Rebeldes, refugiados y rivalidades: el rompecabezas bélico del este de RD Congo

Cómo la retirada del M23 en Uvira es solo una pieza más en una guerra regional que arrastra a países vecinos, proyectos de paz incumplidos y una catástrofe humanitaria persistente

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El eterno campo de batalla del este congoleño

La región este de la República Democrática del Congo (RDC) ha sido, durante décadas, uno de los principales focos de conflicto armado en África. Esta zona, rica en minerales como coltán, oro y diamantes, se ha convertido en un botín codiciado por más de 100 grupos armados, según estimaciones de ACNUR y Naciones Unidas. Entre ellos, resalta el grupo rebelde M23, resucitado con fuerza en los últimos años.

El reciente anuncio del grupo M23 sobre su retirada estratégica de Uvira, una ciudad clave al sur del lago Kivu, ha generado tanto esperanzas como sospechas. Bertrand Bisimwa, líder del movimiento, declaró que la retirada culminaría al amanecer del jueves, cumpliendo con compromisos expresados ante actores internacionales.

De ofensiva relámpago a retirada pactada

La ofensiva que permitió al M23 controlar Uvira se desarrolló en cuestión de días a inicios del mes. La avanzada dejó un rastro trágico: más de 400 fallecidos y cerca de 200.000 desplazados, indican autoridades regionales. La rapidez con la que el grupo avanzó puso en evidencia la debilidad de las fuerzas del gobierno en la región y la continua injerencia de actores externos.

“Hemos declarado que nos retiraríamos, y así lo estamos haciendo”, dijo Bisimwa en una conversación telefónica, reiterando que la decisión busca facilitar la llegada de una fuerza neutral que administre temporalmente la ciudad. Sin embargo, desde el gobierno provincial no se ha confirmado oficialmente dicha retirada.

Kelvin Bwija, coordinador de la sociedad civil en Uvira, aseguró que tropas del M23 se dirigían hacia Kamanyola, al norte, lo cual plantea dudas sobre la naturaleza y destino de esta maniobra táctica.

La sombra de Ruanda y el ¿fracaso? de un acuerdo de paz

La retirada se produce en medio de tensas controversias diplomáticas. A inicios de mes, Estados Unidos actuó como mediador en la firma de un acuerdo de paz entre los presidentes de RD Congo y Ruanda en Washington. No obstante, el M23 no fue incluido en el acuerdo, lo que según analistas socava su validez desde el inicio.

El acuerdo instaba a Ruanda a cesar todo apoyo a grupos armados como el M23. Sin embargo, informes de la ONU y declaraciones del propio gobierno congoleño acusan a Ruanda de seguir respaldando al grupo. De hecho, Washington ha lanzado advertencias hacia los "saboteadores" del pacto, insinuando sanciones potenciales contra los responsables.

“El apoyo de Ruanda al M23 representa una grave amenaza a la estabilidad regional”, denunció el Departamento de Estado en un comunicado luego del acuerdo bilateral.

Ruanda, por su parte, niega las acusaciones aunque ha mantenido una presencia militar activa en la frontera. La situación ha elevado las tensiones al punto de generar temores de un conflicto regional más amplio, especialmente por la cercanía de Uvira a Burundi.

Refugiados y una crisis humanitaria largamente ignorada

Desde el inicio de la ofensiva a principios de mes, 64,000 refugiados congoleños han cruzado hacia Burundi, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Además, se han reportado impactos de obuses en la localidad burundesa de Rugombo. Uno de los peores temores de los organismos internacionales es una escalada que termine por arrastrar a múltiples países de la región.

La situación humanitaria en el este de la RDC es una de las más complejas del mundo. Más de 7 millones de personas están actualmente desplazadas por la violencia armada. El acceso a recursos básicos como agua potable, atención médica y alimentación es escaso o inexistente.

“El mundo ha naturalizado que millones de congoleños vivan en desplazamiento forzado, atrapados entre milicias, grupos armados, gobiernos débiles y ambiciones regionales”, señala Jean-Bosco Luhanga, analista y activista humanitario desde Bukavu.

M23: de grupo disidente a protagonista regional

El M23 (Movimiento 23 de Marzo) emergió originalmente en 2012, formado por soldados congoleños de etnia tutsi que desertaron del ejército alegando incumplimientos de acuerdos. Tras una derrota militar y su dispersión en 2013, el grupo ha retomado fuerza desde 2021. Según un informe reciente del Consejo de Seguridad de la ONU, su número de combatientes ha alcanzado los 6,500 efectivos, muy por encima de los cientos que conformaban el núcleo original.

Las acusaciones sobre su actual financiación y equipamiento recaen principalmente sobre Ruanda. Estos vínculos han generado enorme tensión diplomática entre Kigali y Kinshasa, estimulando una nueva carrera armamentista y alianzas militares precarias.

¿Una retirada hacia un nuevo frente?

Más allá del simbolismo de la retirada de Uvira, varias incógnitas subsisten. Entre ellas, cuál es el verdadero plan del M23. Lo que hoy se presenta como un gesto de buena voluntad podría ser, en realidad, una reconfiguración estratégica. La ruta hacia Kamanyola tiene un valor militar importante y podría servir de base para futuras operaciones.

Asimismo, en el vacío de poder que deja la salida de M23, no parece haber una estructura gubernamental robusta lista para asumir el control. Las milicias progubernamentales conocidas como "Wazelendo" han comenzado a acercarse a la ciudad, pero no está claro si su presencia evitará nuevos conflictos o desatará una nueva lucha por el control territorial.

Una paz que nadie quiere implementar

Expertos coinciden en que los sucesivos acuerdos de paz en el este de la RDC han fracasado no por falta de firmas, sino por falta de acciones. La constante exclusión de los actores clave (como el propio M23) y el nulo seguimiento en el terreno han hecho que el ciclo violencia-negociación-retorno a la violencia se perpetúe.

Además, el conflicto congoleño ha sido durante mucho tiempo uno de los más ignorados por los medios y la diplomacia internacional. A pesar de la catástrofe humanitaria, los intereses geopolíticos dominan las intervenciones externas, priorizando la estabilidad regional sobre el bienestar directo de la población civil.

“No hay paz duradera sin justicia ni inclusión. El M23, como otros grupos, es tanto una causa como un síntoma de los problemas estructurales del Estado congoleño”, opina el politólogo Michel Malu, profesor en la Universidad de Kinshasa.

¿Qué sigue para el este de Congo?

En el escenario más optimista, la retirada de M23 puede ser utilizada como una ventana de oportunidad para desplegar fuerzas neutrales y reconstruir estructuras de gobierno en Uvira. No obstante, el escepticismo reina entre pobladores y observadores, quienes han visto demasiadas promesas incumplidas.

En el peor de los casos, una nueva oleada de violencia podría estar gestándose mientras los ojos del mundo miran hacia otra parte. Las condiciones están dadas para que el conflicto se expanda y se convierta en otra guerra olvidada más, pese a su enorme costo humano, ambiental y político.

Mientras tanto, los habitantes de Uvira, Kamanyola y otros pueblos del este congoleño siguen viviendo entre la incertidumbre y el miedo, esperando una paz que parece no llegar nunca.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press