Gaza tras el alto el fuego: ¿realmente llega la ayuda humanitaria prometida?
Mientras Israel asegura cumplir con los compromisos del cese al fuego en Gaza, organizaciones humanitarias y cifras revelan otra historia
Han pasado más de dos meses desde que entró en vigor el último alto el fuego en Gaza, y la atención del mundo ha cambiado, pero dentro del enclave palestino, la lucha por la supervivencia continúa. Uno de los temas más controvertidos es la entrada —o la falta de ella— de ayuda humanitaria esencial para los millones de civiles que viven en ruinas. ¿Está Israel realmente cumpliendo su parte del acuerdo, permitiendo el ingreso de suficiente ayuda?
El acuerdo del alto el fuego y la cifra mágica: 600 camiones al día
Desde que el alto el fuego entró en vigor el 10 de octubre, el número de camiones que se permite ingresar a Gaza ha sido un indicador clave para los organismos internacionales. El acuerdo, respaldado por Estados Unidos, establece la entrada de al menos 600 camiones diarios, aunque no está claro si esta cifra corresponde exclusivamente a ayuda humanitaria o si incluye cargamentos comerciales.
Israel asegura cumplir esta meta. Su armada y el organismo militar conocido como COGAT (Coordinador de Actividades Gubernamentales en los Territorios) afirman que incluso han superado esa cifra algunas semanas. Y el gobierno estadounidense ha respaldado estas afirmaciones, señalando que se alcanzan las cifras requeridas desde hace más de cinco semanas consecutivas.
Pero la situación no es tan simple como contar camiones.
80% de los camiones lleva productos comerciales, no ayuda
Según datos de COGAT, aproximadamente el 80% de los camiones que cruzan hacia Gaza son operados por el sector privado e ingresan productos comerciales: cigarrillos, bebidas azucaradas, teléfonos celulares y objetos que, en palabras de la ONG Refugees International, “no atienden las necesidades humanitarias”.
“El suministro comercial se prioriza con frecuencia sobre la asistencia humanitaria, lo cual no aborda el hambre, la desnutrición ni el cuidado de la salud”, señaló la organización en un comunicado reciente.
Solo el 20% de los camiones llevan ayuda directa, proveniente de agencias como ONU, ONG internacionales e iniciativas de gobiernos extranjeros. Y hay más problemas:
- Los productos disponibles en mercados están fuera del alcance de muchas familias que han quedado sin ingresos tras la guerra.
- La comida dentro de los camiones muchas veces carece de valor nutricional, siendo dulces y refrescos.
- El proceso para ingresar productos enfrenta altos niveles de burocracia y cargos exorbitantes, hasta varios miles de dólares por camión, según el Programa Mundial de Alimentos.
Las cifras de la controversia
La narrativa oficial israelí choca con los informes de agencias humanitarias, autoridades en Gaza y organizaciones independientes.
Por ejemplo, un informe reciente del World Food Programme afirma que el promedio de ingreso de camiones en las primeras dos semanas de diciembre fue de apenas 256 camiones diarios. Estos datos, recopilados junto con la Cámara de Comercio de Gaza y el Ministerio de Estado para Asuntos de Socorro (afiliado a Hamas), contrastan duramente con las cifras israelíes.
En contraste, el informe del Integrated Food Security Phase Classification (IPC), la autoridad global en crisis alimentaria, apunta que el promedio de octubre fue de 540 y noviembre 581. Aunque mejor que la cifra de diciembre, ambos promedios están por debajo de los 600 camiones diarios acordados en el alto el fuego.
“La diferencia entre lo que Israel afirma que entra y lo que efectivamente llega a los puntos de distribución dentro de Gaza es alarmante”, comentó Shaina Low, asesora de comunicaciones para el Consejo Noruego para Refugiados.
¿Dónde está la transparencia?
Uno de los mayores problemas es la falta de transparencia. Israel tiene control total sobre los pasos fronterizos hacia Gaza, lo que le da una posición única para decidir qué entra y qué no. Pero, más allá del número de camiones, no hay datos públicos desglosados sobre el contenido exacto de cada vehículo.
Antes del alto el fuego, COGAT mantenía un tablero de datos públicos sobre la asistencia que entraba a Gaza. Sin embargo, este sistema dejó de actualizarse en octubre. Desde entonces, quienes buscan verificar los compromisos del alto el fuego deben recurrir a informes independientes, que muchas veces son rechazados por Israel como “distorsionados” o “con sesgo”.
La ayuda que sí llega se queda corta
La ayuda que logra llegar, incluso la canalizada por las Naciones Unidas, enfrenta múltiples obstáculos. Según datos de la ONU:
- 9,379 camiones de ayuda humanitaria llegaron a sus destinos en Gaza entre el 10 de octubre y el 21 de diciembre.
- Eso representa un promedio de apenas 130 camiones por día de ayuda alimentaria directa, ropa, tiendas de campaña y suministros médicos.
- Al menos 156 camiones fueron saqueados por multitudes hambrientas o interceptados por bandas armadas durante ese período.
Agravando el problema, la restricción de ciertos materiales por parte de Israel limita lo que puede entrar. Por ejemplo, las tiendas de campaña con estructuras de aluminio son bloqueadas por temor a que se utilicen con fines militares.
Impacto directo: hambre y raciones reducidas
A pesar de las mejoras señaladas por el IPC desde el cese al fuego, esta misma entidad afirmó que el sistema alimentario en Gaza sigue “altamente frágil”. La mayoría de los gazatíes todavía depende completamente de la ayuda internacional.
A principios de diciembre, el Programa Mundial de Alimentos comenzó a reducir las raciones para poder alcanzar a más personas, debido a la escasez. Algunas familias sólo reciben porciones que cubren el 75% de las calorías diarias mínimas necesarias para sobrevivir.
Además, como dijo Bob Kitchen, vicepresidente del Comité Internacional de Rescate: “Gran parte de la comida que entra a Gaza tiene bajo valor nutritivo, como dulces y bebidas azucaradas, lo cual poco aporta a superar la malnutrición”.
La dimensión política y mediática del alimento
La entrada de ayuda humanitaria se ha convertido, de forma inevitable, en una herramienta política. Tanto Israel como Hamas intentan gobernar la narrativa en medio de una guerra prolongada que ha cobrado miles de vidas y desplazado a millones.
Algunos sectores acusan a Hamas de robar o redirigir ayuda, otros señalan a Israel por crear barreras burocráticas excesivas que ralentizan la entrega. La verdad puede estar en algún punto medio, pero lo que queda claro es que mientras las cifras se debaten en salas diplomáticas y estadísticas oficiales, los gazatíes siguen esperando alimentos, medicinas y refugio.
Mientras la comunidad internacional se enfoca en otros conflictos, Gaza corre riesgo de caer otra vez en el olvido. “Hay mejoras, sí,” dice un trabajador humanitario que prefirió mantenerse en el anonimato, “pero estas mejoras son un charco de agua en un desierto de necesidad.”
Con cada día que pasa, el incumplimiento cuantitativo o cualitativo del acuerdo de ayuda pone en peligro miles de vidas, relegando el alto el fuego a un mero gesto sobre el papel.
