Exilio forzado y represión: el precio de la libertad en la Bielorrusia de Lukashenko

Los prisioneros políticos liberados enfrentan una segunda condena: ser expulsados sin documentos ni derechos

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Uladzimir Labkovich, conocido defensor de los derechos humanos en Bielorrusia, fue liberado el pasado 13 de diciembre tras más de cuatro años en prisión. Sin embargo, lo que parecía una buena noticia escondía una nueva forma de represión: fue deportado sin documentos oficiales ni posibilidad de regresar a su país. Su historia no es única. Es parte de una estrategia sistemática del régimen de Alexander Lukashenko para mantener el control sobre la oposición incluso fuera de sus fronteras.

Libertad condicionada: el exilio forzado

Labkovich, de 47 años, fue liberado junto con otros 122 presos como parte de un acuerdo que llevó a Estados Unidos a relajar algunas sanciones comerciales impuestas al régimen de Lukashenko. De estos, 114 fueron enviados a Ucrania sin documento alguno, y sólo nueve, entre ellos el premio Nobel de la Paz Ales Bialiatski, llegaron a Lituania.

“Después de cuatro años y medio de abuso en prisión, fui expulsado de mi propio país sin pasaporte ni documentos válidos”, relató Labkovich telefónicamente desde Ucrania.

El documento que portaba no era más que una hoja con su nombre y una foto de ficha policial. Esta es la nueva táctica del régimen: deportar sin posibilidad de retorno, usando la libertad como herramienta de humillación y control.

Una represión sin fronteras

Según Sviatlana Tsikhanouskaya, líder opositora en el exilio desde 2020, lo que está sucediendo es “una deportación forzada que viola todas las normas y regulaciones internacionales”. Critica que incluso al liberar prisioneros, el régimen busca seguir castigándolos: “Expulsan a las personas sin documentos para humillarlas aún más”.

El caso del activista Mikola Statkevich es representativo. Se rehusó a cruzar la frontera con Lituania durante una liberación en septiembre y permaneció horas en la tierra de nadie entre fronteras. Fue regresado a prisión por las fuerzas bielorrusas. Otros 14 que sí cruzaron, llegaron sin pasaportes. En muchos casos, las autoridades destruyeron o confiscaron completamente sus documentos.

Prisiones que silencian

Labkovich fue arrestado en 2021 junto con otros seis miembros de Viasna, la organización de derechos humanos más antigua de Bielorrusia. Acusado de “financiar protestas” tras las elecciones fraudulentas de 2020, fue condenado a siete años de prisión. Bialiatski, fundador de Viasna y ganador del Nobel en 2022, recibió 10 años.

Durante su encarcelamiento, Labkovich pasó más de 200 días en confinamiento solitario. A menudo dormía sobre el suelo de concreto en celdas heladas. Las autoridades abrieron además dos nuevos casos en su contra: desobediencia y traición a la patria, que podrían haber sumado 15 años adicionales.

“Quieren usar a los prisioneros que aún tienen dentro para controlar a los que han liberado”, aseguró Labkovich.

Una diáspora oprimida

El régimen ha extendido su represión más allá de sus fronteras. Bielorrusos que viven en el exterior no pueden renovar sus pasaportes en embajadas o consulados. Esto afecta a miles que han huido en olas migratorias desde 2020, imposibilitados de acceder a servicios básicos, alquilar viviendas o abrir cuentas bancarias.

Además, muchos opositores enfrentan juicios en ausencia y la confiscación de propiedades en su país de origen. Es una forma de castigo diferido que impone obstáculos a su reinserción en la vida civil en el extranjero.

Europa reacciona, pero con cautela

Alemania ha prometido asilo para figuras prominentes como Vitkar Babaryka y Maria Kolesnikova, también liberados en diciembre. Sin embargo, los obstáculos burocráticos son inmensos. “Sueño con abrazar a mis hijos y a mi esposa en Vilna, pero debo enfrentar absurdos trámites burocráticos que parecen interminables”, confesó Labkovich.

Grupos activistas como BY_Help han recaudado más de 245.000 euros para apoyar a los ex presos políticos y ayudarles a comenzar una nueva vida.

¿Una jugada diplomática?

Los analistas señalan que estos indultos masivos podrían formar parte de una estrategia para suavizar las relaciones con Occidente. Desde julio de 2024, Bielorrusia ha liberado a cientos de prisioneros políticos. Pero cada liberación parece venir cargada con una cláusula implícita: el exilio y la invisibilidad.

“Si esta liberación es parte de un intercambio político, solo subraya el trato cínico que las autoridades bielorrusas dan a las personas, tratándolas como peones”, afirmó Marie Struthers, directora para Europa del Este de Amnistía Internacional.

El 13 de diciembre no fue un día de liberación, sino uno más en el ciclo de represión. Según la organización Viasna, desde esa fecha han detenido a siete nuevos opositores, y desde septiembre han sumado 176 nuevos presos políticos al ya abultado registro.
Actualmente, más de 1.100 prisioneros políticos siguen detenidos en Bielorrusia.

Los invisibles del sistema: sin voz, sin documentos, sin refugio

Los testimonios de otros prisioneros liberados son espeluznantes. El periodista Ihar Losik relató que su pasaporte y todos sus papeles —incluidos sus diarios— fueron confiscados. “Nos quitaron todo. Mi pasaporte simplemente fue robado”, dijo.

Babaryka, de 62 años, sufrió desmayos en prisión. Despertó una vez con costillas rotas, pulmón perforado y cortes en la cabeza, sin recordar qué ocurrió. “Quienes salen, deberían evitar contar lo que vivieron. Muchos siguen dentro y sus vidas dependen de lo que digamos”, expresó.

Resistencia en la sombra

Lo que ocurre en Bielorrusia es más que represión. Es una estrategia sistemática para desmantelar por completo cualquier disidencia política y borrar del mapa a quienes atrevan a alzar la voz. El precio de la liberación sigue siendo extremadamente alto: exilio, burocracia paralizante y silencio forzado.

“Queremos crear un futuro seguro para nuestros hijos”, dijo uno de los liberados. Pero en la Bielorrusia de Lukashenko, hasta la libertad es una condena.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press