¿Visa por lotería o riesgo de seguridad? El debate que desata pasiones en EE. UU.

La suspensión del programa de ‘diversidad de visas’ tras un tiroteo reabre el controversial debate sobre migración legal, discriminación y política.

Un crimen y miles de esperanzas rotas

Un tiroteo en universidades de élite como Brown University y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) ha vuelto a poner en el centro del huracán uno de los programas de inmigración más singulares y polémicos de Estados Unidos: la visa de diversidad. El presunto autor del ataque, de origen portugués, había llegado a EEUU a través de este programa. La reacción política fue inmediata: el Departamento de Seguridad Nacional decidió suspender temporalmente el sistema que concede hasta 50,000 tarjetas de residencia mediante un sorteo anual.

Esta decisión, sin duda controvertida, vuelve a encender un viejo debate: ¿es adecuado juzgar políticas públicas por individuos? ¿Es el programa de visas de diversidad una amenaza o una ventana de oportunidad para miles?

¿Qué es la visa de diversidad?

El Programa de Visas de Inmigrantes de Diversidad (Diversity Immigrant Visa Program) fue creado por el Congreso en 1990 con el objetivo de diversificar el perfil migratorio de Estados Unidos. El sistema otorga, mediante una lotería, un máximo de 50,000 visas anuales a personas provenientes de países con baja tasa de migración a Estados Unidos. Esto excluye a países como México, China o India, que tienen una amplia representación migratoria.

El objetivo es dar una oportunidad a quienes no poseen patrocinadores familiares ni ofertas laborales, tradicionalmente privilegiados en las políticas migratorias estadounidenses. Según el American Immigration Council, para personas sin nexos directos en EEUU, la visa de diversidad suele ser la única vía legal posible para establecerse permanentemente en el país.

Miles son llamados, pocos los elegidos

El proceso es altamente competitivo. En 2023, el Departamento de Estado estadounidense recibió casi 21 millones de solicitudes para solo 50,000 plazas. De hecho, se calcula que solo el 0.2% de los solicitantes obtiene la visa al final del proceso, luego de un proceso de chequeo de antecedentes y entrevistas.

Las plazas se distribuyen entre las regiones del mundo: aproximadamente 35,000 para África, 15,000 para Asia y cerca de 8,500 para Europa. Aunque parezca un camino fácil por su modalidad de lotería, la realidad es que los elegidos deben pasar por rigurosos filtros de seguridad.

Un caso, muchas consecuencias

El Parque de los Fundadores de la democracia, como a menudo se ha denominado a Estados Unidos, se encuentra ante una paradoja. Tras el tiroteo perpetrado presuntamente por un inmigrante portugués que entró al país con una visa de diversidad, las autoridades suspendieron el programa, provocando reacciones viscerales en la sociedad civil, la política y diversas organizaciones humanitarias.

“El atacante nunca debió haber entrado a este país”, sentenció Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional, desde su cuenta de X (antes Twitter). Por su parte, líderes como el senador Marco Rubio defendieron la suspensión como una medida preventiva mientras se revisan los protocolos de seguridad: “Esto no significa que todos los que entran por esa vía sean peligrosos, pero debemos ver si el sistema de verificación es suficiente”.

Inmigración y política: una historia repetida

Esta no es la primera vez que un incidente aislado sirve como argumento para endurecer la política migratoria. Durante el gobierno de Donald Trump, múltiples ataques cometidos por inmigrantes fueron usados como justificación para:

  • Implementar vetos migratorios a países musulmanes
  • Limitar las solicitudes de asilo
  • Reducir significativamente la acogida de refugiados

La retórica de Trump, quien llegó a llamar el programa de visas por lotería como un sistema que trae a “lo peor de lo peor”, sigue prevaleciendo entre sectores conservadores. Su enfoque de migración basada en méritos económicos ha ganado fuerza, pero también ha sido duramente criticado por organizaciones humanitarias y religiosas.

La Iglesia y su voz migrante

En medio de este debate, otra historia emergió con fuerza: el nombramiento del padre Manuel de Jesús Rodríguez como Obispo de Palm Beach, Florida. Rodríguez, nacido en la República Dominicana, es un ferviente defensor de los migrantes. Lleva años dirigiendo la parroquia más grande del distrito de Brooklyn, el barrio de Corona en Queens, una comunidad mayoritariamente inmigrante.

“No podemos aplicar las leyes deportando a niños de 5 o 9 años o personas sin antecedentes. Migrantes son personas trabajadoras que comparten nuestros valores”, aseguró el nuevo obispo en una entrevista. Para él, y para muchos líderes religiosos, la fe implica acompañar al migrante y defender su dignidad.

Su nueva diócesis alberga el exclusivo resort Mar-a-Lago, propiedad del expresidente Trump, cuya política migratoria ha sido duramente criticada por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. Este contraste simbólico entre espiritualidad inclusiva y políticas restrictivas marca una pugna social y moral que parece no tener salida fácil.

¿La justicia migratoria está en peligro?

La suspensión de un programa legal debido a un caso individual ha sido duramente cuestionada por organizaciones como World Relief y el American Immigration Council. “Es un ejemplo reciente del uso político de un acto individual para justificar el cierre de vías legales de inmigración”, apuntó Myal Greene, director de World Relief.

La práctica de vincular incidentes criminales individuales a políticas migratorias colectivas ha sido calificada como castigo colectivo. Algo que muchos juristas señalan como preocupante debido a sus implicaciones éticas y legales.

En paralelo, se discute desde el Congreso si el Ejecutivo posee siquiera la autoridad legal para suspender unilateralmente un programa creado por ley. De ser así, se abriría una puerta peligrosa para otros programas sancionados constitucionalmente.

Números que cuentan otra historia

Lejos de ser un canal de llegada masiva, la visa de diversidad representa menos del 5% del total de inmigraciones legales a Estados Unidos. Además, estudios del Migration Policy Institute muestran que los beneficiarios de estas visas tienen una gran tasa de inserción laboral, en muchos casos superior al promedio migratorio global.

Aunque se encuentran distribuidos en múltiples sectores económicos, una gran porción se establece rápidamente y promueve valores como el emprendimiento y la educación.

Más allá del miedo: la humanidad detrás del debate

Detrás de cada solicitud a la lotería de visas hay una historia de esperanza. Desde un joven ingeniero afgano que sueña con trabajar en Silicon Valley, hasta una enfermera congoleña que busca ayudar en hospitales rurales estadounidenses. Suspender el programa sin una evaluación integral basada en evidencia más que en miedo puede tener efectos devastadores.

Como afirma el padre Rodríguez: “Podemos hacer esto mejor. Este país ha sido forjado por generaciones de migrantes. No debemos tenerles miedo, sino abrirles caminos para que formen parte del futuro que todos soñamos”.

¿Qué futuro tiene la visa de diversidad?

Aunque la administración actual ha suspendido el programa, su desmantelamiento completo requeriría una decisión del Congreso. Ese debate está todavía en curso. Entre tanto, miles de aspirantes de países subrepresentados aguardan, de nuevo, en la incertidumbre.

Lo que está claro es que necesitamos respuestas integrales, equilibradas y humanas, alejadas de reacciones inmediatas a tragedias que, sin duda, entristecen, pero que no deben definir toda una política.

¿Vale la pena sacrificar las esperanzas de miles por las acciones de uno? Esa es la pregunta que queda flotando en el aire.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press