Sudán, el epicentro del nuevo desorden mundial: ¿Cómo fracasó la comunidad internacional?

El país africano encabeza por tercer año consecutivo la Lista de Emergencias Humanitarias del IRC. Detrás de este colapso hay guerras, intereses económicos y un sistema global fallido.

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Sudán: una catástrofe que el mundo ignora

Por tercer año consecutivo, Sudán ocupa el primer lugar en la Lista de Emergencias Humanitarias del Comité Internacional de Rescate (IRC), una clasificación que cataloga a los países con mayor riesgo de crisis humanitaria en 2026. El informe, titulado “Un nuevo desorden mundial”, ilustra que el país no solo está atrapado en un conflicto brutal, sino que representa un síntoma de una profunda descomposición del orden internacional.

Desde abril de 2023, el país se hundió en el caos tras la explosión de una lucha de poder entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar que ha sido acusado de cometer crímenes de guerra y genocidio, especialmente en la región de Darfur.

14 millones de desplazados y una guerra silenciada

Según cifras de la ONU, más de 14 millones de personas fueron desplazadas internamente y hacia países vecinos. El número de muertos oficiales supera los 40.000, aunque organizaciones humanitarias advierten que el verdadero número probablemente sea mucho mayor.

La situación ha dado lugar a brotes de enfermedades, hambruna y una ola de violencia sexual masiva, todo mientras el conflicto avanza por sectores enteros del país, como ocurrió recientemente en la ciudad de el-Fasher, última base del ejército en Darfur antes de ser tomada por las RSF.

El nuevo desorden mundial y sus causas

David Miliband, presidente del IRC, describe este fenómeno como la llegada de un nuevo desorden mundial que reemplaza al sistema internacional basado en reglas y derechos establecido tras la Segunda Guerra Mundial. “El desorden genera más desorden”, advierte Miliband.

Esta afirmación se manifiesta no solo en Sudán, sino en otros países incluidos en la lista del IRC como Etiopía, Ucrania, los territorios palestinos ocupados, Haití, Yemen, Siria y la República Democrática del Congo. Aunque estos 20 países representan solo el 12% de la población mundial, concentran el 89% de las personas en necesidad de ayuda humanitaria y al menos 117 millones de desplazados.

Sudán: riqueza explotada, pueblo abandonado

Contrario a lo que podría suponerse, el conflicto en Sudán no se produce en un vacío de recursos. Todo lo contrario: muchos de los actores involucrados, locales e internacionales, lo alimentan gracias al rentable comercio del oro. Esta economía paralela genera beneficios millonarios a costa del sufrimiento de la población civil.

Según el IRC, esto demuestra que las guerras modernas ya no se libran solo por ideología o territorio, sino por poder y beneficios económicos. Esta lógica corrosiva arrastra a la población a una espiral de miseria sin fin, donde las dinámicas globales fallan en ofrecer soluciones o frenar el deterioro.

Lucro y genocidio en Darfur

Las atrocidades cometidas en Darfur remiten a los peores momentos de la historia reciente africana. En palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, se han cometido crímenes de guerra y potencialmente crímenes de lesa humanidad. Las RSF, según imágenes satelitales del Humanitarian Research Lab de Yale, llevaron a cabo ejecuciones en masa de civiles y luego intentaron borrar evidencia de los crímenes mediante campañas de destrucción sistemática en el área conquistada.

El colapso de la ayuda humanitaria

En medio de esta tragedia, la comunidad internacional muestra una respuesta cada vez más mermada. Según el Comité Internacional de Rescate, la financiación global para emergencias humanitarias se ha reducido un 50% en comparación con años anteriores.

Paradójicamente, 2026 se perfila como el año más letal para los trabajadores humanitarios. Atrapados en zonas de conflicto sin garantías mínimas de seguridad, enfrentan el dilema de abandonar a las víctimas o poner en riesgo sus propias vidas.

Este año, la lista no solo es un testimonio de miseria, sino una advertencia”, señaló Miliband.

Fracaso político en la ONU y la necesidad de reformas

Uno de los mayores obstáculos para resolver crisis como la de Sudán es el uso del veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Rusia y China, con intereses estratégicos en diferentes zonas del conflicto, han bloqueado reiteradamente resoluciones urgentes para sancionar a los responsables.

Por ello, el IRC sugiere que se suspenda el derecho a veto cuando se trate de atrocidades masivas. Aunque la propuesta implica reformas profundas y difíciles, no parece haber salida sin una transformación del sistema multilateral actual.

¿Dónde está la presión internacional real?

Mientras las grandes potencias concentran su atención en Ucrania o en el Indo-Pacífico, África sigue siendo el gran olvidado de la geopolítica. La afirmación de que “Sudán no tiene petróleo” como explicación cínica para la inacción de occidente ha resonado con fuerza en los círculos académicos y humanitarios.

En palabras de Alex de Waal, uno de los mayores expertos sobre conflictos africanos: “Sudán no carece de atención por falta de gravedad, sino por falta de conveniencia estratégica”.

Lo que se necesita con urgencia

Expertos y organismos hacen los mismos llamados desde hace años:

  • Más financiación humanitaria inmediata
  • Presión diplomática real sobre los actores del conflicto
  • Justicia internacional para los responsables de crímenes de guerra
  • Acceso sin restricciones para organismos humanitarios

Pero poco cambia. La fragmentación del orden político internacional y la proliferación de guerras descentralizadas han hecho que Siria, Yemen, Sudán y otros países se conviertan en zonas de exclusión moral para la comunidad internacional.

Sudán como símbolo y advertencia

Sudán no es solo una tragedia humanitaria. Es un espejo en el cual el mundo debería verse reflejado. Representa la quiebra de un sistema multilateral incapaz de proteger a los más vulnerables, de actuar rápido y con coherencia.

La permanente inclusión de Sudán en el primer lugar de la Lista de Emergencias del IRC durante tres años consecutivos debería provocar una alarma global. Pero la normalización de la desgracia humana parece ser el sello de este nuevo siglo.

Mientras tanto, millones de sudaneses viven entre el horror, la desesperanza y el abandono. En palabras que resuenan con fuerza, Miliband sentencia: “Si no actuamos ahora, 2026 será el año más peligroso, no solo para Sudán, sino para toda la humanidad”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press