Buzkashi: El deporte ecuestre que trasciende el tiempo y la política en Afganistán
Una mirada apasionante al torneo anual de buzkashi que une tradición, competencia y presencia talibán en Kabul
En los campos polvorientos a las afueras de Kabul, Afganistán, un rugido ancestral se hace presente cada diciembre: el torneo anual de buzkashi reúne a jinetes de todo el país con un solo objetivo, demostrar su valentía, fuerza y destreza montando sus caballos para disputar un trofeo muy peculiar: el cuerpo inerte de una cabra (o en tiempos modernos, su réplica falsa).
¿Qué es el buzkashi?
El buzkashi, cuyo nombre en persa significa literalmente “arrastrar cabra”, es el deporte nacional de Afganistán. A pesar de su intensidad y peculiar brutalidad, es considerado una forma de arte ecuestre, profundamente valorado por las comunidades de Asia Central. Las raíces del juego se remontan desde hace más de 1.000 años, a tribus nómadas túrquicas y mongolas que lo practicaban como ritual de entrenamiento militar.
El juego no tiene similitud real con ningún deporte occidental. En lugar de una pelota, los jinetes luchan por capturar una cabra decapitada, sin patas y eviscerada (sustituida hoy por una imitación sintética para preservar los animales), que deben llevar a una meta circular o zona de puntuación para anotar. Todo esto, mientras decenas de jinetes rivales forcejean brutalmente a caballo, sin reglas codificadas, sin árbitro, y con mínimas restricciones.
Final del torneo 2025: Sar-e-Pul contra Badakhshan
El pasado 22 de diciembre de 2025, los equipos de las provincias de Sar-e-Pul y Badakhshan se enfrentaron en la ansiada final del torneo nacional de buzkashi. Celebrado en las afueras de Kabul y observado por cientos de espectadores, incluidos miembros de alto rango de las autoridades talibanas, el evento fue una auténtica muestra de ferocidad, honor tribal y tradición cultural.
Bajo un cielo despejado y entre nubes de polvo levantado por los cascos de los caballos —resistentes animales afganos entrenados especialmente para este juego—, los jinetes se abalanzaban sobre la carcasa de cabra falsa, tomándola con una mano mientras trataban de controlar su montura con la otra, empujando, arrastrando y resistiendo embates de otros jugadores decididos a arrebatarles el control.
Un espectáculo que cautiva a todos, incluso al Talibán
Lo más llamativo no solo fue la intensidad del juego, sino la asistencia de autoridades talibanas al evento, quienes se integraron con el público para observar el partido, una señal no menor del interés del actual régimen por mantener ciertos pilares culturales que fortalecen su arraigo social.
Es particularmente significativo porque el Talibán, que regresó al poder en 2021 tras la retirada de las fuerzas estadounidenses, ha restringido numerosas formas de expresión cultural, deportes y entretenimiento. Sin embargo, el buzkashi —símbolo de virilidad, honor y herencia afgana— parece gozar de un estatus especial. Permitido y promovido en ciertas versiones bajo sus propias lógicas, el torneo se ha convertido en un raro espacio de confluencia entre tradición y política.
“El buzkashi no es solo un deporte, es nuestra alma. Si quitas esto, dejas de entender al pueblo afgano”, comenta Mirza Khan, organizador del torneo, a medios locales.
Estadísticas y peculiaridades del deporte
- Duración: Los juegos no cuentan con límite de tiempo. Terminan cuando los organizadores lo deciden, a menudo tras varias horas de juego físico incesante.
- Tamaño del campo: No reglamentado. Puede extenderse por varios cientos de metros, incluso abarcar pueblos enteros en torneos regionales.
- Peso de la cabra: Las versiones auténticas usaban animales de hasta 50 kg. Las actuales réplicas son algo más ligeras, pero aún requieren fuerza colosal para levantarlas.
- Participantes: Desde 8 hasta 40 jinetes por lado, dependiendo del tamaño del torneo.
El deporte es tan importante culturalmente que muchos jinetes entrenan desde la infancia, y los caballos —generalmente de origen turcomano o criado localmente— son tratados con un cuidado extremo, considerados parte integral de la familia. En algunos clanes, poseer un caballo campeón en buzkashi es un símbolo de estatus superior al dinero.
Contradicciones modernas: tradición y modernidad
El buzkashi refleja a la perfección la extrema dualidad de Afganistán contemporáneo. Por un lado, representa la perseverancia de costumbres ancestrales frente a décadas de guerra, intervenciones extranjeras y movimientos radicales. Por otro, se ha modernizado: algunos torneos ya no usan cabras reales, y hay transmisiones por televisión local e incluso en redes sociales, atrayendo una nueva generación de aficionados urbanos.
En este sentido, la presencia de espectadores jóvenes, muchos grabando desde sus teléfonos, genera una dicotomía entre el polvo de la estepa y la digitalización imparable. “Me recuerda a las leyendas que mi abuelo me contaba. Solo que ahora lo puedo grabar en TikTok”, comenta Hamid, de 17 años, que asistió al torneo desde la vecina provincia de Parwan.
Impacto económico y turístico
Gracias a estos torneos, muchas economías locales reciben un impulso notable durante diciembre. Comerciantes venden desde kebabs hasta sedas bordadas, artesanos ofrecen sillas de montar hechas a manos y fabricantes diseñan vestimenta especial para los jinetes. El turismo interno —limitado debido al estado político del país— también repunta discretamente durante el evento.
Una tradición que desafía incluso la guerra
A pesar de décadas de conflicto armado, invasiones, terrorismo y caos político, el buzkashi nunca dejó de celebrarse. Incluso durante los momentos más críticos, como en los años noventa con la guerra civil afgana, o tras la invasión estadounidense en 2001, el juego continuó, adaptado según el contexto. Enciende la energía tribal, une pueblos dispersos —a veces enemigos— y ofrece una válvula de escape espiritual y emocional al pueblo afgano.
“Donde hay caballo, hay libertad”, reza un proverbio uzbeko repetido ampliamente en el norte de Afganistán. El buzkashi mantiene viva esa idea, ahora más que nunca.
¿El futuro del buzkashi?
Con la participación de figuras gubernamentales y crecientes iniciativas para promover el juego como manifestación cultural (más que simplemente violenta), hay quienes proponen la profesionalización parcial del buzkashi, incluyendo escuelas de entrenamiento, ligas por provincia y mayor difusión internacional.
Aunque la tradición aún se rige en gran parte por reglamentos no escritos y códigos de honor tribales, iniciativas de organizaciones civiles y entidades culturales buscan trabajar con las autoridades para preservar el espíritu del juego, pero adaptado a los nuevos tiempos, con seguridad para jinetes, caballos y espectadores.
En un país donde todo está en disputa, la arena del buzkashi se convierte en uno de los pocos terrenos donde se negocian paz, celebración y continuidad cultural sin necesidad de armas, solo con fuerza, coraje y astucia a lomos de un caballo.
