Muertes por hipotermia en Gaza: ¿cómo puede el mundo ignorar este invierno de desesperación?
Las trágicas muertes de bebés por el frío extremo exponen la grave crisis humanitaria en los campamentos de desplazados en Gaza.
Un invierno mortal en el corazón de Gaza
El invierno ha llegado con fuerza al sur de Gaza, y con él, una ola de muerte que no discrimina edad ni condición. En sólo unos días, dos bebés han muerto de hipotermia en el Hospital Nasser, en Khan Younis. Las víctimas: Saeed Eseid Abdeen, un recién nacido de apenas 29 días y Mohamed Khair, de apenas dos semanas. Ambos representan lo que ya preocupa a las organizaciones humanitarias: una crisis de salud infantil cada vez más letal provocada por las pésimas condiciones de vida en los campamentos improvisados donde miles de palestinos intentan sobrevivir.
«Siempre temí por él»
La madre de Saeed, Rawya Abdeen, aún afligida, recuerda entre lágrimas los esfuerzos desesperados por mantener caliente a su hijo. "Lo cubría con cuatro mantas, y mi esposo le alumbraba los ojos cada tanto con una linterna para asegurarse de que respirara", explicó. Pero el miércoles por la noche, Saeed ya no respondió. Su pequeño cuerpo, prematuro y frágil, sucumbió al frío.
Fue llevado al hospital con una temperatura corporal de solo 30°C, muy por debajo del mínimo vital. “Los doctores hicieron todo lo posible, pero murió en la madrugada”, contó el doctor Ahmed al-Farra, jefe de pediatría del hospital, quien alertó que esta tragedia podría repetirse en cuestión de días si no se actúa.
Médicos alertan: los bebés no sobreviven al frío
Los bebés prematuros son especialmente vulnerables. Sin suficiente grasa corporal y en condiciones donde la calefacción y mantas térmicas son inexistentes, su cuerpo pierde calor con rapidez. “Están viviendo en carpas desgastadas, sin protección contra el viento o la lluvia”, lamentó al-Farra. De hecho, las temperaturas llegaron en los últimos días a 6ºC durante la noche.
Según datos del Ministerio de Salud palestino, 13 personas han muerto en Gaza desde que inició una tormenta que azotó la región recientemente. De ellos, 11 fallecieron por el colapso de edificios dañados y dos niños murieron congelados.
Un campamento bajo el agua y sin recursos
La familia Abdeen vive en Muwasi, una franja costera en el sur de Gaza. Su tienda, hecha de nylon y palos, no resiste la lluvia. “Se inunda cada vez que llueve y el agua se mezcla con los pozos sépticos que cavamos cerca”, relató Eseid Abdeen. La familia también recordó cómo Saeed, de apenas 1,3 kilogramos al nacer, estuvo dos semanas en cuidados intensivos. Su recuperación en esas condiciones era ya una batalla cuesta arriba.
Más allá del frío: el bloqueo impide ayuda adecuada
Organizaciones humanitarias y la propia ONU han denunciado que, pese al cese al fuego en vigor desde hace dos meses, no se ha permitido la entrada suficiente de materiales de ayuda humanitaria. El acuerdo estipula que 600 camiones de ayuda deberían entrar diariamente a Gaza. Sin embargo, informes apuntan que no se ha alcanzado ese número.
Israel ha respondido negando estas cifras, alegando que están cumpliendo con los compromisos acordados. Mientras tanto, casi 2 millones de gazatíes viven hacinados en estructuras precarias como tiendas improvisadas o edificios medio derrumbados sin agua potable ni saneamiento adecuado.
Fe, comunidad y resistencia desde la única iglesia católica en Gaza
Mientras el frío y el sufrimiento castigan sin cesar, una pequeña luz de esperanza se mantiene viva en la iglesia católica de Gaza. El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, máximo líder católico del lugar, visitó la zona para compartir un mensaje de fe y resiliencia.
“Sé que la situación es difícil, pero veo una pequeña luz de esperanza en los niños y sus actividades”, dijo el prelado ante decenas de personas reunidas en el patio navideño del recinto.
Aunque la Parroquia de la Sagrada Familia fue alcanzada por fragmentos de un proyectil israelí en julio, el templo resiste. Los niños ensayan obras navideñas vestidas de ángeles y pastores, y la comunidad sigue celebrando la misa del domingo. Para Pizzaballa, la iglesia debe ser un punto de referencia “sólido en medio de este mar de destrucción”.
«No podemos olvidar, pero debemos mirar hacia adelante»
Las palabras del Cardenal reflejan un dolor compartido. “No podemos olvidar lo que ha pasado. Y nunca lo olvidaremos. Pero ahora debemos empezar a sanar el corazón”, declaró durante su oración frente al árbol de Navidad.
El sacerdote argentino Gabriel Romanelli, que reside en Gaza, hace eco de ese mensaje con sus videos diarios. Reconoce el duro clima (entre 6 y 7 grados por las noches), pero también muestra cómo los 160 niños de la escuela parroquial mantienen viva la Navidad pese al hambre y desplazamiento.
El silencio internacional ante la crisis de Gaza
Aun cuando la situación es crítica, la atención internacional parece haber disminuido. Quizás la prolongación del conflicto ha generado una especie de anestesia moral en la comunidad internacional.
Según Médicos Sin Fronteras y UNICEF, más del 70% de la infraestructura sanitaria en Gaza está inoperativa. Las condiciones en los campamentos violan múltiples disposiciones del derecho internacional humanitario, incluyendo el derecho a una vivienda adecuada y el derecho a la vida.
El uso de carpas sin aislamiento térmico, la falta de acceso a energía y agua potable y la inexistente planificación para las bajas temperaturas funciona como una condena silenciosa para las poblaciones más vulnerables: los niños y ancianos.
¿Hasta cuándo la indiferencia?
La muerte de Saeed y Mohamed no puede ser una nota pasajera en los medios. Son la punta del iceberg de una crisis que se está volviendo crónica. Una que, por su prolongación y complejidad política, parece convenientemente olvidarse.
El acceso humanitario no puede seguir siendo una herramienta de negociación o un gesto de «buena voluntad» entre gobiernos. Es una obligación moral y legal.
Gaza no puede esperar. Ya no son cifras, son historias humanas de dolor y pérdida que claman al mundo por justicia, dignidad y sobre todo, calor humano.
