Cineastas árabes revolucionan la narrativa desde lo íntimo y lo político
De la Nakba palestina a los silencios familiares sauditas: directoras árabes rompen moldes en el Festival de Cine del Mar Rojo
El cine árabe está viviendo un renacer liderado por mujeres que desafían las estructuras patriarcales, cuestionan narrativas impuestas y escriben historias propias. Cuatro directoras destacaron en 2025 durante el Festival Internacional de Cine del Mar Rojo en Yeda, Arabia Saudita, donde sus obras no solo emocionaron al público, sino que marcaron un hito en la representación femenina y la descentralización cultural en la industria fílmica árabe.
Cherien Dabis: narrar la diáspora desde dentro
La directora Cherien Dabis, de origen palestino-estadounidense, presentó su largometraje All That’s Left of You, una dolorosa y poderosa exploración multigeneracional que inicia con la Nakba de 1948 y llega hasta 2022. Su filme aborda la expulsión de palestinos tras la creación del Estado de Israel y cómo ese trauma se hereda entre generaciones.
“La idea era ofrecer contexto histórico real a una tragedia colectiva que ha sido invisibilizada en el cine occidental”, expresó Dabis durante el festival. “Mi motivación para contar historias nació precisamente porque nunca veía la narrativa palestina contada con autenticidad”.
Su obra fue galardonada con el Premio Yusr de Plata al Mejor Largometraje, acompañado de un premio económico de $30,000 dólares. La calidad del filme no solo radica en su guion, sino también en la sensibilidad visual con que explora temas como el exilio, la pertenencia y la memoria.
Aunque criada en Ohio, EE. UU., Dabis sufrió discriminación racial —particularmente tras el 11S—, lo que reforzó su necesidad de redefinir las narrativas sobre los musulmanes y los árabes en la cultura anglosajona. También abordó los retos de ser una mujer directora: “A las mujeres se nos acusa de ser emocionales, de no saber liderar rodajes. Siento que necesito adoptar una actitud más masculina para que me escuchen”.
Shahad Ameen: la espiritualidad femenina en tránsito
Desde Arabia Saudita, Shahad Ameen se consolidó como una voz disruptiva gracias a su película Hijra, ganadora del Premio del Jurado Yusr. La cinta narra la travesía de una abuela y sus dos nietas desde Taif hasta La Meca para hacer el Hajj, pero el viaje espiritual se convierte en una búsqueda desesperada cuando una de las jóvenes desaparece en el desierto.
Ameen explicó que creció enamorada de las series históricas árabes, y que su obra se sostiene en una tradición: “Quería que nos contáramos a nosotras mismas. Por años, se nos representó a través de otra mirada”.
Arabia Saudita ha invertido fuertemente en su industria fílmica como parte de su programa de transformación Visión 2030. Lo que hace una década parecía imposible, hoy es realidad. Ameen lo observa como un terreno prometedor pero todavía lleno de incertidumbres: “Cada película es comenzar desde cero. Nada está asegurado”.
Amira Diab: de Wall Street al cine con corazón feminista
Amira Diab es un ejemplo de reinvención. Dejar la banca de inversión en Nueva York para dedicarse al cine parece una decisión radical, pero para Diab fue cuestión de descubrir una vocación. Su punto de inflexión fue ver Omar, el filme nominado al Óscar del director palestino Hany Abu-Assad, quien años más tarde se convertiría en su esposo y mentor.
Su carrera incluye dos cortos, el más notable As a Husband, parte de la antología Love, Life, and What’s Between de Netflix. En él explora las tensiones cotidianas y afectivas de una pareja en Cisjordania con una honestidad que resonó en miles de espectadores: “En Palestina, la vida es así: felicidad y tragedia se entrelazan constantemente”.
Pero su salto a la dirección de largometrajes llegó con Wedding Rehearsal, producción rodada en Egipto, país que según ella “ofrece un crisol de emociones, personajes e historia contemporánea únicos dentro del mundo árabe”.
Diab defiende una mirada femenina en la narración árabe: “Ver el mundo desde una mujer no excluye a los hombres; simplemente hay aspectos que solo nosotras percibimos con profundidad”.
Zain Duraie: psicodrama y salud mental en el cine árabe
La directora jordana Zain Duraie presentó su ópera prima, Sink, una película que aborda con sensibilidad el deterioro de una relación madre-hijo marcada por la enfermedad mental, un tema prácticamente inexplorado en el cine de Medio Oriente.
Duraie descubrió su pasión por el cine de niña en Amán, al ver Titanic. Curiosamente, a diferencia de muchas otras espectadoras, no fue el romance lo que la impresionó: “Me obsesioné con saber cómo habían filmado ese hundimiento”.
Estudió en Toronto y luego forjó su carrera "aprendiendo desde abajo", como ella misma dice: “Subí montañas cargando equipo porque me decían que dirigir no era trabajo para mujeres”. Su enfoque es introspectivo, y en Sink busca desentrañar los dilemas existenciales de una madre que no puede salvar a su hijo, ni emocional ni socialmente.
Duraie sostiene que los conflictos psicológicos son parte esencial de nuestra humanidad: “Exploro cómo las emociones se construyen y destruyen... pero siempre desde personajes femeninos que desbanquen estereotipos”.
Un nuevo despertar para el cine árabe
La presencia de estos filmes dirigidos por mujeres es signo de un cambio mayor. Durante décadas, el cine árabe sobrevivió en pequeñas islas de producción —Egipto, Líbano, Palestina— con historias dominadas por hombres y con fuertes limitaciones impuestas por censura, guerras o desinterés comercial.
Hoy, con festivales como el del Mar Rojo, se cristaliza un nuevo paradigma: grandes presupuestos, visibilidad internacional, y sobre todo, espacios para voces marginadas.
Sin embargo, no todo es celebración sin crítica. Grupos de derechos humanos han señalado que el impulso cultural de Arabia Saudita intenta lavar su imagen internacional de cara a las duras críticas sobre derechos humanos, incluida la alta tasa de ejecuciones y la represión contra la disidencia. El cine, en ese contexto, puede funcionar como una herramienta propagandística tanto como una manifestación colectiva de libertad.
Por eso la obra de estas directoras importa tanto: representan una disrupción real en múltiples niveles. No solo le hablan a la industria, también interpelan a la esfera social, familiar y espiritual del mundo árabe contemporáneo. Ellas están escribiendo la historia futura del cine árabe con una mirada auténtica, combativa, tierna y poderosa.
Como cerraba Shahad Ameen: “Sabíamos que no nos estaban escuchando. Así que decidimos ser tan fuertes que no pudieran ignorarnos más”.
