El nuevo rostro de la ayuda sanitaria de EE. UU. en África: ¿interés estratégico o abandono humanitario?

Los acuerdos sanitarios promovidos por la administración Trump reemplazan la asistencia tradicional con pactos bilaterales condicionados, impactando gravemente los sistemas de salud africanos

  •  EnPelotas.com
    EnPelotas.com   |  

Los nuevos acuerdos de salud impulsados por Estados Unidos en África están reformulando el papel histórico del país como líder mundial en asistencia sanitaria. Pero, ¿se trata de una ayuda más eficiente o de un modelo marcado por la política y los intereses propios?

Un cambio de paradigma: de la ayuda multilateral a negociaciones bilaterales

Durante décadas, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) proporcionó miles de millones de dólares en asistencia sanitaria a países de bajos y medianos ingresos. Este modelo multilateral buscaba fortalecer los sistemas de salud, combatir enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA, implementar campañas de vacunación y mejorar la infraestructura hospitalaria.

Sin embargo, bajo la administración de Donald Trump, este enfoque ha cambiado radicalmente. En lugar de entregar ayuda directamente o a través de agencias internacionales, EE. UU. ha empezado a firmar “acuerdos de salud compactos” individualmente con naciones africanas. Estos acuerdos, condicionados y negociados bilateralmente, buscan reducir el aporte financiero estadounidense e impulsar la “autosuficiencia”.

¿Mutuo beneficio o imposición política?

Oficialmente, esta nueva agenda pretende eliminar el despilfarro y apelar a una mayor eficiencia, exigiendo mayor compromiso financiero de los países beneficiarios. Sin embargo, muchos analistas, como los del Center for Global Development, aseguran que estos pactos han recortado en un 49% el gasto anual de EE. UU. en salud exterior con respecto a 2024.

La realidad es más compleja: países como Nigeria han recibido apoyo condicionado a fortalecer centros de salud cristianos, aunque el país tiene una ligera mayoría musulmana. En algunos casos, la firma de acuerdos sanitarios ha coincidido con pactos migratorios para aceptar deportados desde EE. UU.

Reparto desigual: quién gana y quién pierde

Hasta ahora, al menos nueve países africanos han suscrito estos pactos:

  • Nigeria: Acuerdo por 5 años. EE. UU. aportará más de $2 mil millones mientras que Nigeria debe reunir $2.9 mil millones. Fuerte enfoque en instalaciones cristianas.
  • Rwanda: Pacto por $228 millones, de los cuales EE. UU. entregará $158 millones.
  • Uganda: Acuerdo de $2.3 mil millones, con $1.7 mil millones financiados por EE. UU.
  • Mozambique: Recibe más de $1.8 mil millones, mayormente para VIH y malaria.
  • Lesotho: Uno de los países más pobres del mundo; firmó un acuerdo por más de $232 millones.
  • Eswatini: Pactó hasta $205 millones para vigilancia médica y sistemas de información, a cambio de aumentar su inversión interna por $37 millones.
  • Camerún, Liberia y Kenia: También firmaron pactos, aunque los detalles financieros no se han divulgado por completo.

Estos acuerdos significan un salvavidas para algunos países cuyos sistemas de salud estaban colapsando tras los recortes en ayuda de EE. UU. Pero también han generado preguntas: ¿están siendo presionados para adoptar ciertas políticas a cambio de esa ayuda?

Sudáfrica: la gran ausente

Uno de los casos más emblemáticos es el de Sudáfrica, país con una de las tasas más altas de VIH en el mundo y que anteriormente recibía $436 millones anuales en asistencia para el tratamiento y prevención de la enfermedad. Las disputas diplomáticas con la administración Trump, particularmente en relación con los derechos de los afrikáners, llevaron a la cancelación de toda ayuda.

Esta decisión ha dejado al descubierto la precariedad de los sistemas de salud cuando dependen de financiamiento externo y cómo la política puede llegar a afectar directamente el acceso a servicios médicos que salvan vidas.

La sombra de los acuerdos migratorios

Rwanda, Uganda y Eswatini, países que han firmado acuerdos sanitarios, también están vinculados a pactos con EE. UU. para recibir deportados o solicitantes de asilo de terceros países. Aunque el Departamento de Estado estadounidense ha negado conexiones entre ambas agendas, muchos observadores han señalado que estos acuerdos podrían estar siendo utilizados como moneda de cambio.

“Es difícil no ver un patrón aquí: quienes acceden a colaborar con las políticas migratorias de EE. UU. parecen ser premiados con ayuda sanitaria, mientras que quienes se oponen son castigados”, señaló un exmiembro de USAID bajo condición de anonimato.

Más allá de la salud: interés geopolítico

Desde una perspectiva geoestratégica, esta “americanización” de la política sanitaria internacional refleja una tendencia más amplia en la política exterior de Trump: usar la ayuda como una herramienta de negociación, no como un instrumento de diplomacia humanitaria.

La lógica detrás de esta estrategia es garantizar que los recursos estadounidenses no se traduzcan en dependencia crónica, pero los críticos argumentan que sacrificar la salud de millones para asegurar alineaciones políticas y religiosas crea un precedente peligroso.

Impacto real sobre el terreno

Los efectos ya se sienten. En países como Mozambique y Lesotho, cuyos presupuestos de salud eran sostenidos mayoritariamente por USAID, los hospitales han reportado escasez de medicamentos y profesionales sanitarios. ONG locales afirman que la mortalidad por malaria y VIH ha comenzado a repuntar por falta de continuidad en los tratamientos.

En Nigeria, la decisión de privilegiar centros cristianos ha generado tensiones confesionales, especialmente en regiones predominantemente musulmanas. “La salud no tiene religión. No puede dividirse según dogmas”, protestó el Dr. Bashir Muhammed, pediatra en el estado de Kano.

¿El fin de la diplomacia médica como la conocíamos?

Este giro también parece desmontar la idea de Estados Unidos como líder en la diplomacia sanitaria global. Mientras China incrementa su presencia en África mediante acuerdos estratégicos sin condiciones ideológicas, EE. UU. parece estar siguiendo un camino más selectivo y transaccional.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el continente africano aún enfrenta una alarmante escasez de profesionales médicos, con solo 3 doctores por cada 10,000 habitantes en promedio. Los acuerdos actuales, centrados más en políticas bilaterales que en el fortalecimiento institucional multilateral, podrían agravar aún más esta brecha.

¿Qué sigue para los africanos?

La gran incógnita es si próximos gobiernos estadounidenses mantendrán estas líneas de ayuda condicionada o si volverán a un enfoque más solidario. Por ahora, los países africanos afectados deberán mostrar una gran capacidad de adaptación para cubrir los espacios que deja EE. UU., ya sea aumentando sus inversiones locales o diversificando sus socios internacionales.

Mientras tanto, millones de personas en África dependen, literalmente, del resultado de estas decisiones geopolíticas. En la política exterior, cada palabra cuenta; pero en salud pública, cada dólar puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press