La tienda secreta de alcohol en Arabia Saudita: ¿un pequeño trago de liberalización o una señal de cambio mayor?
La apertura silenciosa de una exclusiva tienda de alcohol en Riad marca un giro inédito en el reino ultraconservador. ¿Es este el primer paso hacia una Arabia Saudita más abierta (y alcohólica)?
Un trago en el corazón de Riad: cuando lo prohibido se vende discretamente
En un rincón discreto del Barrio Diplomático de Riad, la capital de Arabia Saudita, se encuentra una tienda sin letreros, sin publicidad y bajo un estricto protocolo de seguridad. Lo que alberga esta tienda va en contra de más de siete décadas de prohibición absoluta: alcohol.
Este fenómeno no ha sido anunciado oficialmente por el gobierno saudita, pero su existencia ya es bien conocida por ciertos círculos privilegiados. Inaugurada en enero de 2024, primero solo abrió sus puertas a diplomáticos no musulmanes. Pero ahora, discretamente, el acceso se ha extendido a otro grupo exclusivo: extranjeros no musulmanes con Residencia Premium.
De la prohibición a la tolerancia limitada: la historia del veto al alcohol en Arabia Saudita
La historia del alcohol en Arabia Saudita es tan turbulenta como simbólica. En 1951, el entonces rey Abdulaziz prohibió el alcohol tras un incidente en el que su hijo, el príncipe Mishari, intoxicado, asesinó de un disparo al vicecónsul británico en Yeda. Desde entonces, la ley islámica o sharía ha marcado una prohibición estricta del consumo, venta y posesión de bebidas alcohólicas.
Muchos consideran que esta apertura de la tienda representa una especie de experimento del príncipe heredero Mohammed bin Salman (conocido como MBS), quien ha liderado una transformación sin precedentes bajo el paraguas del plan Visión 2030, enfocado en diversificar la economía saudita y reducir su dependencia del petróleo.
¿Qué es la Residencia Premium?
La opción de Residencia Premium en Arabia Saudita fue lanzada en 2019 como una iniciativa para atraer talento extranjero, inversionistas y emprendedores. A diferencia de otros tipos de visas o permisos, este no requiere patrocinio de un ciudadano saudita, y permite al portador múltiples beneficios como:
- Poseer propiedades
- Iniciar negocios por cuenta propia
- Traer a sus familiares con residencias legales
- Y ahora, acceder legalmente a alcohol
Pero estos beneficios tienen un costo: para obtener esta residencia, los extranjeros deben demostrar un alto ingreso o hacer una inversión significativa dentro del reino. De ahí que el acceso a la tienda de alcohol esté limitado a una élite.
La experiencia dentro de la tienda: protocolo y secreto absoluto
La tienda, similar a una tienda libre de impuestos de aeropuerto, está vigilada 24/7. Los clientes deben pasar por revisiones de seguridad que incluyen cacheos, revisión de gafas inteligentes y la prohibición absoluta del uso de teléfonos móviles o cámaras dentro del establecimiento.
“Hay bastante surtido, aunque la selección de vinos y cervezas es algo limitada”, comentó un cliente extranjero al salir de la tienda, bajo condición de anonimato. “Los precios están por las nubes en comparación con otros países. Los diplomáticos no pagan impuestos, pero los de Residencia Premium sí. Eso marca una gran diferencia.”
Una apertura con límites claros
El acceso al alcohol permanece estrictamente prohibido para los ciudadanos sauditas musulmanes y para la gran mayoría de la población. Esto crea una realidad doble: una minúscula élite extranjera puede satisfacer su demanda privada de licores, mientras que el resto del país sigue bajo la norma religiosa.
En paralelo, aquellos que quieren consumir alcohol suelen optar por viajes de fin de semana a Bahréin, donde el alcohol es legal incluso para musulmanes, o a Dubái. Una opción más riesgosa e ilegal es el mercado negro o la producción casera: rentable para algunos, pero peligrosa debido a intoxicaciones por ingredientes o destilaciones inseguras.
La paradoja social: beber o no beber, esa es la cuestión
En los últimos años, surgió una moda que refleja la tensión cultural en torno al consumo de alcohol: bebidas sin alcohol presentadas como sustitutos visuales y sociales. Cervezas 0.0%, vinos sin contenido alcohólico y cocteles de estética sofisticada han llenado los estantes de supermercados y se ofrecen en restaurantes de alto nivel.
Muchos jóvenes sauditas los consumen y los publicitan en redes sociales, utilizando sus copas y botellas para asociarse con una vida moderna y globalizada, sin violar las normas religiosas.
¿Normalización o estrategia calculada?
La pregunta más importante sigue en el aire: ¿Esta tienda representa el inicio de una apertura gradual al consumo público de alcohol?
“El alcohol no es solo una bebida, es un símbolo fuerte en cualquier sociedad musulmana”, señala Dr. Ghanem al-Dossari, sociólogo saudita exiliado. “El hecho de que ahora se permita, aunque sea a un grupo pequeño, tiene implicaciones importantes en el tejido del país”.
Desde el año 2016, bajo la política Visión 2030, Arabia Saudita ha visto la llegada de salas de cine, conciertos internacionales, luchas de la WWE, e incluso la conducción permitida para mujeres. Pero estos avances no han venido acompañados de libertades políticas. La crítica al gobierno, los activistas de derechos humanos y periodistas siguen enfrentando prisión o incluso la pena de muerte.
Un movimiento de política exterior y economía
Atrás de esta tienda de alcohol no hay solo una decisión cultural: hay estrategia geopolítica y económica. Arabia Saudita quiere proyectarse como un país estable, amigable para inversores y turistas internacionales.
El Reino busca recibir a más de 100 millones de turistas anuales para 2030. Las expectativas son altas, pero competir con destinos regionales como Dubái u Omán no es posible sin ofrecer ciertas comodidades occidentales, entre ellas, el consumo regulado de alcohol para no musulmanes.
En ese sentido, podría decirse que esta tienda es apenas el laboratorio secreto. Un test para medir la respuesta social, política e internacional.
¿Qué sigue?
Es casi seguro que el acceso al alcohol seguirá limitado en el corto plazo. Pero expertos creen que se está trazando una ruta lenta e irreversible hacia la liberalización social controlada. “No creo que veamos bares en Riad todavía”, opina una fuente diplomática. “Pero en 10 años, tal vez. Este país cambia más rápido de lo que muchos están listos para aceptar.”
Este sorbo de cambio nos deja con más preguntas que respuestas. Pero hay algo claro: en Arabia Saudita, hasta una tienda secreta puede convertirse en un símbolo de transformación histórica.
