únicos
En el bar Nightjar de Londres, el cóctel Beyond the Sea se sirve en una concha gigante como guiño al clásico Salty Dog. Incluye:
- Gin, sherry con algas kombu y hojas de shiso
- Limoncello, absenta y jugo de pomelo
- Una espuma salina para recrear la brisa marina
“A veces la gente no sabe por dónde empezar a beber, ¡y terminan empapados!”, bromea Emanuele Pedrazzani, jefe de barra del lugar. Pero lo importante, dice, es que esas experiencias crean conexión, humor y recuerdo.
¿Instagram o cóctel? Mejor ambas
En la era de las redes sociales, lo visual manda. En el Bon Vivants en Bahamas, el cóctel Mama Maggie se sirve en un cerdito de porcelana adornado con flores frescas. Una mezcla vibrante de coco, maracuyá, hibisco, mango y lima que es puro caribe en foto y sabor.
“La gente ya no viene solo a beber”, comenta Niko Imbert, vicepresidente de hospitalidad del grupo. “Vienen por la experiencia, y esperan que tú les muestres que te importa hacer algo único para ellos”.
Un espectáculo que sostiene la profesión
“Estas creaciones no son un lujo superficial, revitalizan la cultura del bartender”, señala Park. En tiempos donde el consumo se modera y se seleccionan las salidas sociales con más cautela, los bares tienen que ofrecer algo más que un simple trago.
“Los bares están compitiendo con casa, streaming y confort. Para ganar, tienen que ser verdaderos teatros del sabor”, afirma Pedrazzani. Porque cada cóctel es una puesta en escena.
¿Cómo llevar el maximalismo a tu casa?
No hace falta tener un laboratorio molecular ni una impresora 3D. Según José Maria Dondé, mixólogo del Bedford Stone Street (Nueva York), se puede empezar fácil:
- Invertir en cristalería vintage o excéntrica
- Usar herramientas inusuales: pinzas doradas, cocteleras de cobre, cucharas en espiral
- Atreverse con garnish creativos: hojas de shiso, flores comestibles, menta caramelizada, escamas de oro
- Incorporar elementos aromáticos y visuales: un ahumador, canela en rama, pétalos secos
“Empieza con lo que te guste y tenga sentido contigo”, dice Dondé. “El maximalismo no significa exceso sin control, significa sabor con todos los sentidos”.
El futuro del trago está en lo sensorial
Ninguna tendencia es eterna, pero el maximalismo encaja perfectamente en una era donde la experiencia lo es todo. Igual que buscamos fotos en 4K, eventos inmersivos y restaurantes temáticos, también queremos bebidas que nos inspiren, conecten y sorprendan.
Y no se trata de “volver al show” por capricho. Es una respuesta emocional al cansancio de la sobriedad estética, una búsqueda de placer multisensorial y, en muchos casos, de resignificación ritual del acto de beber.
Así que la próxima vez que pidas una copa en un lugar que parece mezclar un museo con un laboratorio de aromas... no pienses que es solo para Insta. Es arte líquido. Y estás participando en una nueva era sensorial de la mixología.