La rebelión del campo europeo: Mercosur, libre comercio y el auge del populismo

Protestas tractoristas, tensiones diplomáticas y el futuro de un acuerdo comercial que lleva 25 años gestándose

Bruselas entre llamas y tractores

En una escena cada vez más recurrente en la capital de Europa, tractores bloqueando avenidas, fuegos artificiales estallando y columnas de humo producto de gases lacrimógenos sirvieron como el telón de fondo para un tenso debate político durante la cumbre de líderes europeos esta semana.

Los agricultores europeos están en pie de guerra y no es para menos. El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el bloque Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia) amenaza con alterar los equilibrios delicados de un sector agrícola que ya enfrenta múltiples desafíos económicos, regulatorios y geopolíticos.

¿Qué es el acuerdo UE-Mercosur y por qué genera polémica?

Negociado durante más de 25 años, este tratado de libre comercio incluye una zona económica que abarcaría a casi 780 millones de personas, cubriendo una cuarta parte del Producto Interno Bruto global. El acuerdo busca la eliminación progresiva —en los próximos 15 años— de los aranceles sobre casi todos los bienes comercializados entre los dos bloques.

Para algunos, es una gran jugada estratégica en un mundo que experimenta una rivalidad creciente entre Occidente, China y EE.UU.; para otros, especialmente los agricultores, representa una amenaza directa a sus medios de vida.

El campo europeo bajo presión

Los agricultores europeos acusan al tratado de permitir una entrada desleal de productos agropecuarios de Sudamérica, con estándares ambientales y laborales más bajos. Se teme que esto provoque una fuerte competencia para sectores como la ganadería y los cultivos cerealistas, ampliamente subvencionados e hiperregulados en Europa.

“Estamos compitiendo contra productores que pueden utilizar pesticidas que aquí están prohibidos, con costos laborales más bajos y menos regulación”, señala Jean-Luc Verneuil, agricultor francés de la región de Occitania. “Mientras tanto, a nosotros se nos exige cumplir con normas que encarecen la producción y ya apenas llegamos a fin de mes”, añade.

El efecto político: populismo vs. globalización

Pero la cuestión no es solo económica. Hay una dimensión política profunda. El acuerdo se ha convertido en un emblema de la pugna entre los defensores del multilateralismo liberal y los seguidores del proteccionismo populista. Los líderes de derecha radical han aprovechado el descontento rural para aumentar su apoyo.

El temor de muchos es que firmar este acuerdo ahora alimente un discurso antieuropeo justo cuando se acercan elecciones clave en países como Francia, Alemania e incluso Italia.

Francia, Italia y el veto estratégico

Esta semana, Italia se sumó a Francia en sus reservas respecto al acuerdo, lo que genera un equilibrio político delicado. Dado que para firmar el acuerdo se necesita el respaldo de al menos dos tercios de los miembros de la UE, la unión de París y Roma podría ser suficiente para aplicar un veto de facto.

Giorgia Meloni, la primera ministra italiana, enfatizó que no está en contra del acuerdo, pero sí exige “garantías recíprocas adecuadas para la agricultura italiana”. Francia, mientras tanto, pide mayores controles sobre pesticidas en los países del Mercosur y más inspecciones en los puertos europeos.

Von der Leyen apuesta por firmar

A pesar de los obstáculos, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, está determinada a cerrar el acuerdo. “Tenemos que deshacernos de nuestras sobredependencias”, declaró, sugiriendo que este acuerdo es parte clave para lograrlo mediante una red de tratados comerciales alternativos a China y EE.UU.

El plan es firmar el acuerdo este sábado en Brasil, aunque el ambiente político indica que es probable que el anuncio se posponga.

Sudamérica no quiere esperar más

Desde el otro lado del Atlántico, los países del Mercosur también avanzan con impaciencia. Gabriel Oddone, ministro de Economía de Uruguay, afirmó: “Seguimos siendo optimistas de que el sábado se logre la aprobación”.

Lo mismo expresó el presidente brasileño Lula da Silva, quien considera este acuerdo como un logro diplomático crucial antes de los comicios del próximo año. “Si no lo hacemos ahora, Brasil no firmará más acuerdos mientras yo sea presidente”, afirmó en tono desafiante durante una reunión de gabinete.

¿Y Milei? Sorpresiva coincidencia con Lula

Curiosamente, el nuevo presidente argentino Javier Milei, conocido por su cercanía ideológica al expresidente Donald Trump, también apoya el acuerdo, aunque desde una visión liberalizadora del mercado. En sus palabras: “Dejemos de pensar en el Mercosur como un escudo que nos protege del mundo y empecemos a usarlo como una lanza para conquistar mercados globales”.

Alerta verde: Tractores, medio ambiente y crisis climática

El rechazo al tratado también tiene una arista ambiental. Activistas de organizaciones como Greenpeace y Fridays for Future se han unido a las protestas. Denuncian que el acuerdo incentivará la deforestación en la Amazonía y otros biomas ricos en biodiversidad para aumentar la superficie cultivable destinada a exportación.

Un informe del think tank Fern, con sede en Bruselas, alerta que 700.000 toneladas adicionales de carne bovina podrían ingresar a Europa bajo este acuerdo, incentivando la expansión ganadera en zonas ecológicamente sensibles.

Un equilibrio inestable

La situación recuerda lo difícil que es equilibrar intereses económicos, geopolíticos, sociales y ecológicos. Aunque el tratado promete mejores relaciones comerciales, menos dependencia de grandes potencias y oportunidades para las exportaciones europeas, su implementación podría desatar tormentas políticas y sociales dentro del bloque europeo.

En palabras de Agathe Demarais, experta del European Council on Foreign Relations: “Si Europa no firma este acuerdo ahora, otros llenarán ese vacío. ¿Quién? China”.

¿Y ahora qué?

Todo indica que la reunión del sábado en Brasil se convertirá en un momentum diplomático de alto riesgo. Si el acuerdo no se firma, será una derrota para Von der Leyen y Lula. Si se firma sin las condiciones exigidas por países como Francia e Italia, podría acelerar el avance de una derecha radical cada vez más influyente.

Mientras tanto, los agricultores seguirán sobre sus tractores, defendiendo con uñas y dientes su forma de vida en un mundo cada vez más globalizado y menos favorable para los pequeños productores locales.

Quizá más que un simple tratado comercial, el acuerdo UE-Mercosur se ha convertido en un símbolo de las tensiones de nuestra era.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press