¿Una ONU sin África?: La lucha del continente por un asiento justo en el Consejo de Seguridad
El llamado de El-Sissi por una representatividad africana real en el tablero global despierta nuevamente el debate sobre la democracia en la gobernanza internacional
Un viejo reclamo con nuevo impulso: África exige voz y voto
Durante la conferencia de la Asociación Rusia-África celebrada en El Cairo, el presidente egipcio Abdel-Fattah el-Sissi reiteró una demanda histórica que resuena cada vez con más fuerza en el entorno geopolítico actual: la reforma estructural del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para incluir a África con un rol protagónico. Un reclamo que no solo apunta a la justicia histórica, sino también a la eficacia de un sistema multilateral obsoleto.
“La voz de África debería estar presente e influyente en la toma de decisiones globales”, sentenció el mandatario en una declaración leída por su canciller, ante la presencia del Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, y decenas de ministros y representantes de más de cincuenta países africanos.
¿Por qué África busca asientos permanentes?
Desde 2005, la Unión Africana ha exigido que el continente obtenga dos asientos permanentes con derecho a veto en el Consejo de Seguridad. La razón es clara: ningún otro continente ha sido tan profundamente afectado por conflictos prolongados como África, y al mismo tiempo, tan excluido de los procesos clave de toma de decisiones globales.
África alberga a más de 1.400 millones de personas, posee vastos recursos naturales críticos para la transición energética (coltan, litio, cobalto), y está en plena expansión demográfica y económica. Aun así, el continente permanece con una representación rotativa y sin veto en el principal órgano encargado de la paz y seguridad mundial.
Un sistema que huele a 1945
El Consejo de Seguridad se estableció tras la Segunda Guerra Mundial con cinco miembros permanentes con poder de veto: Estados Unidos, Rusia (entonces URSS), China, Reino Unido y Francia. Desde entonces, el mundo ha cambiado dramáticamente, pero esa misma configuración sigue vigente, como si el planeta girara todavía en torno a los ganadores de un conflicto de hace casi 80 años.
El organismo cuenta además con 10 miembros no permanentes, elegidos por la Asamblea General por periodos de dos años, sin derecho a veto. Actualmente, ningún país africano tiene asiento permanente, lo que genera una evidente asimetría en un mundo cada vez más interdependiente y multipolar.
Cita en El Cairo: Rusia, África y el multilateralismo
La cumbre realizada en El Cairo gana magnitud si se considera el contexto geopolítico: una Rusia aislada por Occidente tras la invasión a Ucrania que busca alianzas alternativas, y una África que reclama respeto y autonomía. El encuentro se posiciona como un intento de redefinir equilibrios.
“Seguimos siendo socios confiables de los Estados africanos para fortalecer su soberanía nacional tanto en ámbitos políticos como de seguridad”, afirmó Lavrov.
Rusia, heredera de la URSS y con votaciones erráticas en la ONU en las últimas décadas, se muestra ahora como una aliada estratégica para los intereses africanos. Desde la entrega de armamento en zonas calientes del Sahel hasta acuerdos energéticos con países como Egipto y Sudáfrica, Moscú refuerza su vínculo con África a través de la narrativa de la equidad internacional.
Reacciones frente al reclamo africano
La lucha de África por asientos permanentes cuenta con simpatizantes, pero también enfrenta resistencias. Francia y Reino Unido, que tienen lazos históricos con varios países africanos, han demostrado comprensión en foros multilaterales anteriores, pero no han avanzado hacia renuncias reales de privilegio.
Estados Unidos ha reiterado, especialmente durante las administraciones de Obama y Biden, su interés en reformar el Consejo incluyendo a África, India y otros países emergentes. Sin embargo, a la hora de la acción concreta el tablero se traba. La falta de un consenso entre los cinco miembros permanentes frena cualquier intento de reforma profunda.
El peso creciente del continente africano
Más allá de los discursos, los datos sostienen la relevancia creciente de África:
- 1 de cada 5 personas en el mundo será africana para 2050, según proyecciones de la ONU.
- Países como Nigeria y Etiopía están entre los que más rápido crecen demográficamente.
- Africanos representan ya más del 8% del comercio global en bienes primarios.
- 27 países africanos integran operaciones de paz de la ONU como principales contribuyentes de tropas.
¿Cómo se explica entonces que un continente con tal presencia y rol activo, continúe sin posibilidad de tener un derecho estructural a decidir en las crisis internacionales?, cuestionan los analistas.
Una reconfiguración necesaria y urgente
El modelo ideal para muchos negociadores africanos es el llamado Consenso de Ezulwini, documento adoptado por la Unión Africana que marca la hoja de ruta para las reformas internas de la ONU. En él se exige:
- Dos asientos permanentes para África, con poder de veto si se mantiene ese privilegio.
- Al menos cinco asientos no permanentes, rotativos entre subregiones africanas.
Importantes organismos de análisis político internacional, como International Crisis Group y el portal de la ONU, han coincidido en que sin una reforma profunda, el Consejo corre el riesgo de convertirse en un órgano cada vez más irrelevante frente al avance de alianzas regionales y foros multilaterales paralelos como el G20, BRICS o la Unión Africana misma.
El papel del Sur Global y el retorno de los bloques políticos
La concreción del reclamo africano no solo depende de sus propios líderes, sino también de un entorno global que empieza a girar hacia un mundo multipolar, con bloques que exigen mayor equidad en la gobernanza internacional.
Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), por ejemplo, han sido voceros recurrentes de reformas estructurales en organismos como el FMI, el Banco Mundial y el propio Consejo de Seguridad. Tal como señaló El-Sissi, la reforma debe también alcanzar a las instituciones financieras internacionales, dominadas históricamente por Occidente, para que África tenga “una representación equitativa”.
¿Un asiento simbólico o un poder real?
La inclusión de África no puede saldarse con un gesto simbólico o solo presencia rotativa. Lo que el continente reclama, con justa razón, es un espacio decisivo que refleje su peso en el escenario internacional. Esto implica el acceso al derecho de veto, o su abolición total por ser antidemocrático, como proponen algunos sectores progresistas.
Como dijo recientemente el exsecretario general del Consejo de Seguridad de la ONU, Jean-Marie Guéhenno: “Un Consejo de Seguridad con cinco países que retienen poder de veto desde hace 80 años no puede seguir pretendiendo ser legítimo en el siglo XXI”.
Voluntad política: el eslabón que falta
En su declaración, El-Sissi señaló que se elaborará un plan de consolidación de la asociación Rusia-África de cara a la próxima cumbre de jefes de Estado. Pero incluso con estos esfuerzos, el éxito dependerá de algo más intangible y difícil de conseguir: la voluntad política colectiva y sostenida.
Mientras tanto, África seguirá empujando la historia. Esta vez no como el espacio marginal del pasado colonial, sino como un actor necesario —e inevitable— en el tablero global.
Una voz que ya no se puede ignorar
La conferencia en El Cairo se inscribe dentro de una narrativa cada vez más fuerte desde muchas capitales africanas: el mundo debe dejar de tratar al continente como un receptor pasivo de ayuda humanitaria o conflicto, y comenzar a respetarlo como un socio político estratégico. Ese será, quizás, el mayor desafío para el sistema internacional en los próximos años.
