¿Por qué cada vez menos estadounidenses donan a causas benéficas a fin de año?
Los cambios económicos, el escepticismo sobre las plataformas de recaudación y la competencia con las compras navideñas están redefiniendo la solidaridad en EE.UU.
En un país donde las campañas benéficas de diciembre solían competir codo a codo con los descuentos del Black Friday, 2025 ha dado señales claras de un cambio en los hábitos solidarios de los estadounidenses.
Un panorama de donaciones menos optimista
Según una reciente encuesta realizada por el AP-NORC Center for Public Affairs Research, apenas la mitad de los adultos en Estados Unidos afirmaron haber realizado donaciones caritativas en 2025. Solo el 18% dijo haber contribuido y planeaba volver a hacerlo antes de fin de año, mientras que otro 6% planeaba donar solamente en diciembre. El resto, un preocupante 30%, ni ha donado ni tiene intención de hacerlo.
Esto pone en serios aprietos a las organizaciones sin fines de lucro, que históricamente han dependido de un empuje en las últimas semanas del año para cerrar sus presupuestos. Según el National Philanthropic Trust, aproximadamente un tercio de las donaciones anuales se produce en diciembre.
Factores económicos que merman la generosidad
No se puede ignorar el contexto económico para entender esta caída. Los recortes a subvenciones sociales implementados por la administración Trump, el congelamiento de los beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) en noviembre, y fenómenos naturales devastadores como los incendios en Los Ángeles, forzaron la atención sobre múltiples causas urgentes. Sin embargo, la inflación continua y los escasos incrementos salariales han limitado el margen de acción de los hogares, sobre todo los de menores ingresos.
En palabras de Dianne Chipps Bailey, directora general de Bank of America Philanthropic Solutions, el 31 de diciembre sigue siendo una fecha clave para los filántropos conscientes, aunque se enfrenta con nuevos retos: “Muchos no dan porque no pueden, y otros porque están siendo más selectivos”.
GivingTuesday: una noble idea eclipsada por el Black Friday
El movimiento GivingTuesday, lanzado en 2012 como antesala solidaria a la euforia consumista tras el Día de Acción de Gracias, consiguió movilizar unos 4 mil millones de dólares en donaciones en su edición más reciente. Sin embargo, la encuesta muestra que solo uno de cada diez estadounidenses colaboró con alguna causa en ese día, mientras que casi la mitad realizó compras durante el Black Friday.
“El Black Friday se lleva la mayor parte del presupuesto de la gente”, opinó Oakley Graham, un padre de familia de Missouri. “Ya no queda mucho para regalar después de eso”.
Graham ilustró esa contradicción: aún con responsabilidades financieras crecientes, como el pago de préstamos estudiantiles y el crecimiento de sus hijos, hace esfuerzos por ser solidario: “Ayudo con reparaciones, dono ropa a Salvation Army. Pero a veces cuesta encontrar el dinero adicional”.
La microdonación en tiendas: una estrategia efectiva
Un dato interesante del sondeo es que un 40% de adultos estadounidenses aportaron alguna donación al momento de pagar en caja en tiendas. Estas microdonaciones, que pueden ser de centavos al redondear una compra, han probado ser accesibles incluso para quienes no tienen capacidad de hacer donaciones grandes.
“No hago muchas compras, pero puedo redondear unos centavos en lugares como Bass Pro Shops para causas conservacionistas”, explicó Graham. “Parece poco, pero si todos lo hicieran, haría una gran diferencia”.
Donar con propósito: el caso de Chuck Dietrick
Chuck Dietrick, arquitecto texano de 69 años, es otro ejemplo de una solidaridad personalizada y multifacética. Junto con su esposa, dona entre $500 y $2,500 anualmente, enfocándose en instituciones que han influido directamente en sus vidas. Entre ellas figura Valley Hope, una organización de rehabilitación donde su hijo fue tratado, un hospicio de Florida que cuidó a su madre, y entidades de apoyo a veteranos de guerra como Disabled American Veterans y Wounded Warrior Project.
“Prefiero dar cantidades pequeñas a muchas organizaciones que significan algo para mí, en vez de entregar un gran monto a una sola”, dijo.
Un dilema entre carencias estructurales y solidaridad institucional
Entre los encuestados que sí donaron en 2025, la mayoría aseguró que los recortes federales no afectaron la cantidad donada, aunque sí influyeron en la selección de causas. De hecho, cerca del 30% consideró que la presión a organizaciones sin fines de lucro fue determinante para elegir dónde donar.
Una de ellas fue Jeannine Disviscour, profesora en Baltimore, quien donó entre $500 y $2,500 este año. La reducción de $1,1 mil millones a la radiodifusión pública por parte del Congreso la impulsó a apoyar a National Public Radio (NPR), comprometida con mantener la cobertura informativa en los denominados “desiertos mediáticos”.
Adicionalmente, proporcionó ayudas económicas y servicios voluntarios a la organización Asylee Women Enterprise, que ofrece apoyo integral a mujeres solicitantes de asilo en su comunidad.
“La necesidad ha aumentado. Sabemos que hay una brecha de financiación, y quería hacer mi parte”, explicó Disviscour.
¿Qué pasará con el altruismo en una economía fragmentada?
El problema no radica solamente en el bolsillo del ciudadano medio. También hay un conflicto creciente de confianza hacia las plataformas de recaudación y hacia el destino real del dinero donado. Casos como el de Instacart, que fue acusado por Consumer Reports de cobrar diferentes precios por los mismos productos a distintos usuarios, inflaman este escepticismo.
Instacart ha declarado que dejará de realizar testeo de precios, una práctica donde algunos clientes veían productos con precios más altos o bajos aleatoriamente. Aunque la empresa niega prácticas como pricing dinámico o basado en historial del usuario, su credibilidad sufrió un golpe. La transparencia se vuelve central en un ecosistema donde cada dólar debe ser justificado no solo para el donante, sino también para la causa a la que se destina.
Solidaridad, ahora más selectiva y localizada
En este nuevo paradigma, se observa una tendencia creciente hacia la donación localizada y experiencial. Se dona a lo que se conoce de primera mano, rechazando las campañas genéricas. Ha surgido una suerte de "filantropía tribal" donde el lazo emocional directo con una causa pesa más que campañas masivas de alto perfil.
Mientras tanto, las organizaciones deberán adaptarse a un contexto en el que ofrecer pruebas de impacto, transparencia radical y adaptabilidad será vital para sostener su operatividad. Los números absolutos de donaciones podrían no recuperarse, pero con una transformación profunda en la forma de involucrar a los donantes, aún se puede preservar la solidaridad como pilar social fundamental.
La generosidad no ha muerto. Solo está buscando su nuevo canal de expresión.
