Desmantelar el Centro Nacional de Investigación Atmosférica: ¿Un ataque a la ciencia climática?

El cierre del NCAR por parte de la administración Trump pone en riesgo décadas de avances científicos en meteorología y cambio climático

Un golpe a la ciencia ambiental estadounidense

La administración Trump ha iniciado el proceso para desmantelar el Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR, por sus siglas en inglés), una entidad clave en la investigación climática y meteorológica a nivel mundial. Ubicado en Boulder, Colorado, el NCAR ha sido durante décadas un pilar de la comunidad científica, ofreciendo datos esenciales para la predicción de huracanes, incendios forestales y crisis meteorológicas extremas.

La decisión ha causado una conmoción profunda en la comunidad científica, siendo calificada por expertos como "una regresión peligrosa" en tiempos en los que el cambio climático y los fenómenos naturales extremos requieren cada vez más respuestas urgentes y basadas en datos.

¿Qué es el NCAR y por qué es crucial?

El NCAR fue fundado tras la Segunda Guerra Mundial en respuesta al creciente interés por la meteorología, la química atmosférica y las ciencias solares. Desde entonces, ha crecido hasta convertirse en una institución de referencia mundial, con un presupuesto que se duplicó entre los años 80 y 90 gracias a la inversión federal en investigación climática.

Gestionado por un consorcio sin fines de lucro compuesto por más de 130 universidades y financiado por la Fundación Nacional de Ciencias (NSF), el NCAR alberga el Community Earth System Model (CESM), el modelo climático comunitario más grande del mundo, utilizado para predecir cambios a largo plazo en el sistema terrestre.

La política por encima de la ciencia

Russ Vought, director de presupuesto de la Casa Blanca, justificó esta medida alegando que el NCAR representa "una de las mayores fuentes de alarmismo climático del país". También acusó al centro de financiar proyectos considerados "ideológicos" como la creación de un centro de Ciencias Indígenas y Tierra o el rastreo de la contaminación del aire asociada a los vehículos y fábricas.

Esta narrativa se enmarca en una serie de ataques por parte de la administración sobre programas relacionados con las energías limpias, la sostenibilidad y la protección del medio ambiente. La estrategia parece clara: redefinir la misión de instituciones científicas para alinearlas con políticas industriales y extractivistas.

Reacciones desde el mundo científico

La respuesta de la comunidad científica fue inmediata. La climatóloga Katharine Hayhoe, profesora distinguida en la Universidad Tecnológica de Texas y reconocida divulgadora del cambio climático, publicó:

“Desmantelar el NCAR es como romper la clave de bóveda que sostiene nuestra comprensión científica del planeta. NCAR respalda a científicos que vuelan dentro de huracanes, a meteorólogos que desarrollan nuevos radares, a físicos que modelan sistemas climáticos... y mucho más.”

El Gobernador de Colorado, Jared Polis, también expresó su rechazo tajante: "NCAR es líder global en investigación sobre sistemas terrestres. Sus datos han salvado incontables vidas y propiedades ante fenómenos extremos. Quitarle fondos pone en riesgo nuestra ventaja competitiva frente a potencias extranjeras".

Corte presupuestario y consecuencias laborales

Con más de 830 empleados y programas vinculados a universidades en todo el país, el desmantelamiento del NCAR implica un serio riesgo de pérdida de empleo para cientos de científicos y técnicos, así como la paralización de proyectos esenciales para la seguridad nacional y la planificación ambiental.

Antonio Busalacchi, presidente del consorcio académico que gestiona el centro, lo dejó claro: “Eliminar el NCAR atrasaría significativamente nuestra capacidad de predecir y responder a desastres naturales”.

No es un caso aislado

Esta acción se suma al cambio de nombre y propósito del Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL), que fue rebautizado como “National Laboratory of the Rockies” y perdió su enfoque en energía eólica y solar. En paralelo, el Departamento de Energía canceló 7,6 mil millones de dólares en subvenciones de energía limpia, muchas de las cuales fueron dirigidas a los 16 estados que apoyaron a la vicepresidenta Kamala Harris en las elecciones de 2024.

Senadores y legisladores demócratas, como Adam Schiff, Alex Padilla y Zoe Lofgren, expresaron que estas decisiones tienen un claro tinte político y podrían ser ilegales al contradecir la legislación bipartidista que financió dichos programas.

El impacto geopolítico y ambiental de perder al NCAR

En un momento en que eventos climáticos extremos se intensifican, el mundo depende más que nunca de instituciones como el NCAR. Este centro proporciona:

  • Modelos climáticos fundamentales usados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
  • Simulaciones meteorológicas que permiten a gobiernos anticipar inundaciones, olas de calor, tormentas o incendios forestales.
  • Educación superior en ciencias atmosféricas, entrenando a más de 500 estudiantes graduados y postdoctorales cada año.

Eliminarlo dejaría un vacío que otras potencias como China o Europa podrían capitalizar, adelantándose en la carrera científica por comprender y mitigar el cambio climático.

Una tendencia preocupante en política climática

El ataque al NCAR no es un hecho aislado; es parte de una campaña sistemática de desfinanciamiento y deslegitimación hacia agencias, programas e individuos que impulsan políticas climáticas basadas en ciencia.

El informe de 2023 de la Universidad de Columbia afirmó que durante el mandato de Trump se evidenciaron más de 125 acciones ejecutivas que socavan la ciencia climática, entre ellas:

  • Salida del Acuerdo de París.
  • Relajación de controles sobre emisiones industriales.
  • Impulso de perforaciones petroleras en zonas protegidas como el Ártico.

La ciencia necesita independencia, no silencios impuestos

Una nación no puede permitirse ignorar la evidencia científica en favor de discursos ideologizados. La desinformación climática tiene un profundo costo, tanto humano como económico. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), solo en 2023 Estados Unidos enfrentó 28 desastres climáticos que superaron los mil millones de dólares cada uno, el mayor número anual registrado.

El acceso a datos científicos rigurosos facilita no solo la prevención, sino también la adaptación. Cancelar iniciativas de avanzada como las del NCAR es, en palabras del climatólogo Michael Mann, "una forma de tirar por la borda nuestro salvavidas cuando el barco está en llamas".

¿Qué viene después?

El Congreso aún podría intervenir para preservar el NCAR y garantizar su financiación. Mientras tanto, universidades, sociedades científicas y organizaciones ambientales están subiendo el tono contra lo que consideran un "ataque deliberado al conocimiento".

La naturaleza del cambio climático no entiende de partidos políticos. Negarlo o ignorarlo no detendrá su avance, solo hará que sus consecuencias sean más devastadoras. Instituciones como el NCAR son parte de las soluciones. Desmantelarlas, es aceptar vivir en la oscuridad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press