Sudán al borde del abismo: ¿podrá la paz vencer a las armas?

El primer ministro sudanés lanza un plan de paz audaz en medio de una guerra devastadora. ¿Hay aún esperanza para el país más golpeado del siglo XXI?

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Por décadas, Sudán ha sido un país atormentado por ciclos de violencia, inestabilidad política y crisis humanitarias. Sin embargo, el conflicto desatado en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas sudanesas y las temidas Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) ha llevado al país a una nueva dimensión de devastación. Y ahora, cuando el número de muertos supera los 40.000 y más de 14 millones de personas han sido desplazadas, el primer ministro Kamil Idris intenta poner freno a la catástrofe.

¿Un plan de paz posible o una fantasía política?

El 1 de julio, Kamil Idris presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU un ambicioso plan para detener la guerra que ya ha durado más de 1.000 días. Su propuesta incluye un alto al fuego supervisado por la ONU, la Unión Africana y la Liga Árabe, el retiro inmediato de las RSF de las zonas civiles ocupadas, su reubicación en campamentos controlados y un proceso de desarme total.

El plan también subraya una premisa fundamental: "No hay posibilidad de éxito sin rendición militar de las RSF". Pero ¿cómo aceptarían este punto las Fuerzas de Apoyo Rápido, cuando implica, en términos prácticos, su desaparición como actor político-militar?

La guerra que nadie pudo detener

Los problemas de Sudán no empezaron en abril de 2023. La fragilidad del país viene de lejos. Desde la separación con Sudán del Sur en 2011, el Estado sudanés ha estado sumido en crisis económicas y políticas. Sin embargo, el conflicto entre las RSF y el ejército regular liderado por el general Abdel Fattah al-Burhan se convirtió en el más sangriento desde el genocidio de Darfur en los primeros años de la década de 2000.

Los crímenes de guerra, desplazamientos forzosos, violencia sexual y ejecuciones extrajudiciales se han convertido en una rutina diaria en regiones como Darfur, Kordofán y Jartum. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, el número total de muertos podría ser "varias veces superior" a las cifras actuales. El campamento de Zamzam, por ejemplo, fue escenario de una masacre en abril de 2024, donde más de 1.000 civiles fueron asesinados por las RSF, según Naciones Unidas.

¿Quién apoya a quién? El juego geopolítico tras la guerra

Sudán no es un conflicto aislado. Detrás del enfrentamiento se esconde una compleja red de apoyos internacionales. Mientras las RSF cuentan con financiamiento y pertrechos, supuestamente proporcionados por actores poderosos de la región como Emiratos Árabes Unidos y grupos externos interesados en el oro sudanés y rutas comerciales ilegales, el ejército regular también recibe respaldo directo o indirecto de países como Egipto y Arabia Saudita.

De hecho, el suministro continuo de armas a ambos bandos ha sido duramente criticado por la ONU. Khaled Khiari, secretario general adjunto de Asuntos Políticos de la ONU, acusó a naciones no identificadas de alimentar la guerra en lugar de buscar soluciones diplomáticas. "Ambos bandos detuvieron combates cuando se trató de salvaguardar ingresos petroleros, pero han sido incapaces de hacer lo mismo por su propio pueblo", señaló Khiari en una declaración escalofriante.

La propuesta del primer ministro: ¿demasiado tarde?

El punto culminante del discurso de Idris ante el Consejo de Seguridad fue su súplica: "Esta iniciativa puede representar el momento en que Sudán se aleje del abismo, y la comunidad internacional —¡ustedes, ustedes!— estén del lado correcto de la historia". Solicitó formalmente el respaldo internacional a su plan, pidiendo a las potencias globales que no sean simples testigos de la caída de su nación.

No obstante, el panorama es sombrío. Aunque las RSF aceptaron un cese de hostilidades humanitarias en noviembre de 2023, el ejército sudanés mantiene como condición imprescindible la retirada total de las RSF de zonas civiles y su desarme —exactamente los pilares del nuevo plan de Idris. Es decir, ninguna de las partes parece dispuesta a ceder.

Estados Unidos y el rol de la mediación internacional

Estados Unidos, junto con Arabia Saudita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, integra lo que se conoce como el Cuarteto o "Quad". Estas cuatro potencias han promovido una tregua humanitaria inmediata. Jeffrey Bartos, representante adjunto del gobierno estadounidense en la ONU, instó a las partes a firmar esa tregua sin condiciones previas. Además, condenó de forma inequívoca las atrocidades cometidas por ambas partes.

Aun así, los efectos de estas condenas diplomáticas han sido escasos. Los llamados a una solución pacífica no han logrado frenar el suministro de armas ni modificar el comportamiento de actores que ven en Sudán un tablero de ajedrez estratégico.

La crisis humanitaria más grande del mundo

El conflicto ya ha causado el mayor desplazamiento humano a nivel global según cifras de Naciones Unidas: más de 14 millones de personas han sido desplazadas, y zonas enteras del país se encuentran en hambruna o al borde de ella. Enfermedades como cólera, malaria e infecciones gastrointestinales arrasan en campamentos improvisados sin acceso a agua potable ni servicios sanitarios.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 1.600 personas han muerto en ataques contra centros de salud en lo que va del año. La mortalidad infantil se ha disparado y organizaciones como Médicos Sin Fronteras y la Cruz Roja Internacional han denunciado que trabajan en condiciones "inhumanas".

¿Un futuro sin vuelta atrás?

La frase del primer ministro sudanés resuena con una mezcla de desesperación y esperanza: "Que se recuerde este consejo no como un testigo del colapso, sino como un socio en la recuperación".

Pero el tiempo apremia. Mientras los convoyes humanitarios siguen sin acceder a regiones clave, y los niños mueren por desnutrición y enfermedades tratables, muchos se preguntan si el plan de Idris significa una verdadera alternativa o un canto fúnebre para el Estado sudanés.

Entre todas las declaraciones diplomáticas, quizás la más lúcida fue la del embajador de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed Abushahab: "Los esfuerzos unilaterales no son sostenibles y solo prolongarán la guerra. El camino es hacia un gobierno civil y alejado de las partes en conflicto".

La cuestión no es solamente una tregua. Sudán necesita reconstrucción del tejido social, justicia, reparación histórica para las víctimas y sobre todo, un proceso de desmilitarización de la política. Incluso si el plan de Idris no es adoptado en su totalidad, ha marcado un paso osado: por primera vez desde que la guerra estalló, hay un liderazgo que propone detener la espiral de violencia desde dentro del país.

Sudán aún puede elegir. La comunidad internacional, también.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press