Tesla bajo fuego: ¿Hasta dónde puede llegar la promesa de la conducción autónoma?

La compañía de Elon Musk enfrenta una posible suspensión en California por prácticas engañosas en la promoción de su tecnología de 'Autopilot' y 'Full Self-Driving'

Una industria en piloto automático… ¿o en piloto engañoso?

La industria automotriz ha sido escenario de avances tecnológicos deslumbrantes durante la última década. Entre ellos, la conducción autónoma se presenta como una de las revoluciones más prometedoras: menor riesgo de accidentes, mayor eficiencia en el tráfico, accesibilidad para personas con movilidad reducida y una transformación completa de la manera en que nos desplazamos. Sin embargo, cuando se trata de hacerle marketing a esta innovación, ¿dónde está el límite entre la promesa y el engaño?

En el centro de esta controversia se encuentra Tesla, encabezada por Elon Musk, una empresa que ha empujado los límites tanto de la tecnología como de la narrativa en torno a la movilidad autónoma. Pero ahora, las autoridades californianas han dado un paso decisivo: amenazan con suspender durante 30 días la licencia de venta de Tesla en el estado si la empresa no modifica la forma en que promociona sus sistemas “Autopilot” y “Full Self-Driving” (FSD).

¿Marketing agresivo o publicidad engañosa?

Esta amenaza por parte del Departamento de Vehículos Motorizados de California (DMV) se basa en el fallo de la jueza administrativa Juliet Cox, quien concluyó que Tesla ha incurrido durante años en prácticas publicitarias engañosas. En particular, se critica a la empresa por utilizar los términos mencionados —que evocan completa autonomía— cuando en la práctica estos sistemas aún exigen vigilancia activa del conductor humano.

Este fallo pone de relieve la ancestral pregunta de la ética empresarial: ¿Está permitido generar expectativas elevadas si en alguna parte del manual del vehículo se aclara que hay límites? Según el DMV, no, y por eso Tesla ha recibido la advertencia más fuerte hasta la fecha en su estado con mayores ventas.

California representa un mercado clave para Tesla. Según datos de Experian, un tercio de todos los vehículos eléctricos vendidos en EE.UU. en 2023 se comercializaron en ese estado. Suspender las ventas allí durante siquiera un mes podría impactar de manera significativa en los ingresos de la compañía.

La insistencia de Tesla en la narrativa del futuro

Desde sus inicios, Elon Musk ha vendido a Tesla como mucho más que un fabricante tradicional de autos. Ha posicionado a la empresa como una compañía de tecnología, de inteligencia artificial, de transporte del futuro… y ahora también, de robotaxis. Musk ha prometido —desde 2019— que Tesla lanzaría una flota de taxis autónomos, sin conductor humano, que revolucionaría la movilidad urbana.

¿Cuál es el problema? Hasta la fecha, esa promesa no se ha materializado completamente. Aunque en Austin, Texas, han iniciado pruebas piloto con robotaxis supervisados, y recientemente comenzaron experimentos sin supervisor humano a bordo, los sistemas aún están lejos de un despliegue masivo.

Mientras tanto, los propietarios de vehículos con el paquete Full Self-Driving pagan hasta $15,000 dólares por una opción que, en muchos casos, no cumple con las expectativas generadas por los videos promocionales ni con la interpretación común del término “conducción autónoma”.

El video de 2020, un punto clave en la acusación

Uno de los elementos más controvertidos en el fallo judicial fue el uso persistente, por parte de Tesla, de un video publicado en 2020. En él, se muestra un Model X conduciendo de forma aparentemente autónoma por ciudades y autopistas de California. Sin embargo, más tarde se reveló que el recorrido fue prediseñado y que los conductores habían intervenido durante la grabación. Según el tribunal, este video creó una falsa imagen de la realidad del sistema.

Aunque Tesla argumenta que aclara en sus manuales que el FSD requiere supervisión humana, la jueza Cox dictaminó que “la prevalencia de ese material publicitario y su permanencia durante años en la web de Tesla contribuyeron a una percepción inexacta de lo que el sistema realmente puede hacer”.

El contexto: caída en ventas y competencia feroz

Esta pesquisa regulatoria llega en un contexto poco favorable para Tesla. Las ventas globales han mostrado señales de desaceleración: se reportó una caída del 9% durante los primeros nueve meses de 2024. El entusiasmo inicial en torno a los vehículos eléctricos ha dado paso a un mercado más cauto, con consumidores esperando mejores precios y mayor estandarización tecnológica.

Además, competidores como BYD en China, Ford con su línea Mustang Mach-E y Volkswagen con su serie ID están ofreciendo productos competitivos, muchas veces a precios más accesibles y con un enfoque más honesto sobre las capacidades de asistencia al conductor.

La gama de productos de Tesla, en especial el Model S y Model X, ha envejecido mal en términos de diseño y actualización tecnológica. Apenas este año se lanzó la versión revisada del Model Y, aunque muchos analistas lo consideraron insuficiente frente a la competencia asiática.

Los inversores apuestan por otra cosa

Curiosamente, pese a la amenaza de suspensión y las dudas sobre su línea de productos, las acciones de Tesla han mostrado fortaleza, alcanzando en junio precios récord de $495.28 por acción. Esto podría deberse al entusiasmo de los inversores por el componente de inteligencia artificial y la apuesta robótica de la compañía.

Musk ha resaltado repetidamente que el verdadero valor a largo plazo de Tesla no está en los coches, sino en la plataforma de software y en la futura flota autónoma que transformará tanto la movilidad como la logística.

No obstante, la confianza del mercado contrasta con la precaución de los reguladores. Ya en 2023, la Agencia Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) había comenzado una investigación formal sobre los accidentes en los que los sistemas Autopilot estaban activados. Hasta la fecha, han registrado más de 800 incidentes relacionados con estos sistemas, incluyendo colisiones fatales.

Conclusión regulatoria: transparencia o sanción

La medida propuesta por el DMV le da a Tesla un plazo de 90 días para ajustar sus materiales de marketing y aclarar explícitamente las limitaciones de sus sistemas semiautónomos. De hacerlo, evitarán la suspensión. De no hacerlo, la empresa podría ver comprometida su principal base de clientes en EE.UU.

En palabras de Steve Gordon, director del DMV: “Tesla puede tomar medidas simples para pausar esta decisión y resolver el problema de forma permanente. Otras empresas de vehículos autónomos ya lo han logrado”.

Evidentemente, no se trata solamente de semántica, sino de seguridad, confianza del consumidor y ética empresarial. ¿Qué significa realmente ‘conducción autónoma’? ¿Y qué responsabilidades tiene una empresa al dar ese nombre a su producto?

Mientras Tesla decide si cambiar su narrativa frente al público general o mantener una campaña ambigua con aires futuristas, el mundo observa. El futuro de la tecnología automotriz, y de su regulación, se está escribiendo en tiempo real.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press