Allentown, el termómetro electoral de la clase trabajadora en EE.UU.

Una mirada a cómo la economía, la política y la identidad cultural de Allentown están moldeando el electorado estadounidense

Allentown, Pensilvania, se ha convertido en el símbolo silencioso del malestar económico y la tensión política que atraviesa Estados Unidos. Esta ciudad de clase trabajadora, eternamente presente en los discursos de campaña y en las crónicas sobre las «dos Américas», hoy se enfrenta a una encrucijada que va más allá de lo económico: la definición de su identidad y su rol en el cambiante mapa electoral del país.

Una ciudad entre la nostalgia industrial y la esperanza del cambio

Muchos oímos hablar de Allentown por la canción de Billy Joel en los 80, que hablaba de fábricas cerradas, sueños frustrados y familias obreras resistiendo contra viento y marea. Cuatro décadas después, aunque el acero dejó de forjarse en sus fábricas, la desilusión y la lucha no han desaparecido. El núcleo urbano todavía tiene ese aire de ciudad postindustrial que no logra rehacerse del todo pese a nuevos desarrollos, estadios modernos e intentos de revitalización.

Pero hay una transformación silenciosa en marcha. En los últimos años, Allentown ha visto un crecimiento notable de comunidades latinas —particularmente puertorriqueñas, mexicanas y dominicanas— que han redefinido la vida cultural, comercial y política del área. En 2022, el 54% de la población de la ciudad era latina, según datos del U.S. Census Bureau. Además, por primera vez en su historia, Allentown eligió un alcalde latino, Matt Tuerk, marcando un punto de inflexión simbólico pero poderoso.

Una clase trabajadora al límite: "Nada es accesible ya"

Para personas como Idalia Bisbal, una jubilada originaria de Nueva York que llegó buscando una vida más asequible, la decepción es profunda. “Es peor que nunca. Todo está carísimo. No puedes pagar el alquiler, ni la comida, ni los servicios. La gasolina es carísima. Todo es carísimo”, dice mientras toma un café en un restaurante local. La suya es una realidad compartida por muchos en el valle de Lehigh.

El aumento generalizado de precios —desde el supermercado hasta los servicios básicos— ha puesto al límite a las familias trabajadoras en Allentown, especialmente a las que dependen de ingresos fijos como el Social Security. Aunque las cifras macroeconómicas como el desempleo puedan parecer estables y las bolsas de valores suban, en las calles la percepción es otra.

De acuerdo con una encuesta del Centro de Investigación AP-NORC en 2025, solo el 31% de los adultos en Estados Unidos aprueba la gestión económica del expresidente Donald Trump. Sin embargo, figuras como JD Vance —senador y actual vicepresidente— continúan defendiendo la idea de que Trump” dejó una economía con calificación “A+++++”, una visión que muchos, como Bisbal, consideran una burla: “¡En su mundo! En el mundo de los ricos. En nuestro mundo, eso es una ‘F’, ‘F’, ‘F’”, remarcó.

El nuevo epicentro del ajedrez político

Allentown se ha convertido en terreno crucial para las campañas de ambos partidos. No es coincidencia que tanto Donald Trump como Kamala Harris, su oponente demócrata en 2024, hayan visitado la ciudad en múltiples ocasiones durante sus recorridos de campaña.

Aparte de su carga simbólica, el distrito congresional que incluye Allentown podría decidir el control de la Cámara de Representantes en las próximas elecciones intermedias. El congresista republicano Ryan Mackenzie, quien derrotó a una demócrata de tres periodos, ahora enfrenta una reelección complicada. Su esfuerzo para equilibrar el discurso económico conservador con una imagen más empática quedó en evidencia cuando se unió a otros tres republicanos para garantizar la extensión de subsidios de salud que expiran a fin de año.

“Es un desfavorecido”, admite Joe Vichot, presidente del comité republicano del condado de Lehigh. “Pero su voto por los subsidios muestra que tiene compasión por los necesitados.”

Crisis de asequibilidad: gasolina, salud y alimentos

El alto costo de vida se ha convertido en el tema más común en los cafés, mercados y reuniones comunitarias de Allentown. Sean republicanos, demócratas o independientes, todos coinciden en algo: los precios están demasiado altos.

Algunos apuntan a la inflación mundial, otros a decisiones políticas locales y nacionales. Tony Iannelli, presidente de la Cámara de Comercio del Valle de Lehigh, no comparte el optimismo de Trump. “Tenemos una economía fuerte, pero aún no hemos llegado a lo que llamaría una economía robusta”.

Tom Groves, empresario en el rubro de beneficios de salud, le da un “B+” a la economía, culpando en parte al Affordable Care Act (Obamacare) por el alza de los costos médicos, mientras que sigue vigilando la volatilidad bursátil y laboral.

Latinos deciden: el giro demográfico y político

La creciente población latina ha alterado dinámicas electorales, sociales y culturales de forma irreversible. Según el Pew Research Center, los latinos representarán un 13.3% del voto total a nivel nacional en 2026, y Allentown es el terreno de prueba perfecto para esa transformación.

El alcalde Tuerk lo resume así: “Este es un lugar en constante cambio. Y en los próximos tres años hasta la elección presidencial, veremos mucho más cambio. Será una travesía interesante”.

No obstante, ese cambio no garantiza lealtades permanentes. En las elecciones presidenciales de 2024, el condado de Lehigh basculó hacia Trump. Harris lo ganó por apenas 2.7 puntos, la peor actuación de un demócrata en esa región desde 2004. A pesar de la fuerza demócrata en elecciones locales recientes —como la del ejecutivo del condado—, resulta claro que los latinos no forman ni un bloque homogéneo ni una garantía partidaria.

El desencanto con “Bidenomics” y el regreso del trumpismo

Mientras los republicanos denuncian los fracasos del llamado Bidenomics, muchos votantes expresan hartazgo de una política que sienten alejada de sus realidades diarias. Pat Gallagher, otra jubilada local, expresa ese sentir al recordar su trabajo en Bethlehem Steel. “Me frustra oír hablar de la política. Yo solo quiero poder alimentar a mi familia y pagar las cuentas.”

A nivel local, la contradicción entre discurso y realidad es calcada a nivel federal: Vance asistió a un evento en una fábrica donante del GOP, mientras que a solo unos kilómetros, en la planta de Mack Trucks, se despidieron a 200 empleados este año, en parte, según la empresa, debido a los aranceles impuestos por Trump.

¿Cuál será el futuro de Allentown?

Allentown, con sus contrastes históricos, culturales y económicos, representa un microcosmos de los dilemas que enfrenta Estados Unidos: recuperación tras la desindustrialización, integración de nuevas comunidades, crisis del costo de vida y una población frustrada con la clase política tradicional.

Lo que está claro es que los votantes de la ciudad —latinos, jubilados, trabajadores industriales, jóvenes— serán claves en la forma en que se desarrollen las próximas elecciones legislativas y presidenciales.

En palabras de Tuerk: “Aquí no hay espacio para estancamiento. Esta ciudad avanza, le guste a quien le guste. Somos el futuro político de Pensilvania, y quizás del país.”

Este artículo fue redactado con información de Associated Press