EE.UU., Jordania y el resurgimiento del Estado Islámico en Siria: ¿una amenaza que vuelve a encender las alarmas?

Análisis geopolítico sobre los recientes ataques aéreos en Siria, el rol de Jordania y el renacimiento estratégico del Estado Islámico en el sur del país

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Una nueva ofensiva en Siria: ¿Vuelve a arder el polvorín?

El pasado viernes, Estados Unidos lanzó una serie de ataques aéreos en Siria en represalia por un ataque a sus tropas, en el que murieron dos soldados estadounidenses y un intérprete civil. La respuesta fue contundente: más de 70 objetivos atacados en áreas bajo influencia de células del Estado Islámico (EI), específicamente en el sur y centro del país. Lo más llamativo, sin embargo, fue la participación directa de la Fuerza Aérea jordana, lo que marca un giro estratégico importante en la geopolítica de Medio Oriente.

Así, ante una opinión pública cansada de guerras interminables y un contexto regional de alianzas frágiles, el papel de Jordania y los recientes movimientos del EI parecen anunciar una época de crecientes tensiones en la zona. Pero ¿qué implicaciones tiene esta nueva ofensiva? ¿Realmente el EI está volviendo a amenazar con fuerza en la región? ¿Y cuál es el interés estratégico de países como Jordania en esta lucha?

Los hechos: ofensiva relámpago estadounidense y participación jordana

El 13 de diciembre, un ataque armado perpetrado por un guardia de seguridad sirio supuestamente afiliado al Estado Islámico dejó tres estadounidenses muertos y otros varios heridos cerca de Palmyra. Aunque el autor fue abatido, el ataque encendió inmediatamente las alarmas en Washington.

En respuesta, EE.UU. activó su maquinaria militar. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó ataques aéreos con aviones de combate, helicópteros de ataque y artillería sobre posiciones clave del EI en Siria. La ofensiva también contó con la participación de Jordania, cuyo ejército utilizó aeronaves para atacar objetivos en el sur sirio.

Este ataque conjunto es significativo, no solo por su dimensión táctica, sino sobre todo por su implicancia estratégica: marca una coalición operativa activa entre los países aliados en el esfuerzo por frenar un posible resurgimiento del Estado Islámico en Siria —una amenaza que parecía dormida en los últimos años.

Jordania, una pieza clave en el juego del ajedrez regional

Jordania ha sido históricamente un socio fundamental para Occidente en la región. Es uno de los 90 países que integran la Coalición Internacional contra el Estado Islámico. Su implicación directa en operaciones aéreas refleja una creciente preocupación por la seguridad en sus fronteras, especialmente frente al resurgimiento de ISIS en el sur de Siria, una zona cercana a su frontera norte.

En un comunicado oficial, las fuerzas armadas jordanas declararon que la operación buscaba “evitar que grupos extremistas usen estos territorios como plataformas de ataque, especialmente ahora que ISIS ha reconstruido capacidades en el sur sirio”.

No se trata de un temor infundado: el sur de Siria, una región económicamente deprimida y con amplias zonas fuera de control gubernamental, ha sido un caldo de cultivo propicio para el retorno de grupos yihadistas. De hecho, la región de Daraa y partes del desierto circundante, conocidas como Badia, han visto una creciente actividad insurgente en los últimos seis meses.

¿Está realmente regresando el Estado Islámico?

Pese a que las fuerzas del Estado Islámico fueron prácticamente derrotadas territorialmente en 2019, lo cierto es que su capacidad operativa clandestina sigue viva.

  • En los últimos seis meses, EE.UU. y sus aliados han realizado más de 80 operaciones antiterroristas en Siria.
  • Solo desde el ataque del 13 de diciembre, se han ejecutado 10 operaciones que resultaron en al menos 23 operativos de ISIS muertos o capturados.

Además, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con base en el Reino Unido, reportó que al menos cinco militantes del EI murieron durante la reciente ofensiva. Entre ellos se encontraba un presunto líder de células locales.

Es claro que ISIS ha adoptado una estrategia de supervivencia adaptativa. Ya no controla ciudades ni impone leyes draconianas en centros urbanos; ahora, sus milicias están fragmentadas en células móviles que operan en zonas rurales y desérticas, lo que dificulta su erradicación.

El perfil del atacante y las infiltraciones en la seguridad siria

Uno de los aspectos más inquietantes de este caso es el perfil del atacante. Se trataba de un guardia de seguridad sirio que se había incorporado recientemente a las fuerzas del régimen. Según fuentes oficiales, estaba bajo investigación por posibles vínculos con el Estado Islámico, pero fue transferido a otra unidad sin ser apartado del servicio.

El hombre irrumpió en un almuerzo entre militares estadounidenses y oficiales sirios, disparando indiscriminadamente. Esta vulnerabilidad expone la fragilidad de los protocolos de seguridad interna en Siria y el riesgo de infiltración de extremistas en funciones clave del aparato estatal.

¿Qué rol cumple el gobierno interino de Siria?

El presidente interino sirio, Ahmad al-Sharaa, mostró su apoyo a la ofensiva estadounidense, a pesar de tener un pasado vinculado con grupos islamistas radicales, específicamente con facciones afiliadas a al-Qaeda. Sin embargo, su enemistad de larga data con el Estado Islámico ha sido bien documentada.

ISIS, por su parte, calificó a su gobierno como “apóstata” en recientes declaraciones, mostrando hostilidad activa contra las fuerzas leales a al-Sharaa. Uno de los ataques atribuidos a ISIS cobró la vida de cuatro soldados sirios en la provincia de Idlib.

EE.UU. y una estrategia clásica de contención reforzada

La estrategia de Estados Unidos, más allá de su carácter inmediato de represalia, parece orientarse a una doctrina de disuasión clásica: responder con fuerza cada incursión o amenaza, y reforzar alianzas regionales clave. Sin embargo, esto no ocurre en un vacío geopolítico.

Con el foco global cambiando hacia el Indo-Pacífico y los conflictos en Gaza y Ucrania dominando la agenda internacional, la administración estadounidense había comenzado a reducir su huella militar directa en Medio Oriente. El nuevo ataque podría, sin embargo, marcar un punto de inflexión.

“Esto no es una nueva guerra, pero sí un mensaje claro: no permitiremos un segundo ascenso del Estado Islámico”, mencionó un portavoz del Pentágono bajo condición de anonimato.

El desafío de reconstruir y estabilizar el sur de Siria

Aunque se habla mucho sobre erradicar grupos como ISIS, poco se habla de las causas estructurales que propician su renacimiento: pobreza, corrupción, desplazamiento y vacío de poder. La región sur de Siria sigue siendo una de las zonas más marginadas del país.

Sin inversiones en salud, educación y empleo, y con una gran parte de su infraestructura en ruinas luego de años de guerra civil, la presencia de grupos armados permanece como alternativa de subsistencia para muchos jóvenes privados de oportunidades.

Por eso, expertos advierten que atacar al EI es solo una cara del problema. La otra es reducir su atractivo ideológico y socioeconómico, y para eso se necesita mucho más que bombardeos.

¿Qué depara el futuro inmediato?

La reactivación de Jordania como actor militar en Siria, la respuesta veloz de EE.UU. y la letalidad de las células yihadistas muestran que la región sigue siendo un terreno fértil para conflictos prolongados si no se apuesta por una estrategia integral de seguridad y desarrollo.

Entonces, pese a los mensajes oficiales de “misión cumplida” tras la caída del califato físico en 2019, los eventos recientes confirman algo que muchos analistas ya temían: el Estado Islámico no estaba muerto, solo estaba esperando el momento adecuado para volver a actuar.

Habrá que ver si la coalición internacional evoluciona hacia una fase más pragmática, más centrada en la prevención y reconstrucción que en la mera eliminación táctica. Mientras tanto, los ojos del mundo vuelven a mirar hacia Siria… una vez más.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press