Adolescencia, tecnología y drogas: El inesperado giro en los hábitos de los jóvenes estadounidenses
Una nueva generación menos propensa al consumo de alcohol y cigarrillos, pero con nuevas preocupaciones como la heroína, la cocaína y el exceso de bebidas energéticas
Un cambio generacional silencioso
En medio de titulares dominados por crisis políticas, guerras culturales y luchas ideológicas en Estados Unidos, una transformación positiva parece estar desarrollándose entre las nuevas generaciones: los adolescentes estadounidenses están consumiendo menos alcohol, nicotina y marihuana que nunca antes. Esto, según los resultados más recientes de la encuesta nacional "Monitoring the Future" (Supervisando el Futuro), que desde 1975 analiza las conductas de los jóvenes en temas de salud y adicciones.
Una estadística sorprendente: dos tercios de los estudiantes de último año de secundaria (grado 12) afirmaron no haber consumido alcohol, marihuana, cigarrillos tradicionales ni vapeadores electrónicos en los últimos 30 días. En comparación, hace 30 años esa proporción era apenas un tercio. Y no solo son los de 12º grado: el 82% de los estudiantes de 10º y el 91% de los de 8º también dijeron no haber usado ninguna sustancia reciente. Récords nunca antes vistos.
¿Adolescentes más sanos o más digitales?
Expertos como Laura Lindberg, profesora de la Universidad de Rutgers, atribuyen esta tendencia en parte al auge de la tecnología y las redes sociales: “Las conexiones online no crean las mismas oportunidades de experimentar con sexo, alcohol o marihuana como lo hace el tiempo sin supervisión cara a cara”, explicó. Esto coincide con estudios que muestran también una baja en la actividad sexual entre adolescentes, lo que suma a una evolución inesperada en la juventud contemporánea.
La pandemia de COVID-19 también jugó un rol en este cambio. Durante los confinamientos y restricciones sociales, el uso de sustancias se desplomó. Muchos expertos esperaban un repunte una vez vuelto a la normalidad. Sin embargo, los datos de 2025 confirman que esa recuperación no llegó.
Menos cigarrillos... pero más bebidas energéticas
A pesar de esta disminución general, hay otros signos preocupantes. Los jóvenes están recurriendo masivamente a las bebidas energéticas. Según la encuesta:
- El 23% de los estudiantes de 12º grado consume bebidas energéticas diariamente.
- El 20% de los estudiantes de 10º grado hace lo mismo.
- Incluso el 18% de los estudiantes de 8º grado las bebe a diario.
Si bien estas bebidas parecen inofensivas desde el punto de vista legal y de consumo social, estudios médicos han advertido durante mucho tiempo sobre los riesgos que implican para el sistema cardiovascular, el sueño, la salud mental e incluso la adicción por su alto contenido en cafeína y azúcar.
Una pequeña, pero preocupante, alza en drogas duras
Más allá de la disminución de sustancias tradicionales, hay incrementos leves pero alarmantes en el consumo de heroína y cocaína entre adolescentes, algo que merece la atención tanto de autoridades como de padres de familia. Los datos revelan:
- El uso de heroína en estudiantes de 12º grado creció de 0.2% en 2024 a 0.9% en 2025.
- En estudiantes de 10º grado, pasó de 0.1% a 0.5%.
- Y en 8º grado, de 0.2% a 0.5%.
En cuanto a la cocaína, los aumentos son similares:
- 1.4% entre estudiantes de 12º grado.
- 0.6% en alumnos de 8º grado.
Aunque aún muy por debajo de los niveles registrados en las décadas de 1980 y 1990, estos repuntes evidencian que las drogas duras siguen presentes y pueden resurgir ante la menor distracción de las políticas públicas o de la sociedad en general. Richard Miech, líder del equipo investigador, destacó: "Son datos que merecen vigilancia constante".
¿Un efecto rebote inevitable?
Muchos se preguntan si esta generación particularmente abstemia mantendrá estos comportamientos en la adultez. Algunos expertos temen un efecto rebote: jóvenes que durante la adolescencia se contuvieron y que podrían experimentar con excesos más tarde, como adultos jóvenes. Otros creen que este es un cambio estructural.
La influencia de las redes sociales, la conciencia de la salud y el acceso al conocimiento han moldeado adolescentes más reflexivos y autoconservadores. Incluso los contenidos virales suelen celebrar el bienestar, la salud mental y estilos de vida más saludables. Las generaciones menores —posiblemente desde la “Generación Z”— han crecido viendo campañas contra el tabaquismo, el exceso de alcohol y el descontrol con sustancias, algo que podría estar dejando marcas culturales duraderas.
¿Cuál es el rol de las políticas públicas?
La encuesta "Monitoring the Future" es una herramienta financiada con fondos federales y gestionada por la Universidad de Michigan. Cada año, más de 24,000 estudiantes de grados 8, 10 y 12 participan en este extenso estudio, que se ha convertido en uno de los principales mecanismos para evaluar la efectividad de las políticas públicas en materia de drogas, salud adolescente y prevención.
Los gobiernos estatales y locales han desarrollado múltiples estrategias en los últimos 20 años, desde la prohibición de los cigarrillos flavorizados hasta la regulación estricta de vapeadores. Las campañas de concienciación dentro de los colegios, las restricciones legales a la venta de drogas y mediáticas como las series y películas que muestran las consecuencias del consumo, han creado un ecosistema menos atractivo para acercarse a las drogas.
Desigualdades que persisten
Pero no toda es celebración: el acceso a servicios preventivos, tratamiento de salud mental y acompañamiento todavía está marcado por profundas desigualdades sociales, raciales y económicas. En zonas marginales, rurales o de bajos recursos, los jóvenes siguen siendo más vulnerables al acercamiento temprano a sustancias como forma de escape ante la falta de oportunidades o apoyo.
La Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud (NSDUH), por ejemplo, ha mostrado históricamente que adolescentes afroamericanos e hispanos tienen menor acceso a atención especializada en adicciones respecto a los blancos. Este es otro tema urgente que las autoridades deben enfrentar si se quiere mantener esta curva descendente.
¿Qué sigue?
Los datos reflejan un cambio cultural más profundo de lo que parece. No se trata únicamente de consumo de sustancias, sino también del modelo de vida y formas de socialización que la juventud está adoptando. Para muchos, el celular es su “nueva plaza”, y TikTok, su manera de pertenecer, influenciar y ser influenciados. Mientras esta digitalización de la vida continúe sustituyendo interacciones físicas sin supervisión, es probable que las conductas de riesgo pierdan terreno.
Sin embargo, el aumento del estrés digital, la ansiedad y las depresiones silenciosas son otras caras de esta moneda moderna que también deben abordarse con seriedad. En ese sentido, si bien el cigarro o el porro desaparecen, la salud mental vuelve a colocarse como una prioridad.
¿Las generaciones actuales serán más saludables que sus predecesoras? Todo indica que sí. Pero las formas en que se construye el riesgo simplemente han evolucionado. Es hora de que las políticas no sólo aplaudan las caídas en las cifras, sino que entiendan cómo se relacionan entre ellas las adicciones, los afectos digitales y las realidades sociales detrás de cada adolescente.
