Una decisión sin precedentes: ¿Debe Europa financiar la defensa de Ucrania con activos rusos congelados?

La UE enfrenta un dilema histórico y complejo para apoyar a Ucrania mientras sopesa el uso de activos rusos, inquietudes legales y geopolíticas, y una profunda división interna en el bloque

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Una cumbre que marcará época

Esta semana, los líderes de la Unión Europea se reunieron en Bruselas para una de las cumbres más significativas en décadas, encaminada a decidir el financiamiento a gran escala del esfuerzo militar y económico de Ucrania por los próximos dos años. La cifra estimada por el Fondo Monetario Internacional asciende a 137 mil millones de euros (unos 160 mil millones de dólares). La necesidad es crítica y el tiempo apremia. Pero la forma de reunir los fondos ha desatado un debate de proporciones históricas.

El plan de Von der Leyen: préstamo de reparaciones financiado con activos rusos

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha propuesto un plan polémico: otorgar a Ucrania alrededor de 90 mil millones de euros en concepto de préstamos hasta que Rusia finalice la guerra y pague por los daños provocados. Para financiarlo, muchos líderes del bloque quieren utilizar decenas de miles de millones de euros en activos rusos congelados actualmente en territorio europeo.

Nos corresponde a nosotros elegir cómo financiamos la lucha de Ucrania. La urgencia es aguda. Todos la sentimos. Todos la vemos”, declaró Von der Leyen frente al Parlamento Europeo, en vísperas del encuentro.

La propuesta, sin precedentes, ha despertado tanto esperanzas como serias advertencias. Existen bloques dentro de la UE que la promueven fervientemente, mientras otros se oponen frontalmente por temor a las consecuencias legales y políticas.

¿Qué activos quiere la UE utilizar?

Actualmente, cerca de 200 mil millones de euros en activos del banco central ruso se encuentran congelados dentro de la UE, siendo Bélgica el país con la mayor concentración de estos fondos a través de la entidad financiera Euroclear. La idea de utilizar estos activos para financiar la defensa y reconstrucción de Ucrania no es nueva, pero hasta ahora había sido evitada por temor a represalias y conflictos legales.

Bélgica y el miedo a la represalia

Bélgica es el mayor opositor a esta propuesta. Euroclear ya fue demandada por el Banco Central de Rusia en un tribunal de Moscú la semana pasada, y el gobierno belga teme que una acción oficial de la UE utilizando estos fondos provoque una fuerte reacción por parte de Moscú.

Las autoridades belgas proponen una alternativa: que el bloque obtenga los fondos a través de préstamos en los mercados internacionales. Sin embargo, esta opción no tiene un respaldo mayoritario.

Un bloque dividido

La idea de Von der Leyen, aunque respaldada por países como Polonia, los Estados Bálticos, y algunos del norte de Europa, ha encontrado fuerte resistencia desde Hungría, Eslovaquia, Italia y Malta. Estos países o bien se oponen a usar fondos rusos, o temen que el préstamo propuesto termine generando deudas que serán difíciles de gestionar en el futuro.

En palabras de António Costa, presidente del Consejo Europeo: “Vamos a negociar hasta lograr un acuerdo… incluso si esto toma días”.

Para complicar aún más el escenario, si algunos países mantienen su objeción, la propuesta podría quedar bloqueada, pues se necesita unanimidad para decisiones de este calibre.

Estabilidad del euro en juego

El Banco Central Europeo (BCE) ha advertido que confiscar fondos soberanos podría sentar un precedente riesgoso que debilite la confianza mundial en el euro como moneda de reserva. “Si Europa puede confiscar los activos de Rusia hoy, ¿por qué no los de otro país mañana?”, señalan economistas preocupados.

La estabilidad financiera del euro depende en gran medida de la credibilidad jurídica de las instituciones de la UE. “Una brecha política que erosione esa confianza puede provocar una fuga de capitales y la pérdida de inversores estatales”, advierte un informe del BCE.

Una cuestión de justicia y responsabilidad

Del otro lado del debate, muchos eurodiputados e incluso países como Polonia sostienen que dejar los activos rusos congelados “durmiendo en cuentas financieras”, mientras Ucrania se desangra, es una ofensa moral. El presidente Volodymyr Zelenskyy ha insistido en que Rusia debe pagar por los más de 600 mil millones de euros en daños causados desde el inicio de la guerra en 2022. Y el bloque occidental tiene, según él, no solo la oportunidad, sino la responsabilidad de hacer justicia.

Entre el coste económico y el coste moral

Más allá del aspecto legal y financiero, el dilema europeo es de carácter ético. Permitir que Ucrania colapse económicamente o militarmente por falta de apoyo financiero podría ser interpretado por Moscú como una señal de debilidad del bloque occidental, y al mismo tiempo, una traición para los ucranianos que han depositado su esperanza en Europa y la OTAN como aliados.

Algunos analistas ya advierten que si no se logra un acuerdo en esta cumbre, la credibilidad geopolítica de la UE sufrirá un golpe devastador. Ucrania, después de todo, está luchando una guerra que muchos consideran es también por el futuro de Europa.

¿Y si Rusia se venga?

La pregunta del millón es qué hará Rusia si Bruselas toca sus activos. Ya ha dado muestras de su capacidad de represalia con demandas contra Euroclear, y podría intensificar sus ciberataques, presión energética o retaliaciones económicas contra países que impulse el plan.

No obstante, otros analistas argumentan que el daño reputacional de Rusia ya es tan alto tras la invasión de Ucrania, que sus herramientas de presión han quedado menguadas. En palabras de un diplomático europeo anónimo: “Si tememos una represalia por cada paso que damos, entonces ya hemos perdido”.

Una solución intercontinental

Para aliviar las diferencias internas, algunos proponen que países aliados, como el Reino Unido, Canadá y Noruega, ayuden a cubrir la diferencia más allá de los 90 mil millones propuestos por la UE, integrando así a un frente más amplio que defienda la reconstrucción y defensa ucraniana.

Esta nueva fórmula podría no solo resolver el escenario actual, sino también fortalecer los lazos entre Europa y aliados occidentales que se ven igualmente amenazados por el crecimiento del autoritarismo global.

Presión creciente

Mientras los diplomáticos negocian y afinan detalles, en el terreno las necesidades de Ucrania aumentan cada día. Las ofensivas rusas continúan, e infraestructuras clave han sido devastadas. El costo humano y económico de la guerra es abrumador. Y mientras tanto, la UE corre el riesgo de parecer paralizada frente a una tragedia histórica.

El resultado de esta cumbre no solo determinará el destino de Ucrania, sino también el papel que Europa aspira a jugar en el siglo XXI: un actor coherente que defiende sus valores o un bloque cautivo de sus propias dudas.

¿Hemos cruzado el Rubicón?

La frase del historiador romano Suetonio vuelve a resonar: “Alea iacta est” – la suerte está echada. Esta semana podría marcar el punto de no retorno, donde Europa redefine su política exterior, su estructura económica y su identidad.

¿Debemos financiar la defensa de Ucrania con los activos rusos congelados? ¿O sentaremos un precedente peligroso? La respuesta, sea cual sea, marcará una época.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press