El agotamiento festivo de EE. UU.: ¿se está perdiendo la magia de las fiestas?

En la era del estrés y la economía frágil, los estadounidenses optan por el efectivo en lugar de regalos personalizados, se acuestan antes del Año Nuevo y ven las fiestas con nuevos ojos

¿Dónde quedó el espíritu navideño?

Estados Unidos, diciembre de 2025: una nación cansada. Un país donde las fiestas ya no son lo que eran. Las tradiciones festivas están tomando caminos diferentes y, según una reciente encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos de NORC en asociación con AP, lo que antes se vivía con entusiasmo hoy se enfrenta con resignación, practicidad, e incluso cierto desinterés.

¿Qué está pasando con la Navidad y el Año Nuevo entre los adultos estadounidenses? La respuesta parece tener múltiples capas: agotamiento físico y mental, inflación, cambios generacionales y una redefinición constante de lo que significa celebrar.

Regalar dinero: la salida fácil o el reflejo de los tiempos

Según los datos, aproximadamente 6 de cada 10 estadounidenses consideran que el dinero en efectivo o las tarjetas de regalo son obsequios “muy” aceptables. Este nivel de aceptación varía con la edad: el 66% de los menores de 45 años está completamente de acuerdo, en comparación con el 55% de los mayores.

“Todo está demasiado caro hoy en día. No quiero comprar un regalo que quizás no le guste a la otra persona, así que doy dinero”, dice Gabriel Antonucci, un cocinero de 26 años en Alaska, reflejando una lógica que cobra fuerza entre los más jóvenes.

Pero no todos están de acuerdo. Teresa Pedroza, de 55 años y madre de dos hijos adultos, lamenta: “No me gusta cuando los jóvenes piden dinero o tarjetas de regalo. Le quita el encanto al intercambio de regalos”. Aun así, admite que, por comodidad, alguna vez recurrió a ese camino fácil.

¿Regalar objetos de segunda mano? Depende de la edad

La encuesta también revela una apertura moderada a los regalos de segunda mano. El 60% de los adultos considera “algo” aceptables los obsequios reutilizados o comprados en tiendas de segunda mano. Pero los más jóvenes se muestran aún más tolerantes: 3 de cada 4 adultos menores de 45 años aceptan sin problema un regalo ‘reciclado’.

Este cambio generacional ilustra un giro: menos apego material y más conciencia económica y ambiental entre los jóvenes, frente a la preferencia nostálgica de los adultos mayores por regalos físicos, nuevos y envueltos con moño.

Despedir el año desde la cama antes de medianoche

Otra señal inequívoca del agotamiento nacional es la forma en que los estadounidenses reciben el Año Nuevo. Según la encuesta, el 44% no piensa quedarse despierto hasta medianoche. Esta cifra crece a más de la mitad entre los mayores de 45 años. Incluso algunos jóvenes no compran la idea de contar los segundos con entusiasmo.

“Es una festividad que no me resulta especial”, reconoce Otis Phillips, estudiante de 23 años en Seattle, quien planea dormirse antes de la medianoche.

La idea de grandes fiestas, cenas interminables y uvas a medianoche choca con la nueva realidad: cenas cortas, sofá, películas e irse a la cama temprano. ¿Tradición o comodidad? ¿Desgaste o evolución cultural?

Decoración navideña: menos entusiasmo para preparar, más pereza para guardar

El cansancio también se cuela en la decoración navideña. Sólo el 20% de los estadounidenses coloca decoraciones antes del Día de Acción de Gracias. Pero un tercio las deja puestas más allá del 1 de enero. Quizás por melancolía, por falta de tiempo o simplemente por flojera.

Pedroza lo expresa claramente: “Si no esperara visitas, ni me molestaría en decorar. Estoy cansada de hacer eso cada año”. Su esposo bajó las cajas con adornos por compromiso, no por entusiasmo.

La pereza para decorar habla de un mayor reto emocional: las festividades, una carga en lugar de una ilusión, especialmente cuando se enfrentan con economías hogares tensas y rutinas abrumadoras.

Deporte navideño: una nueva tradición americana

En este nuevo espíritu festivo, el deporte se abre paso como protagonista del 25 de diciembre: 1 de cada 4 adultos planea ver deportes en Navidad. Comparado con solo un 5% que visitará cines, la televisión gana como centro de reunión moderna.

La brecha de género es notable: los hombres se inclinan más que las mujeres a disfrutar de partidos en familia durante el día navideño. Y los adultos mayores, especialmente los varones, lideran las estadísticas. El fútbol americano y la NBA marcan la jornada para miles.

Una forma distinta de compartir tiempo, quizás más cómoda y menos demandante logística y emocionalmente.

Accesorios navideños y la moda festiva: ¿solo para ellas?

Los suéteres navideños, bufandas con cascabeles y orejas de reno tampoco han desaparecido, pero las mujeres son mucho más propensas a usarlos que los hombres, según la encuesta. Aun así, hay excepciones entrañables.

El joven Phillips, antes mencionado, luce con orgullo un suéter rojo con un árbol de Navidad tejido por su abuela: “Ella tejió muchas cosas para mí cuando era niño. Este suéter es mi favorito”. Lo usa sin problemas en su trabajo como cajero en un supermercado.

Cuando la tradición se mezcla con recuerdos personales, el espíritu navideño todavía logra escapar del letargo.

Mascotas mimadas y Elfo en el Estante

Otra curiosidad navideña es el número de personas que regalan presentes a sus mascotas: aproximadamente 30%. Nancy Wyant, una mujer de Iowa, confiesa que su perra de raza boxer con gran danés, Indy, recibirá golosinas este año: “Está muy mimada. Ya tiene demasiados juguetes”.

El popular fenómeno de Elf on the Shelf, ese duendecillo que vigila el comportamiento de los niños, parece no haber calado hondo: sólo 1 de cada 10 adultos estadounidenses participa en la tradición.

Pedroza resume con humor: “Mi hijo menor se portaba muy bien, no necesitaba tácticas como esa”.

¿Estamos redefiniendo las fiestas?

Más allá de la estadística está el hecho sociológico. Las fiestas en EE. UU. reflejan un profundo cambio generacional, económico y cultural. Desde la idea del regalo hasta las celebraciones colectivas, las prioridades y energías han cambiado.

El país está cansado. Agotado emocionalmente. Pero no por ello sin esperanza. Quizá, en estos cambios podamos encontrar nuevas tradiciones: más saludables, menos consumistas, adaptadas al siglo XXI.

Porque si algo es seguro es que la Navidad no desaparece. Solo se transforma.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press