El nuevo giro en la relación Polonia-Ucrania: aliados estratégicos con viejas heridas por sanar

Zelenskyy visita Varsovia buscando asegurar el apoyo polaco en medio de tensiones históricas y retos políticos futuros

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Varsovia, Polonia — La alianza estratégica entre Polonia y Ucrania, fundamental desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala en 2022, ha evidenciado últimamente ciertas tensiones. La reciente visita de Volodymyr Zelenskyy a Karol Nawrocki, presidente de Polonia desde agosto, marca un punto clave en ese delicado equilibrio donde geopolítica, historia y política interna colisionan.

Una visita tardía pero significativa

Han pasado más de cuatro meses desde que Nawrocki asumió el cargo para que ocurriera el esperado encuentro bilateral. Teniendo en cuenta la relación simbiótica entre ambos países desde el inicio de la guerra, este retraso ha llamado poderosamente la atención. Polonia depende de Ucrania para frenar el avance ruso, mientras esta última necesita incesantemente el respaldo logístico y diplomático de Varsovia para mantener vivo su esfuerzo bélico y obtener garantías internacionales de seguridad.

La falta de prontitud refleja ciertas reservas por parte de la administración de Nawrocki, respaldada por el partido nacionalista Ley y Justicia (PiS por sus siglas en polaco), que sugiere una línea de diplomacia más exigente con Kyiv. Nawrocki ha destacado que busca “simetría en las relaciones” y no una subordinación polaca a las necesidades ucranianas.

Donald Tusk, un aliado ferviente frente a la cautela presidencial

En contraste con Nawrocki, el actual primer ministro polaco, Donald Tusk, ha sido uno de los más vocales defensores de Ucrania a nivel europeo. Su postura firme ha garantizado un apoyo sostenido en armamento, asistencia humanitaria y respaldo diplomático.

Sin embargo, con vistas a la elección presidencial de 2027, el posible regreso de PiS podría reconfigurar ese paradigma, especialmente si el discurso nacionalista gana tracción entre un electorado que comienza a mostrar signos de fatiga por el coste humanitario y económico del conflicto del país vecino.

El espinoso tema de los refugiados ucranianos

Polonia ha recibido a más de 1,5 millones de refugiados ucranianos desde el inicio del conflicto, lo cual representa una proeza humanitaria, pero también una carga fiscal que empieza a generar tensiones internas. Nawrocki no ha dudado en afirmar que su responsabilidad es “con los polacos primero”, señalando que el gasto público destinado a refugiados debe estar justificado frente a una sensación creciente de inequidad entre la población local.

Este tema ha sido utilizado por sectores nacionalistas para criticar la falta de reciprocidad de Kiev y, en especial, para poner condiciones a una futura adhesión de Ucrania a la Unión Europea.

La herida abierta de Volinia

Uno de los asuntos históricos más delicados entre ambos países es el de la masacre de Volinia, ocurrida entre 1943 y 1945, en la que fuerzas nacionalistas ucranianas —especialmente el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA)— asesinaron a decenas de miles de polacos étnicos en las regiones de Volinia y Galitzia Oriental.

Según estimaciones de historiadores polacos, entre 50,000 y 100,000 personas fueron brutalmente asesinadas en aquellas campañas, que también incluyeron represalias posteriores por parte de unidades polacas contra comunidades ucranianas. Esta violencia interétnica ha sido una espina en la memoria colectiva de ambas naciones y un obstáculo diplomático de larga data.

Durante la guerra actual, ambos gobiernos intentaron pasar la página en nombre de la unidad contra Rusia. Sin embargo, Nawrocki criticó abiertamente a Ucrania por impedir la exhumación de víctimas polacas en fosas comunes. Su postura presionó a Kyiv hasta conseguir que, este año, se realizaran finalmente los primeros trabajos de exhumación en lugares como Puzhnyky (Ternópil) y Lviv-Zboiska, donde se hallaron restos de al menos 42 personas.

Una relación necesaria pero incómoda

La cooperación entre Polonia y Ucrania ha sido vital para la logística de guerra. Gracias a su posición geográfica y su membresía en la OTAN y la UE, Polonia ha sido el conducto más importante para la entrada de armamento, ayuda humanitaria y recursos hacia Ucrania. Se estima que hasta un 80% del material occidental cruzó por territorio polaco.

Además, el plan de garantías de seguridad occidental —en discusión desde mediados de 2023— incluye que países aliados como Polonia asuman compromisos bilaterales defensivos con Ucrania en caso de cese del fuego o acuerdo de paz con Moscú.

El problema para Varsovia es equilibrar dicho compromiso con un sentimiento nacionalista creciente, que demanda priorizar a los ciudadanos polacos en todos los aspectos —desde la vivienda hasta la educación y el empleo—, y consulta histórica pendiente, como las heridas causadas por Volinia.

La expectativa de gratitud y reciprocidad

Nawrocki, en una declaración inusualmente directa, afirmó que esperaba que Zelenskyy “expresara gratitud” por el apoyo prestado desde el inicio de la guerra, tanto en términos militares como humanitarios. Una declaración que recuerda al estilo del expresidente estadounidense Donald Trump, y que no pasó desapercibida en Ucrania ni en los foros diplomáticos europeos.

“He exigido sistemáticamente una simetría en nuestras relaciones”, dijo Nawrocki en diciembre, subrayando que Ucrania no podía actuar como un receptor pasivo, sino como un socio con iguales responsabilidades.

¿Futuro incierto o oportunidad redentora?

Esta visita, más que una cortesía diplomática, es un intento por sostener una alianza estratégica que corre riesgos ante escenarios políticos futuros. La próxima elección presidencial en Polonia podría alterar no solo la política doméstica, sino también el equilibrio geopolítico del flanco oriental de Europa.

El actual gobierno de Tusk y sectores proeuropeos aún tienen fuerza, pero si el discurso nacionalista sigue calando, podría verse reducido el compromiso polaco, algo que inquieta profundamente a Kyiv.

Mientras tanto, exhumaciones aprobadas, visitas bilaterales y declaraciones prudentes intentan mantener unido un lazo forjado por la tragedia y la urgencia, pero tenso por el pasado y los intereses domésticos.

“Los pueblos deben recordar juntos para sanar juntos”, dijo una vez el expresidente polaco Bronisław Komorowski refiriéndose al conflicto de Volinia. Esta frase hoy parece más válida que nunca.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press