¿Una nueva forma de responder a las crisis mentales? El modelo que reduce hospitalizaciones y llamadas al 911

El innovador programa de respuesta conjunta en el condado de San Mateo plantea un nuevo paradigma en la atención de emergencias de salud mental

Una crisis nacional enfrentada con nuevas herramientas locales

La salud mental se ha convertido en una crisis silenciosa en Estados Unidos, una que ha obligado a comunidades enteras a replantear cómo se maneja la intervención de emergencia. Cada vez son más frecuentes los casos en los que personas en crisis enfrentan respuestas inadecuadas o directamente trágicas por parte de fuerzas policiales no capacitadas para abordar problemas psiquiátricos complejos.

En el condado de San Mateo, California, una respuesta innovadora está demostrando que hay otra forma de proceder. Inspirado por la necesidad de una intervención más humana, el modelo de co-respuesta (o respuesta conjunta) ha demostrado reducir de forma significativa hospitalizaciones innecesarias, detenciones y, sobre todo, el trauma de quienes padecen trastornos mentales en medio de una crisis.

¿En qué consiste el modelo de co-respuesta?

A grandes rasgos, el modelo de co-respuesta involucra la presencia conjunta de un oficial de policía y un profesional de salud mental para atender llamadas al 911 relacionadas con crisis psicológicas. A diferencia del enfoque tradicional, este modelo permite una evaluación en el lugar, resolución de conflictos in situ y un enfoque centrado en el bienestar del individuo más que en la contención policial.

En San Mateo, la figura de Briana Fair, una clínica de salud mental contratada por el Departamento de Policía, ha sido crucial. Ella representa el puente entre el sistema de emergencia y los servicios sociales, asegurándose de que las personas en crisis sean canalizadas hacia la ayuda adecuada en lugar de la cárcel o salas de emergencia saturadas.

Resultados que hablan

El impacto de esta estrategia fue evaluado en un estudio del John W. Gardner Center for Youth and Their Communities de la Universidad de Stanford. Los resultados son contundentes:

  • Reducción del 17% en hospitalizaciones involuntarias por trastornos mentales (conocidas como "holds psiquiátricos").
  • Disminución significativa en llamadas repetidas al 911 relacionadas con crisis de salud mental.
  • Un ahorro estimado de entre $300,000 y $800,000 dólares anuales gracias a la prevención de hospitalizaciones forzadas.

Esto no solo ha liberado recursos del sistema de salud y emergencia, sino que ha ofrecido a las personas afectadas un acompañamiento más empático, personalizado y efectivo.

Un trabajo que va más allá del teléfono rojo

Una jornada típica para Fair puede implicar responder a correos electrónicos de seguimiento, intervenir en tensiones familiares, gestionar llamadas con servicios sociales y, quizás lo más importante, simplemente estar disponible. Un ejemplo conmovedor es una de sus visitas a una clienta con paranoia severa que creyó ser hackeada por una celebridad. En lugar de tomar acciones drásticas, Fair la apoya con empatía, utilizando desde apoyo emocional hasta productos cotidianos como champú seco para aliviar su ansiedad y recuperar su dignidad.

“Trabajo en los huecos del sistema”, afirma Fair. “Muchos de estos individuos simplemente necesitan a alguien que los acompañe, que les dé estructura y opciones reales.”

Un modelo que busca escalar

El piloto, que tuvo un costo de aproximadamente $1.5 millones repartidos entre el condado y cuatro ciudades (San Mateo, Daly City, Redwood City y South San Francisco), ha sido tan exitoso que todas las ciudades encontraron la manera de sostener el programa una vez finalizado el período de prueba. El programa está ahora expandido a casi todas las municipalidades del condado y ha creado múltiples nuevos puestos de trabajo para clínicos de salud mental.

Muchas otras jurisdicciones de Estados Unidos están prestando atención. Según Mariela Ruiz-Angel del Center for Innovations in Community Safety de la Universidad de Georgetown, el modelo “es una excelente iniciativa, pero solo una primera fase de lo que una ciudad verdaderamente progresista puede llegar a ser”. Subraya que el futuro está en descentralizar la seguridad pública, empoderando a especialistas y descentrando a la policía como único actor de respuesta.

El impacto de la implementación policial

El jefe de policía de San Mateo, Ed Barberini, admite que al principio la propuesta fue riesgosa ante posibles resistencias internas: “Pensamos que los oficiales podían rechazar incluir a alguien externo, pero fue todo lo contrario. El personal estaba exhausto; sabían que responder a crisis de salud mental no era su campo.”

Gracias al modelo, la policía ha dejado de improvisar soluciones y ha pasado a implementar planes de seguridad, seguimiento con trabajadores sociales y remisiones a recursos comunitarios. Esto ha reducido el uso de la fuerza y la exposición del cuerpo policial a demandas y controversias.

Una soledad que se agudiza en las fiestas

Las temporadas navideñas representan un pico crítico en las llamadas de emergencia relacionadas con salud mental. Fair describe cómo en solo una semana acudió a casos que incluyeron un menor con un intento de suicidio interrumpido y una persona transgénero con ideas autolesivas. “Pareciera que se acumula todo lo que no se ha atendido durante el año”, cuenta.

En una intervención reciente, Fair fue llamada para abordar a una persona que creía ser perseguida por agentes federales. Tras verificar que la situación no representaba un peligro inminente, trabajó con la familia y los oficiales presentes para construir un plan de seguridad sin necesidad de intervención médica ni policial formal.

Desafíos todavía presentes

Si bien los resultados son prometedores, el modelo no es mágico. Requiere diseño, entrenamiento, inversión sostenida y una implementación cuidadosa. Los investigadores de Stanford Tom Dee y Jaymes Pyne advierten que no es una solución “lista para copiar y pegar”. Entre los factores de éxito identifican:

  • Apoyo institucional por parte de las policías locales.
  • Capacitación a operadores del 911 para un correcto triaje de llamadas.
  • Una red robusta de servicios de salud mental para seguir los casos luego de la intervención.

“Se necesita más que un cambio de personal”, insiste Dee. “Requiere cambiar el enfoque entero del sistema de respuesta ante crisis.”

El futuro de la seguridad pública ya está aquí

El juicio apresurado de muchos programas piloto de co-respuesta ha impedido su expansión masiva. Sin embargo, San Mateo es una prueba viviente de que, cuando se conjuga voluntad política, visión estructural y recursos suficientes, los resultados no solo salvan vidas sino también fondos públicos.

En un país donde una crisis mental puede terminar trágicamente por falta de entendimiento y recursos, el modelo de respuesta conjunta se erige como una promesa de esperanza. No se trata solo de evitar el uso de fuerza o reducir el número de hospitalizaciones, sino de comenzar a entender la salud mental como lo que es: un componente esencial de la dignidad humana que merece tratamiento integrador y compasivo.

“No se puede hablar de seguridad pública sin hablar de salud mental. No es distinto a cómo hablamos de infraestructura o educación. Es parte del todo que mantiene unida a la comunidad.”, concluye Ruiz-Angel.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press