Israel y los ultraortodoxos: El choque interno que amenaza con consumir al Estado

Una multa de tránsito encendió el polvorín: creciente tensión entre el gobierno israelí y los judíos Haredíes por el servicio militar obligatorio

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Una chispa en Jerusalén: la multa que desató el caos

El jueves pasado, lo que parecía ser una acción rutinaria de la policía de tránsito israelí en un vecindario ultraortodoxo de Jerusalén se convirtió en un violento enfrentamiento entre la comunidad Haredí y las fuerzas del orden. Lo que comenzó como una simple multa por estacionamiento culminó con 13 agentes heridos, múltiples arrestos y daños materiales considerables.

Las tensiones entre las autoridades israelíes y la comunidad ultraortodoxa no son nuevas, pero este incidente destaca hasta qué punto la relación se ha deteriorado. A medida que el gobierno sionista estudia revocar la exención del servicio militar para los Haredim, escenas de enfrentamientos en las calles, con piedras, huevos y hasta vehículos volcados, se están volviendo cada vez más comunes.

¿Quiénes son los Haredim y por qué rechazan el servicio militar?

Conocidos como "los que temen a Dios", los Haredim representan aproximadamente el 13% de la población de Israel, es decir, cerca de 1.3 millones de personas. Estos judíos ultraortodoxos viven en comunidades cerradas donde las normas religiosas determinan casi todos los aspectos de la vida. Su identidad gira en torno a la Torá y el estudio religioso, y consideran que dedicar su vida al conocimiento sagrado es su verdadera misión nacional.

Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, los líderes sionistas acordaron exentar del servicio militar obligatorio a un número limitado de estos estudiantes religiosos. Sin embargo, con el paso del tiempo y la influencia creciente de los partidos ultraortodoxos en la política israelí, esa exención se fue ampliando. Hoy, cientos de miles de jóvenes Haredim no son llamados a filas, provocando críticas entre sectores seculares que sí deben cumplir con el deber militar.

La postura del Estado: "Todos deben cargar con el mismo peso"

La objeción hacia esta exención no viene solo de la sociedad civil, sino desde las mismas estructuras del poder político y militar. En medio del conflicto permanente con Gaza y la amenaza constante de Hezbolá desde el norte del país, cada soldado cuenta.

"No podemos permitir que una parte de nuestra población no comparta el riesgo que todos tomamos en defensa del país", declaró Benny Gantz, ex Ministro de Defensa y líder del Partido de Unidad Nacional.

Y es que el servicio militar, más allá de una obligación, es también una piedra angular de la integración y la identidad israelí contemporánea. Para muchos israelíes seculares, el hecho de que toda una comunidad quede al margen no solo representa una injusticia en términos de responsabilidad, sino también un freno para el tejido social.

Las calles como campo de batalla civil

El incidente del jueves es solo uno más en una larga serie de tensiones urbanas. Cada vez que autoridades israelíes ingresan a zonas Haredíes como Mea Shearim, se despierta un estado de sitio no declarado. Esta vez, una simple multa de tránsito fue interpretada por los vecinos como un intento de arrestar a un hombre por no inscribirse en el servicio militar, algo que la policía niega rotundamente.

Esto no impidió que más de cientos de personas salieran a las calles, volcaran automóviles patrulleros, dañaran parabrisas y prendieran fuego a contenedores. Las imágenes que circularon en redes son impactantes: oficiales lanzando granadas aturdidoras, cañones de agua, y policías peleando cuerpo a cuerpo con manifestantes vestidos de negro, muchos incluso adolescentes con rizos laterales y sombreros anchos.

¿Es realmente sobre el ejército o es el modelo de nación?

Lo que está en juego va más allá del uniforme militar. Se trata de una lucha identitaria por el futuro de Israel. ¿Es Israel un estado judío ortodoxo o una democracia pluralista? ¿Qué lugar ocupa la religión en un país fundado sobre valores sionistas pero que acoge a múltiples corrientes del judaísmo?

Mientras que para los sectores seculares el ejército refuerza los valores de unidad y nación, para muchos en la comunidad Haredí representa una amenaza directa a su forma de vida religiosa, que consideran incompatible con lo que ellos ven como una institución laica y moralmente contaminante. Algunas facciones ultraortodoxas radicales incluso no reconocen al Estado de Israel por considerarlo una creación política y no mesiánica.

¿Un Estado dentro del Estado?

Muchos críticos afirman que el sector Haredí ha llegado a comportarse como un "estado paralelo", con sistemas escolares propios, tribunales rabínicos y códigos de conducta. Las mujeres casi no trabajan fuera del hogar, la mayoría de los hombres evitan empleos seculares y las tasas de pobreza son altas, pero están compensadas por subsidios estatales.

El politólogo israelí Yedidia Stern lo resumió así: “El Estado paga para que una parte de su población no sea parte del Estado. Esto es insostenible”.

El factor demográfico: una bomba de relojería

Además, los Haredim tienen las tasas de fertilidad más altas del país: una familia promedio tiene 6.9 hijos. Según proyecciones de la Oficina Central de Estadísticas israelí, para 2065 podrían representar hasta un tercio de la población. Esto plantea enormes desafíos socioeconómicos si no se integran al mercado laboral y al servicio estatal.

“Si un tercio de la población está fuera del sistema productivo porque estudia tiempo completo y no trabaja ni sirve al país, entonces todo el edificio económico colapsará”, advierte el economista Dan Ben-David.

Los militares opinan

Desde el Estado Mayor, los comandantes se muestran cautelosos pero firmes. “Queremos que los Haredim se integren en condiciones que respeten sus valores, pero no puede haber ciudadanos de primera y de segunda”, afirmó un alto oficial del ejército israelí bajo condición de anonimato.

El ejército ya cuenta con unidades específicas como la Netzah Yehuda, adaptadas para soldados Haredim que cumplen las normas de la Halajá (ley judía). Pero la cantidad de alistados sigue siendo baja, y el rechazo dentro de sus comunidades es rotundo.

¿Qué dicen los propios Haredim?

Dentro de la comunidad ultraortodoxa también hay diversidad de opinión. Algunos líderes, sobre todo del movimiento Shas (oriental), han mostrado disposición a negociar ciertos cupos de servicio alternativo o colaboración con programas civiles. Pero los grupos más radicales, como los de Jerusalén o Bnei Brak, se oponen frontalmente. Para ellos, como dijo el rabino Baruch Weiss: “Estudiar Torá protege más al Estado que cualquier tanque o avión”.

Durante las protestas, un manifestante gritaba: “Vivir como judíos viene antes que vivir como israelíes”. Esa frase resume la profundidad del conflicto.

La encrucijada del gobierno de Netanyahu

El Primer Ministro Benjamin Netanyahu está atrapado entre dos fuegos. Por un lado, su alianza con los partidos ultraortodoxos es clave para su coalición de gobierno. Por otro, enfrenta presiones crecientes de sectores laicos y del sistema judicial, que han advertido que la exención masiva es anticonstitucional.

En marzo de 2024, el Tribunal Supremo de Israel dictó que no renovar las excepciones militares viola el principio de igualdad. Esto obligó al parlamento (Knesset) a buscar una solución diplomática, pero cada intento ha puesto en riesgo la frágil coalición gobernante.

Un futuro incierto, pero urgente

Israel enfrenta el dilema de cómo mantener su cohesión social y militar mientras crece una comunidad que, por motivos religiosos, se niega a asumir las mismas cargas. Los enfrentamientos como el de Jerusalén reflejan un terremoto civil que podría intensificarse si no se encuentra una solución que combine respeto religioso con responsabilidad cívica.

El verdadero conflicto no es solo entre la ley del Estado y la ley divina, sino entre dos visiones rivales de lo que significa ser israelí en el siglo XXI.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press