Siria tras el levantamiento de las sanciones: ¿una oportunidad real de reconstrucción o una ilusión geopolítica?

Con el fin de las sanciones más duras impuestas por EE. UU., Siria abre las puertas a la inversión extranjera, pero los desafíos para un verdadero renacer económico y político apenas comienzan.

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El fin del 'Acta César': el principio de una nueva era

Después de casi cinco años de vigencia, las temidas sanciones del Acta César, impuestas por el Congreso de Estados Unidos en 2019, han sido finalmente levantadas. Estas sanciones, ampliamente criticadas tanto por aliados como por detractores del régimen de Bashar al-Asad, tenían como objetivo castigar las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la guerra civil siria, que comenzó en 2011 y dejó más de 500.000 muertos y millones de desplazados.

Pero tras la inesperada caída de Asad en diciembre de 2024, el panorama político sirio dio un vuelco. Con un nuevo gobierno dominado por islamistas suníes y, supuestamente, más inclinado hacia reformas políticas, la presión internacional creció para eliminar esos castigos económicos que ya no parecían tener sentido.

Washington cede: sanciones levantadas sin condiciones estrictas

Lo más sorprendente del levantamiento fue que se hizo sin condiciones estrictas. Aunque inicialmente algunos legisladores estadounidenses exigieron garantías sobre el respeto a las minorías religiosas y a medidas antiterroristas, el acuerdo final solamente incluye reportes periódicos al Congreso.

El presidente Donald Trump, quien ya había suspendido temporalmente las sanciones por orden ejecutiva, firmó la derogación definitiva como parte de la ley anual de gasto en defensa. Según afirmó, lo hizo tras insistentes peticiones del príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman y del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, dos aliados clave del nuevo gobierno sirio.

Una oportunidad económica… ¿realista?

La respuesta de las autoridades sirias no se hizo esperar. El Ministerio de Relaciones Exteriores agradeció públicamente a EE. UU., afirmando que la medida “aliviará las cargas del pueblo sirio y abrirá una nueva fase de recuperación y estabilidad”. La convocatoria también se extendió a inversionistas extranjeros para que participen en la reconstrucción del país. Una reconstrucción que, según estimaciones del Banco Mundial, costará más de 216.000 millones de dólares.

¿Quién pagará la reconstrucción?

Esta es quizás la gran pregunta. Si bien los países aliados como Turquía, Arabia Saudita y Catar han emitido mensajes de respaldo al nuevo curso sirio, no está claro aún cuánto dinero están dispuestos a invertir. A esto se suma la necesidad de integrar nuevamente a Siria en el sistema financiero internacional. El gobernador del Banco Central, Abdulkader Husrieh, afirmó que el país buscará una calificación crediticia soberana, aunque reconoce que esta será inicialmente baja.

“El verdadero valor está en la referencia que establece la calificación y en la hoja de ruta que proporciona para su mejora” — Abdulkader Husrieh.

Además, el conflicto dejó ciudades y pueblos reducidos a escombros, con infraestructuras destruidas y servicios básicos colapsados. Las condiciones económicas son aún precarias y el 90% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, según datos del Programa Mundial de Alimentos (WFP).

Regreso de refugiados: ¿esperanza o falsa promesa?

Una de las principales consecuencias del levantamiento de sanciones podría ser el estímulo al regreso voluntario de refugiados. Actualmente, más de 5,5 millones de sirios viven en países como Turquía, Líbano, Jordania y Alemania. La ONU ha expresado su esperanza de que estas medidas crean condiciones más seguras para el retorno, pero advierte que sin garantías sobre derechos humanos y justicia transicional, ese regreso será limitado.

El nuevo liderazgo: ¿cambio real o retórica política?

El gobierno interino de Siria, encabezado por Ahmad al-Sharaa, ha prometido que respetará los derechos de las minorías y promoverá reformas políticas. Sin embargo, sectores críticos apuntan que varios grupos armados afines al nuevo liderazgo han sido acusados de cometer atroces abusos, especialmente contra los alauitas, la secta religiosa a la que pertenecía Asad. En marzo de 2025, una oleada de violencia en la costa siria dejó cientos de civiles muertos, muchas de ellas víctimas de represalias sectarias.

Esto ha llevado a países como el Reino Unido a mantener sanciones dirigidas contra individuos y grupos específicos, tanto del antiguo régimen como del actual gobierno. El temor es que, tras el maquillaje geopolítico, persistan las dinámicas de violencia y exclusión.

Siria en la mirada internacional: muchas manos, muchos intereses

La guerra siria fue desde sus inicios un campo de batalla global. Rusia, Irán y Hezbolá respaldaron a Asad militarmente, mientras que Estados Unidos, Turquía y varias monarquías del Golfo apoyaron diferentes grupos rebeldes. Con el nuevo escenario, se abre otra fase de la lucha por influencia, ahora centrada en quién liderará o se beneficiará de la reconstrucción.

  • Turquía: busca estabilidad en su frontera sur y crear las condiciones para el retorno masivo de refugiados sirios que actualmente residen en su territorio (casi 4 millones).
  • Arabia Saudita: intenta proyectarse como una potencia regional de diálogo y cooperación para contrarrestar la influencia iraní.
  • Rusia: ha visto debilitada su presencia militar tras el colapso del régimen de Asad y su atención centrada en la guerra en Ucrania.

¿Y la reconciliación nacional?

Sin una comisión de la verdad, ni un proceso claro de justicia transicional, muchos sirios —inclusive los que no vivieron directamente el conflicto— desconfían de los discursos de unidad nacional. Las heridas de más de una década de violencia no han sanado, y numerosas zonas del país aún están en manos de milicias o bajo control parcial de ejércitos extranjeros (como el norte ocupado por Turquía y la presencia kurda en el noreste).

Un futuro aún incierto

El levantamiento de las sanciones puede ser el catalizador para una transformación profunda de Siria, pero también podría convertirse en un espejismo geopolítico que solo beneficie a ciertos actores. Los próximos meses serán cruciales para comprobar si las palabras de recuperación y esperanza se traducen en cambios tangibles para una población cansada y empobrecida.

Las preguntas clave que quedan son:

  • ¿Podrá el nuevo gobierno garantizar seguridad e inclusión para todos los sirios?
  • ¿Llegarán realmente las inversiones necesarias?
  • ¿La comunidad internacional priorizará los derechos humanos o sus propios intereses estratégicos?

Lo que está claro es que Siria ha cambiado de era. Pero si este cambio traerá paz duradera o más conflictos encubiertos, sigue siendo una incógnita en el rompecabezas de Medio Oriente.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press