¿Pozo sin fondo? Cómo la baja en regalías federales amenaza el futuro económico de Nuevo México
Las reformas republicanas en regalías petroleras federales podrían costarle miles de millones a Nuevo México. ¿Está el estado preparado para enfrentar el impacto sin comprometer su inversión en educación y servicios sociales?
Por años, Nuevo México ha dependido del petróleo y gas como columna vertebral de su economía estatal. Pero una reciente reestructuración en las políticas federales de regalías podría poner en jaque esa estabilidad. Con un escenario de recortes de ingresos millonarios hacia 2050, los líderes estatales se enfrentan a una paradoja: sostener las ambiciosas políticas sociales mientras navegan por un futuro fiscal incierto.
Un cambio de política que sacude las finanzas estatales
Todo comenzó con una ley firmada por el expresidente Donald Trump en julio que establece una reducción significativa en la tasa mínima de regalías federales por perforación terrestre, pasando del 16.7% impuesto por la administración Biden en 2022 al 12.5%. Este giro busca incentivar la producción energética, generar empleos y reducir costos energéticos según sus defensores.
Históricamente, el 16.7% representó la primera alza en más de un siglo, considerando que la tasa original del 12.5% fue establecida en 1920 por el Mineral Leasing Act. Aunque la administración Trump mantuvo la tradición, el impacto económico de volver a esa tasa está lejos de ser neutro.
Brian Prest, economista de Resources for the Future, estima que esta modificación podría reducir hasta $6,000 millones en ingresos por regalías en la próxima década para todos los estados productores de petróleo.
Nuevo México: el más expuesto al recorte
Ningún estado sentiría tanto el golpe como Nuevo México, el mayor receptor de pagos por regalías federales. Según cálculos de Prest, el estado podría perder $1.7 mil millones para 2035 y hasta $5.1 mil millones para 2050.
Esto es significativo cuando se considera que más de un tercio del presupuesto del fondo general del estado proviene del petróleo y gas. En palabras del senador estatal George Muñoz: “Todo duele cuando se pierden ingresos”.
Una gallina de oro en declive: el auge del crudo
La bonanza petrolera de Nuevo México comenzó cerca del 2017, cuando la producción de crudo —particularmente en la cuenca pérmica compartida con Texas— se disparó casi cinco veces. Este auge representó fondos millonarios que transformaron políticas públicas: desde aumento salarial docente, pasando por educación preescolar universal y becas universitarias, hasta almuerzos escolares gratuitos.
Tan solo los fondos soberanos del estado alcanzaron los $64,000 millones, convirtiéndose en el segundo mayor nest egg del país después del de Alaska. Las ganancias invertidas de estos fondos son ahora la segunda fuente más grande de financiación estatal.
Sin embargo, eso no evita que los ingresos recurrentes predecibles cayeran un 1.6% recientemente, marcando su primera contracción desde la pandemia.
Preparativos ante los años magros
El temor ante una disminución progresiva de ingresos ha llevado al estado a actuar de forma preventiva. Bajo legislación estatal, las propias tasas de regalías de Nuevo México para nuevos arrendamientos aumentaron del 20% al 25%, buscando así compensar la reducción federal.
Además, el levantamiento de una moratoria de ventas ha permitido que más terrenos estén disponibles para arrendamiento —pero incluso esto podría no ser suficiente.
Educación y niñez temprana bajo presión
Una de las políticas más ambiciosas del gobierno de la demócrata Michelle Lujan Grisham es la atención integral a la primera infancia, con acceso universal a guarderías gratuitas y visitas a domicilio durante el embarazo y la infancia.
Pero esta iniciativa está en tela de juicio. Legisladores demócratas como Meredith Dixon cuestionan no solo el incremento propuesto de $160 millones, sino también el hecho de que familias con ingresos superiores a $320,000 puedan beneficiarse del programa.
“La guardería gratuita universal es una gran idea. Pero no estoy de acuerdo con esta forma de implementarla”, dijo Dixon.
A esto se suma una orden judicial para mejorar la educación de estudiantes nativos y de bajos recursos, una deuda histórica en uno de los estados con peores resultados académicos del país.
Contrapuntos en otros estados petroleros
En comparación, otros estados como Texas, el mayor productor petrolero de EE.UU., y Alaska ven con optimismo la reducción de regalías, ya que esperan que estimule la producción en las tierras federales. Pero vale notar que Texas posee poca tierra federal, lo que lo hace menos vulnerable a los vaivenes de la política federal de regalías.
En Alaska, por ejemplo, se espera que el proyecto Willow y las nuevas licitaciones de la Reserva Nacional de Petróleo en Alaska dinamicen la economía.
En cambio, en Dakota del Norte, donde las regalías se reparten entre el estado y los condados, los expertos advierten que el futuro es muy difícil de predecir.
“Hay demasiadas variables: tiempos, precios, disponibilidad de terrenos y políticas federales sobre exploración”, afirma Joe Morrissette, director de presupuesto estatal.
Alternativas para diversificar la economía
El momento es propicio para que Nuevo México analice seriamente cómo diversificar su economía. Si bien las grandes reservas petroleras le han dado un colchón cómodo para políticas expansivas, depender de una sola fuente de ingresos siempre es un riesgo.
Además, los precios del petróleo son volátiles y estar atado a ciclos externos puede comprometer el margen de maniobra fiscal, especialmente en servicios críticos como salud mental, atención prenatal o el Medicaid estatal.
Para resistir futuras crisis, Nuevo México podría considerar:
- Promover sectores como la tecnología limpia y energías renovables.
- Expandir la base impositiva fuera del petróleo y gas.
- Incentivar la innovación y pymes para fomentar empleo diversificado.
- Usar más eficientemente el Fondo Permanente, tomando una hoja del libro de Alaska donde los dividendos ciudadanos son práctica común.
Un equilibrio delicado
El caso de Nuevo México refleja un conflicto latente entre la política federal y las necesidades fiscales estatales, especialmente para estados con una profunda dependencia de los recursos naturales.
El desafío será mantener los avances sociales de la última década —educación gratuita, mayor acceso a servicios de salud, ayuda alimentaria— sin caer en un colapso presupuestario. Porque si bien los fondos soberanos son vastos, no son infinitos.
La pregunta es: ¿cuánto tiempo podrá Nuevo México sostener su visión progresista si el petróleo deja de ser la gallina de los huevos de oro?
