Sangre, Poder y Geopolítica: La Agitación en Congo, Pakistán y Bangladesh Sacude al Mundo
Conflictos armados, condenas políticas y funerales multitudinarios exponen la fragilidad de regímenes en África y Asia
En las últimas semanas, tres regiones geográficas distantes —el este del Congo, Pakistán y Bangladesh— han sido epicentros de intensas crisis políticas y sociales que reflejan la volatilidad geopolítica global de 2024. Desde el resurgimiento de la violencia rebelde en el Congo respaldada por fuerzas extranjeras, hasta condenas polémicas contra un exprimer ministro en Pakistán y el asesinato de un activista clave en Bangladesh, los paralelismos de estas crisis muestran una preocupante tendencia: la fricción constante entre poder estatal, rebelión y justicia ciudadana.
El Este del Congo: Guerra por Recursos y Geopolítica Regional
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenó recientemente la ofensiva del grupo rebelde M23 en el este de la República Democrática del Congo (RDC), extendiendo al mismo tiempo el mandato de la misión de paz MONUSCO por un año más. Esta región ha estado plagada de conflictos durante décadas, en los cuales convergen una rica reserva de minerales raros, intereses económicos transnacionales y disputas étnicas.
El M23, respaldado por Ruanda según denuncias de la ONU y del propio gobierno congoleño, ha pasado de ser una pequeña milicia en 2021 con algunos cientos de miembros, a una fuerza con hasta 6,500 combatientes en 2024. La milicia tomó recientemente la ciudad estratégica de Uvira, aunque anunció su retirada —que el gobierno congolés calificó como una maniobra teatral.
“Con más de 100 grupos armados activos en la región, el este del Congo es hoy un polvorín geopolítico alimentado por intereses foráneos e internos”, afirmó un representante de la ONU.
El conflicto ha desplazado a más de 7 millones de personas y causado una de las peores crisis humanitarias del mundo, con brotes de enfermedades, hambruna y violencia sexual sistémica. La misión de la ONU, activa desde 2010, ha sido ampliamente criticada por su ineficacia para proteger a la población civil.
Pakistán: Corrupción, Condenas y el Colapso del Populismo
Mientras tanto, en Asia del Sur, el exprimer ministro de Pakistán, Imran Khan, y su esposa, Bushra Bibi, fueron sentenciados a 17 años de prisión por corrupción relacionada con la venta ilícita de regalos estatales durante su mandato.
El caso gira en torno a joyas y artículos de lujo recibidos de dignatarios extranjeros, especialmente de Arabia Saudita, cuyo valor real —$285,000 según fiscales— fue reportado como de solo $10,000 para facilitar su compra a un precio simbólico. Aunque Khan alegó inocencia y calificó el proceso como persecución política, los tribunales lo hallaron culpable.
Su partido, Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI), calificó la resolución como “un capítulo negro en la historia judicial paquistaní”. Imran Khan, de 73 años, otrora héroe deportivo y populista ascendente, ha pasado de ser primer ministro a preso con múltiples penas acumuladas.
Su condena se suma a una serie de medidas represivas que sugieren una ofensiva institucional para bloquear su regreso al poder.
Bangladesh: El Precio de la Resistencia y las Llamas del Cambio
En Bangladesh, la muerte de Sharif Osman Hadi, un activista carismático y crítico feroz del gobierno y la influencia de la India, desató una marea de emociones y protestas. Hadi fue asesinado tras recibir disparos en diciembre y murió en un hospital de Singapur. Su funeral atrajo a cientos de miles de manifestantes, quienes reclamaron justicia y un retorno a una democracia verdadera.
Su asesinato ha tensado aún más las ya deterioradas relaciones diplomáticas con India, donde, según fuentes de seguridad, huyó el responsable del atentado. La líder exiliada Sheikh Hasina también se encuentra refugiada en India desde agosto de 2024, alimentando acusaciones de intervencionismo regional.
Actualmente, Bangladesh es gobernado transitoriamente por Muhammad Yunus, ganador del Nobel de la Paz y arquitecto del proceso democrático en marcha tras la caída de Hasina. Pero grupos violentos y tensiones políticas amenazan el camino hacia unas elecciones libres en febrero.
El grupo Inqilab Moncho, al que Hadi representaba, lo calificó como mártir nacional. Su entierro junto al poeta nacional Kazi Nazrul Islam en el campus de la Universidad de Dhaka, evoca un simbolismo profundo de rebeldía cultural y resistencia patriótica.
Intersecciones: Rebeliones, Represalias y Reacción Popular
¿Qué une a estas tres crisis? Primero, la erosión de la legitimidad estatal frente a actores no estatales (milicias, movimientos ciudadanos, líderes religiosos). Segundo, el uso estratégico del sistema judicial como herramienta política. Y tercero, una constante: el uso de la violencia como último recurso frente al desacuerdo o la imposición.
- En RDC, la comunidad internacional exige la retirada de tropas ruandesas, mientras millones de civiles quedan atrapados entre las balas.
- En Pakistán, la sentencia de Khan podría marcar el fin definitivo de su carrera política, pero también encender chispas sociales.
- En Bangladesh, la muerte de Hadi resucita los fantasmas del autoritarismo y fortalece la narrativa de resistencia democrática.
Por más distintas que sean estas naciones en cultura e idioma, hoy se encuentran unidas por una lucha común: el clamor popular por justicia, paz y representación.
2024: El año en que el Sur Global dijo "basta"
Las luchas de la RDC, Pakistán y Bangladesh son ejemplos del agotamiento de millones de personas ante estructuras de poder corruptas, guerras interminables e impunidad transnacional. Mientras las potencias mediadoras como Estados Unidos intentan establecer acuerdos, la falta de inclusión real en estas mesas (como ocurrió con M23, excluido del último acuerdo de paz) deja grietas que, tarde o temprano, vuelven a sangrar.
No bastarán condenas o misiones prolongadas de paz para restaurar el equilibrio. La clave está en la escucha, en la rendición de cuentas transparente y en un rediseño real de los mecanismos democráticos que permita a las sociedades vulnerables reconstruirse desde lo local.
Como dijo el activista Sharif Osman Hadi antes de su muerte:
“No busco poder, busco verdad. Y la verdad nunca será propiedad de unos pocos.”
Una frase que, probablemente, hoy resuena también en las montañas de Kivu, en las celdas de Rawalpindi y en las calles dolientes de Dhaka.
