¿Debe Europa pagar la guerra?: El dilema belga y la amenaza de Rusia por los activos congelados

El plan de utilizar fondos rusos congelados para financiar a Ucrania divide a la Unión Europea y coloca a Bélgica en el centro de un riesgo geopolítico sin precedentes

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Un dilema en el corazón de Europa

Bruselas, sede no solo de la Unión Europea sino también de la OTAN, se ha convertido nuevamente en el epicentro de un conflicto político que pone a prueba la unidad del bloque más importante del mundo occidental. Esta vez, no es una cuestión de inmigración, comercio o expansión. Es una decisión que podría hacer historia: ¿Debe la UE utilizar los activos rusos congelados para financiar a Ucrania?

193.000 millones de euros atrapados en Bélgica

El fondo de la disputa gira en torno a una cifra colosal: 193 mil millones de euros pertenecientes al Banco Central de Rusia, retenidos en la cámara de compensación financiera Euroclear, con sede en Bruselas. Esta cantidad representa casi un tercio del PIB de Bélgica, lo que genera una alarma particular en un país que ya arrastra una deuda pública considerable y que, recientemente, ha salido de arduas negociaciones presupuestarias internas.

"Esto incrementa drásticamente el riesgo de represalias rusas. No es aceptable que Bélgica afronte esto sola. Si saltamos, tenemos que saltar todos", advirtió el primer ministro belga Bart De Wever en una intervención ante el Parlamento.

Una figura controversial al frente

De Wever, líder del partido nacionalista flamenco N-VA, llegó al poder en febrero de 2025 tras una carrera centrada en la descentralización del Estado belga. Su visión separatista y su trayectoria alejadas del consenso europeo típico colocan al actual jefe de gobierno en una posición peculiar dentro del Consejo Europeo.

Desde su llegada, ha intentado proyectar una imagen de protector financiero frente a lo que considera un peligro inminente: represalias rusas, ya sea por la vía judicial o cibernética. De hecho, su ministro de Defensa, Theo Francken, ha sugerido que una reciente serie de incidentes con drones en aeropuertos y bases militares belgas podría haber sido parte de una operación de espionaje o sabotaje ruso no identificada.

¿Justicia para Ucrania o riesgo compartido?

El plan, promovido por la Comisión Europea y apoyado por economías clave como Alemania y Francia, propone usar los intereses generados por esas reservas rusas congeladas —cerca de tres mil millones de euros anuales— para sufragar las necesidades militares y económicas de Ucrania durante los próximos dos años.

Desde Kiev, el presidente Volodímir Zelenski habló con claridad: “Entendemos los riesgos que menciona, pero los nuestros son aún mayores. Rusia nos está destruyendo, y Ucrania tiene derecho a ese dinero.”

La legalidad del uso y la respuesta rusa

Desde el punto de vista legal, las restricciones impuestas tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 no permiten confiscar directamente los activos, pero sí abren la puerta al uso de los rendimientos generados por ellos. Sin embargo, ya el Banco Central de Rusia ha demandado a Euroclear solicitando más dinero del que realmente está inmovilizado —una táctica que algunos expertos ven como el inicio de una ofensiva legal apoyada por influencia propagandística.

El riesgo sistémico aquí es doble: por un lado, una posible escalada económica con Moscú; por otro, erosionar el principio de inmunidad soberana que sostiene buena parte del sistema financiero internacional.

Un precedente peligroso

Ceder al uso de activos extranjeros podría sentar un precedente que otros países podrían temer, dificultando futuras inversiones en suelo europeo si gobiernos consideran que podrían ser embargadas por motivos políticos. Este argumento ha sido utilizado por Hungría y Eslovaquia, países que también muestran suspicacia ante la confiscación de bienes soberanos.

“Si no logramos esto, la capacidad de acción de la UE se verá gravemente dañada durante años”, declaró el canciller alemán Friedrich Merz. Este tipo de declaraciones subraya la urgencia estratégica, pero también el costo emocional y político que podría representar dejar atrás a uno de los miembros fundadores del proyecto europeo.

¿Qué pasa si Bélgica se queda fuera?

De momento, no hay una minoría de bloqueo formada: al menos nueve Estados miembros serían necesarios para frenar el plan, y la mayoría parece dispuesta a avanzar con o sin el apoyo de De Wever. Sin embargo, la cuestión moral y simbólica es clave: pasar por encima de Bélgica podría debilitar la confianza en el consenso europeo a largo plazo.

Además, congelar estos fondos requiere infraestructura legal, técnica y financiera que Bruselas alberga. Un conflicto abierto con Bélgica podría ralentizar o incluso comprometer el proceso mismo de transferencia de fondos hacia Ucrania.

¿Y si De Wever cede?

El coste político de retroceder puede ser alto para De Wever. Su promesa como líder ha sido proteger los intereses nacionales y limitar los compromisos europeos que conlleven riesgos financieros. Sin embargo, aislarse del resto del bloque en un momento crucial puede traducirse también en pérdida de capital político con sus socios europeos y electores pro-UE.

Como si el calendario tuviera un guion irónico, el propio De Wever cumple 55 años este domingo. Muchos en Bruselas apuestan a que en estos días de cónclave, cederá lo suficiente como para salvar la cara política en casa y permitir que el plan siga adelante.

Europa ante su identidad

Al fondo de este debate se encuentra, una vez más, la pregunta sobre la identidad de Europa: ¿es una unión económica o una comunidad de valores? Si se opta por sacrificar a Ucrania en el altar del legalismo financiero, el mensaje enviado podría ser devastador para la causa democrática en los márgenes orientales del continente.

Por el contrario, si se avanza sin considerar las preocupaciones legítimas de Bélgica, se puede abrir una grieta muy peligrosa en el proceso de toma de decisiones consensuadas que ha caracterizado el éxito de la UE durante medio siglo.

Un giro histórico posible

Este dilema podría ser el Waterloo político o la audacia de un nuevo orden en la UE. Si Europa logra unir fuerzas para dar una señal fuerte hacia Moscú y al mismo tiempo proteger a sus propios miembros más vulnerables, estaría reafirmando no solamente su poder económico, sino su madurez geopolítica.

La historia está en juego, y como dijera el propio Zelenski: “No solo se trata de dinero. Se trata de justicia.”

Por ahora, todas las miradas están puestas en Bruselas. Y sobre todo en Bart De Wever.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press