Navidad en Belén: Fe, resistencia y esperanza en tiempos de conflicto
Tras años de guerra y tensiones, la ciudad sagrada revive su espíritu navideño con júbilo, música y un mensaje de paz que resuena más fuerte que nunca
La noche en que la esperanza florece en la cuna del cristianismo
La ciudad de Belén, situada en la Cisjordania ocupada, vuelve a brillar con el espíritu de la Navidad tras años de sombras proyectadas por el conflicto armado y la crisis económica. En esta Nochebuena, el canto tradicional “La Noche de Navidad” resonará una vez más en la gruta de la Iglesia de la Natividad —lugar donde, según la tradición cristiana, nació Jesucristo— con un eco más profundo y significativo que en años anteriores.
“En la noche de Navidad, la guerra se entierra; en la noche de Navidad, nace el amor”, entonan los integrantes del coro local, mayoritariamente laico y católico, dirigido por Joseph Hazboun. Este año, las palabras adquieren un tono aún más conmovedor, marcado por una reciente tregua en Gaza que trajo un respiro a una región devota de la fe y fatigada por la guerra.
Una ciudad que resucita en medio del escombro
Los últimos dos años habían transformado las celebraciones en algo sobrio y casi simbólico. Las tradicionales luces, el bullicio del mercado navideño y los sonidos de villancicos se apagaron, sustituidos por el miedo, el silencio y el dolor. Sin embargo, este diciembre, la Plaza del Pesebre ha vuelto a la vida: puestos decorados, espectáculos infantiles, turistas y lugareños, todos reunidos más allá de credos y posturas políticas.
“Puedes ver cómo el pueblo renace. Todos están felices, todos han salido a celebrar, sin importar la religión ni su postura. Todos están aquí”, comenta Zoya Thalgia, residente local.
Navidad: un motor espiritual... y económico
Para Belén, la Navidad representa mucho más que una fecha sagrada: es también un motor económico vital. Según el gobierno local, un 80% de los habitantes —a pesar de que la mayoría son musulmanes— dependen del turismo religioso, con ingresos que irradian hacia otras comunidades cisjordanas.
Pero este motor se detuvo con la guerra. El desempleo se disparó del 14% al 65%, reveló recientemente el alcalde Maher Nicola Canawati. Muchos habitantes abandonaron sus negocios, y cerca de 4.000 personas emigraron buscando oportunidades fuera. Las iglesias, como acto de protesta, llegaron a representar pesebres donde el niño Jesús yacía entre ruinas, escombros y alambres de púas.
Esperanza frágil entre tensiones persistentes
Si bien la tregua en Gaza brinda cierto respiro, la tensión continúa latente en la región. Según cifras de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, los ataques de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania alcanzaron su punto más alto desde 2006. Por su parte, el ejército israelí justifica sus frecuentes operaciones en la zona como “esfuerzos antiterroristas”.
En este clima, la celebración de Navidad trasciende el rito cristiano: se convierte en un acto de resiliencia, una declaración colectiva de vida. “Nos recuerda que, pese a la oscuridad y las dificultades, siempre existe luz, y la esperanza está viva”, afirma Hazboun.
El peso espiritual de la permanencia cristiana
Bajo ocupación y asediados por dificultades económicas, los cristianos son cada vez menos en Tierra Santa. Hoy representan menos del 2% de los tres millones de habitantes de Cisjordania. Una tendencia que preocupa a líderes religiosos e instituciones locales, pues la emigración amenaza el legado de una fe milenaria en la tierra donde nació.
Odette Al Sliby, miembro del coro desde su niñez, lo dice con convicción: “Estar aquí, hoy, cantando en la gruta, es un acto sagrado”. Para ella, la perseverancia de los cristianos no tiene que ver solo con creencias, sino con identidad, historia y testimonio.
Luz en medio de la devastación: el árbol vuelve a brillar
En imágenes que recorrieron el mundo, el encendido del árbol de Navidad en la Plaza del Pesebre, a inicios de diciembre, marcó un renacer simbólico. Dos años habían pasado desde la última vez que se encendieron luces festivas en un acto público. Esta vez, fue una fiesta de unidad interreligiosa, con participación de niños de diferentes credos.
Simultáneamente, en Ramala, la capital administrativa de Cisjordania, el mercado navideño se llenó de familias compartiendo comida típica, dulces árabes, artesanía y villancicos. La Navidad brindó un alivio, momentáneo quizás, pero real.
Bajo la sombra del éxodo cristiano
No es solo Belén. En Siria, Irak, Líbano y Egipto, la población cristiana ha caído en picado durante las dos últimas décadas. En Irak, por ejemplo, había más de 1,5 millones de cristianos antes de 2003; hoy quedan menos de 250.000, según cifras de Ayuda a la Iglesia Necesitada.
“Seguimos rezando para que la presencia cristiana no se extinga”, dice Hazboun. “Estamos llamados a ser testigos, a mantenernos firmes aquí, donde el Príncipe de la Paz nació”.
Mensaje navideño más allá del dogma
Más allá de las celebraciones litúrgicas o los intereses turísticos, lo que sucede esta Navidad en Belén resuena en un plano profundamente humano. En un mundo fracturado por guerras, migraciones forzadas y polarización, la idea de que la paz nace en medio del conflicto cobra verdadera fuerza, no como frase hecha, sino como acto colectivo.
“Esta es la tierra de la paz, y seguiremos creyendo y orando para que un día todos podamos vivir en ella”, declama Hazboun.
Mientras los cánticos resuenen en la gruta, y cada vela encendida en Belén refleje el fervor de quien no se rinde, la Navidad no será una mera tradición, sino un acto de resistencia con el amor como arma más poderosa.
