Una semana negra para la ONU: asesinatos, detenciones y el desvanecimiento del emblema azul
Muerte de cascos azules, detenciones arbitrarias y violencia contra personal humanitario reflejan el creciente desprecio mundial por el derecho internacional
El emblema que ya no protege
Una de las semanas más sombrías en la historia reciente de las Naciones Unidas ha expuesto con crudeza el creciente peligro que enfrentan sus trabajadores alrededor del mundo. Lejos quedó la noción del emblema azul como escudo protector. Como declaró Stephane Dujarric, portavoz del organismo: “vemos con demasiada frecuencia que la bandera de la ONU ya no ofrece la protección que debería a nuestros colegas”.
Los eventos ocurridos entre el 11 y el 15 de diciembre de 2023 dejan un sabor amargo y un importante campo de reflexión para la comunidad internacional.
Sudán: seis cascos azules muertos en un ataque con dron
En la región sur de Kordofán, en Sudán, un ataque con dron impactó una base logística de la ONU, causando la muerte de seis soldados de paz bengalíes y heridas a otros nueve. Este suceso fue calificado por el Consejo de Seguridad como un “acto atroz y deliberado”, y expresaron su preocupación por el flagrante desprecio al derecho internacional humanitario.
Desde el estallido del conflicto en Sudán entre las Fuerzas Armadas sudanesas y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en abril de 2023, la violencia ha escalado sin control. Más de 9.000 civiles han muerto y al menos 5,6 millones de personas han sido desplazadas, según datos de la ONU.
Sur de Sudán: un intérprete asesinado bajo custodia estatal
En un episodio que reaviva el temor a la impunidad institucional, Bol Roch Mayol, intérprete de la misión de paz de la ONU en Sudán del Sur, fue retirado a la fuerza de un vehículo oficial por soldados locales tras una patrulla rutinaria en Wau. Días después, fue hallado sin vida en una zona residencial.
La Policía ha confirmado el arresto de al menos tres militares involucrados, incluidos los que confesaron el crimen. Sin embargo, este asesinato refleja el colapso del principio de protección a trabajadores humanitarios, más aún cuando se trata de personal nacional, vulnerable por doble partida.
Yemen: 69 trabajadores de la ONU detenidos por rebeldes hutíes
La escalada de abusos continuó en Yemen, donde rebeldes hutíes detuvieron a otros 10 trabajadores de la ONU, sumando un total de 69 personas retenidas arbitrariamente. Estas cifras incluyen empleados de agencias de la ONU, organizaciones civiles e incluso delegaciones diplomáticas.
Antonio Guterres, secretario general de la ONU, condenó con firmeza las detenciones y exigió su liberación inmediata. Reiteró además que ciertos casos han terminado en cortes penales hutíes, acusados sin justificación de espionaje. La ONU ha denunciado que estos actos podrían constituir crímenes de guerra.
Gaza y Malí: misiones de alto costo humano
El nivel de violencia contra personal humanitario no es nuevo. Durante la guerra entre Israel y Hamás en Gaza, al menos 311 miembros del personal de la ONU, en su mayoría palestinos, murieron en ataques y bombardeos indiscriminados. Fue la cifra más alta de trabajadores humanitarios muertos en una sola operación desde la creación de la organización.
En Malí, la MINUSMA —misión de paz activa desde 2013 hasta su retirada en diciembre de 2023— dejó un saldo de más de 300 muertos entre sus filas, convirtiéndose en la más mortal en la historia de la ONU. Este hecho es un recordatorio del creciente riesgo inherente en las misiones que tienen lugar en conflictos complejos donde no hay respeto por la neutralidad humanitaria.
¿La ONU en peligro de extinción operativa?
El personal de la ONU —ya sean obreros humanitarios, soldados de paz o enviados políticos—, históricamente ha actuado como tercera parte neutral en escenarios de crisis. Su función es clara: llevar asistencia, promover el diálogo, proteger a los más vulnerables. Sin embargo, el respeto hacia su rol ha menguado, especialmente por actores estatales y no estatales que ven en la ONU un obstáculo más que un intermediario legítimo.
No es coincidencia que en los últimos años se haya visto un retroceso en el respeto por las normativas internacionales. En palabras del propio Dujarric: “Están allí por la paz. Están allí por el pueblo. Deben ser respetados”.
El costo humano de ignorar el derecho internacional
Las estadísticas son alarmantes:
- 311 empleados de la ONU muertos en Gaza (2023)
- 300+ cascos azules muertos en Malí (2013-2023)
- 69 trabajadores detenidos en Yemen (2023)
- Decenas de empleados muertos o heridos en Sudán y Sudán del Sur solo en diciembre de 2023
Numerosos expertos han alertado sobre la “normalización de lo inadmisible”: ataques, asesinatos, secuestros, y detenciones forman ahora parte del riesgo inherente al trabajo humanitario. Esta dinámica erosiona gravemente la confianza en los acuerdos internacionales que garantizan protecciones específicas para este tipo de misiones bajo la Convención de Ginebra y tratados similares.
¿Qué se puede hacer?
Los expertos instan a una respuesta multilateral más firme. La protección del personal humanitario debe convertirse en una prioridad urgente. Algunas de las medidas discutidas en foros diplomáticos incluyen:
- Imposición de sanciones internacionales a países o grupos que agredan al personal de la ONU.
- Reforzamiento de mecanismos de rendición de cuentas ante la Corte Penal Internacional.
- Vigilancia reforzada de misiones mediante tecnología satelital y drones defensivos.
- Capacitación a gobiernos receptores sobre derecho internacional humanitario.
Más allá de lo político, cada asesinato, cada desaparición forzada o cada obstrucción a la ayuda humanitaria es una tragedia doble: por la vida perdida y por las miles de personas afectadas a las que esa ayuda nunca llegará.
Un grito por la humanidad en medio del caos
Lo que ocurrió esta semana no es un cúmulo de incidentes aislados. Es la manifestación de una tendencia sistémica: la degradación del respeto por el derecho internacional y de la figura de la ONU como mediador neutral.
La narrativa de crisis no puede limitarse únicamente a cifras, sino a la devastadora realidad que enfrentan miles de trabajadores humanitarios. Como enfatizó Antonio Guterres: “Las Naciones Unidas no son las enemigas de ninguna nación, sino aliadas del pueblo. Agredirlas es agredir la esperanza misma”.
