Sudán bajo fuego: hospitales en la mira y un sistema de salud colapsado

Más de 1,600 personas han muerto en ataques a centros de salud en 2024 mientras la guerra civil en Sudán alcanza niveles chocantes

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Sudán vive una de las crisis humanitarias más silenciadas y crueles del mundo contemporáneo. Mientras el conflicto armado entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) continúa sin tregua, los hospitales y centros médicos se han convertido en objetivos bélicos, acentuando el colapso de un sistema de salud que ya estaba al borde del abismo.

Las cifras de una tragedia evitable

Según Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde enero de 2024 se han registrado 65 ataques a infraestructuras médicas en Sudán. El resultado es devastador: más de 1,600 personas fallecidas y al menos 276 heridas, víctimas no solo del conflicto armado sino también de la incapacidad estructural para brindar atención sanitaria adecuada.

El caso más reciente fue el ataque con drones a un hospital militar en la ciudad de Diling, en la provincia de Kordofán del Sur, que dejó nueve personas fallecidas y 17 heridas. Estas cifras son apenas la punta del iceberg en un país que, tras más de un año de guerra civil, ha perdido gran parte de su infraestructura funcional.

De hospitales a campos de batalla

Desde el inicio del conflicto en abril de 2023, los hospitales han dejado de ser zonas protegidas para convertirse en blancos estratégicos. El caso del Hospital Saudita en El-Fasher, Darfur, es paradigmático: en octubre de 2023, un asalto por parte de las RSF provocó la muerte de al menos 460 personas. Médicos y enfermeros fueron secuestrados, y el centro fue saqueado. La OMS lo calificó como uno de los peores ataques documentados contra instalaciones sanitarias en un conflicto reciente.

“Cada ataque priva a más personas de servicios de salud y medicamentos, necesidades que no pueden esperar mientras se reconstruyen las instalaciones o se reestablecen los servicios”, escribió Ghebreyesus en un llamado desesperado desde su cuenta en X (antes Twitter).

El conflicto en contexto: una lucha por el poder con consecuencias masivas

El conflicto estalló a gran escala en abril de 2023 como resultado de una tensa lucha de poder entre el ejército sudanés, liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), encabezadas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como “Hemedti”. Ambas facciones luchaban por el control de Sudán tras la salida del dictador Omar al-Bashir en 2019.

Desde entonces, más de 40,000 personas han sido asesinadas y al menos 14 millones han tenido que abandonar sus hogares, según cifras de la ONU. Sin embargo, organizaciones humanitarias como Médicos Sin Fronteras y el Comité Internacional de la Cruz Roja sospechan que el número real de víctimas mortales podría ser varias veces mayor, dada la falta de acceso a muchas regiones del país.

Un sistema de salud colapsado

La infraestructura de salud de Sudán ya era frágil antes del conflicto. En 2022, el país contaba con apenas 0.3 médicos por cada 1,000 habitantes, y la distribución era profundamente desigual, con áreas rurales completamente desprovistas de servicios básicos.

Hoy, la situación es directamente catastrófica: expertos estiman que más del 70% de los hospitales en zonas de combate están fuera de servicio, debido a bombardeos directos, saqueos o simplemente porque el personal médico ha huido por seguridad.

  • El precio de los medicamentos se ha disparado en más del 500%.
  • El acceso a servicios de atención primaria es prácticamente inexistente para más del 80% de la población en áreas afectadas.
  • Se han documentado en curso al menos cuatro brotes de enfermedades: cólera, sarampión, malaria y fiebre del dengue.

¿Por qué los hospitales se han vuelto objetivos militares?

De acuerdo con expertos en derecho internacional humanitario, como el profesor Mark Kersten de la Universidad de Toronto, atacar infraestructuras médicas es una táctica deliberada en guerras de desgaste. No se trata solo de eliminar a los combatientes enemigos, sino de quebrar la moral de la población y colapsar las redes logísticas del adversario.

“Cuando destruyes un hospital, no solo matas a los enfermos; matas también la esperanza y el tejido social que mantiene viva a una comunidad en guerra”, explica Kersten en una entrevista para Al Jazeera.

En el caso específico de Sudán, también hay quien apunta al hecho de que muchos hospitales están ubicados en puntos estratégicos dentro de las ciudades, como las entradas o los centros urbanos, lo que los convierte en objetivos atractivos desde el punto de vista militar.

La respuesta internacional: escasa y tardía

A pesar de la magnitud de la crisis, la respuesta internacional ha sido lenta e insuficiente. Mientras la comunidad global se concentra en conflictos más mediáticos como Ucrania o Gaza, Sudán ha sido relegado a segundo plano, incluso en las agendas de grandes organizaciones humanitarias.

Solo el 11% de los fondos solicitados por Naciones Unidas para asistencia humanitaria en Sudán en 2024 han sido recabados hasta junio, según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Esto ha llevado al cierre de varios programas críticos de distribución de alimentos, agua potable y medicinas.

El drama humano detrás de las estadísticas

Rescatemos una historia entre miles: la de Amal Omer, enfermera en El Geneina, Darfur Occidental, quien fue secuestrada junto a otros colegas durante el ataque al hospital local. Tras varios días de cautiverio, fue liberada con la condición de no volver a ejercer su profesión. Hoy vive en un campo de refugiados en Chad, donde trata de mantener con vida a sus propios hijos. “Nos quitaron todo. Incluso la posibilidad de ayudar”, afirma con los ojos inundados de lágrimas.

Amal es solo uno de los casi 100,000 profesionales de la salud que han abandonado Sudán desde 2023, según la Asociación Médica Sudanesa en el Exilio. Algunos han emigrado a Egipto o los Emiratos Árabes Unidos; otros han muerto en el cumplimiento de su deber.

¿Qué se puede hacer ahora?

La situación en Sudán no tiene una solución sencilla, pero sí puede mitigarse.

  • La comunidad internacional debe presionar con más firmeza por una tregua humanitaria inmediata que permita al menos estabilizar zonas clave para establecer corredores sanitarios.
  • Naciones como Arabia Saudita y Egipto, que tienen influencia histórica en Sudán, pueden jugar un rol más activo en las negociaciones de paz.
  • Y sobre todo: se necesita una campaña de financiamiento de emergencia que asegure el funcionamiento mínimo de clínicas improvisadas, distribución de medicamentos y programas de vacunación.

El tiempo corre. Cada día que pasa sin atención médica organizada es un día en que decenas, quizá cientos de personas, más mueren. Sudán está al borde del colapso total, y el mundo no puede seguir mirando hacia otro lado.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press