Navidad en Gaza: fe, resistencia y esperanza en medio del horror
En medio de la devastación provocada por la guerra, los cristianos palestinos en Gaza mantienen viva la llama de la Navidad con coraje, espiritualidad y amor por su tierra
La Navidad en Gaza no se celebra con luces deslumbrantes ni grandes reuniones festivas. Se celebra con fe, con llanto y con una tenacidad que desafía incluso a la guerra. Este año, con miles de muertos, decenas de miles de desplazados y una ciudad en ruinas, la diminuta comunidad cristiana palestina de Gaza no perdió la esperanza, y celebró el nacimiento de Cristo como símbolo de resiliencia y renovada fe.
Una Navidad bajo escombros
Para Attallah Tarazi, un cristiano palestino de 76 años, este 25 de diciembre trajo consigo un árbol improvisado, un par de calcetines, una bufanda y un grupo de cantores en árabe entonando: "Al-Masih wulid, Hallelujah" (“Cristo ha nacido, ¡Aleluya!”). Aunque parezca poco, para él fue más que suficiente. “Siento que nuestra alegría por el nacimiento de Cristo debe superar toda la amargura que hemos vivido”, afirmó con una sonrisa que parecía esconder un océano de dolor contenido.
Tarazi ha estado refugiado en el complejo de la iglesia católica de la Sagrada Familia en Gaza durante más de dos años, compartiendo espacio con cientos de desplazados, cuyas casas fueron destruidas por los bombardeos israelíes. Desde ese lugar de fe y tragedia, un pequeño grupo de feligreses recorrió otros refugios improvisados para llevar villancicos, chocolate y la escasa esperanza que todavía puede encontrarse entre ruinas.
Fe frente al dolor
Pero no todos lograrán saborear de nuevo la alegría navideña. Shadi Abo Dowd, cristiano ortodoxo, perdió a su madre durante un ataque aéreo israelí en julio que impactó en el mismo recinto católico de la Sagrada Familia, donde ahora se acoge a refugiados. Su hijo también resultó herido y el sacerdote del lugar estuvo entre los lesionados.
“No hay celebración, solo hay dolor”, dice Abo Dowd. Para él, la Navidad significará únicamente rezos. “Estamos viviendo entre la guerra y la paz, un limbo en el que el sufrimiento no cesa”.
Desde el inicio de la ofensiva israelí en octubre de 2023, como respuesta al ataque de Hamas en suelo israelí que mató a unas 1,200 personas y capturó 250 rehenes, Gaza ha perdido a casi 71,000 personas, según el Ministerio de Salud, que si bien está bajo administración de Hamas, cuenta con registros aceptados internacionalmente por su consistencia y documentación médica.
Un mensaje de aliento desde Jerusalén
El Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, visitó la parroquia de la Sagrada Familia a pocos días de Navidad, trayendo bendiciones y palabras de esperanza. “Es el inicio de las celebraciones en una comunidad que vive tiempos oscuros y difíciles”, destacó el comunicado del patriarcado.
Su visita es profundamente simbólica no solo para los cristianos palestinos, sino también para el mundo cristiano, que ve en Gaza un enclave donde, pese a la persecución y la guerra, la fe sigue latiendo fuerte.
El dolor de una comunidad que desaparece
La comunidad cristiana en Gaza, ya reducida a unas pocas centenas, enfrenta un futuro incierto. El éxodo de muchas familias que han huido a Cisjordania, Israel o incluso fuera del país, plantea un escenario alarmante: ¿desaparecerán algún día los cristianos en la tierra donde nació Cristo?
“Estamos aferrados a nuestra fe y a nuestra tierra”, afirma Abo Dowd, aunque admite que sus hijos desean estudiar y vivir en el extranjero. “¿Qué futuro les espera aquí? No hay universidades, no hay trabajo, no hay más que dolor.”
La situación empeora con cada temporal. Las lluvias torrenciales en diciembre inundaron los campos donde viven los desplazados, derrumbando estructuras ya débiles por los bombardeos y empeorando las condiciones de salubridad y seguridad.
Un árbol navideño entre escombros
Wafa Emad ElSayegh, de 23 años, trató de recrear la alegría de antaño colocando adornos en la iglesia ortodoxa de Gaza junto a sus familiares. Pero ya no está toda su gente. Muchos de sus amigos huyeron, y cada noche se pregunta si volverá a verlos.
“Antes hacíamos todo juntos: cantábamos villancicos, los niños abrían regalos, los musulmanes se unían a nuestras celebraciones. Era una alegría indescriptible que ya no sentimos”, comparte con nostalgia.
Cristianismo resistente
A pesar de todo, hay quienes se niegan a permitir que la destrucción les robe su esencia. Elynour Amash, de 35 años, decoró su hogar y colocó luces navideñas para que sus hijos sintieran algo del espíritu navideño. “Es como si volvieran a respirar después de haber estado asfixiados durante meses”, describió.
Sus hijos ahora pueden ver dulces en casa, y por primera vez en mucho tiempo, dormir sin el temor constante de una bomba cercana. Pero aún hay ruido de disparos. Su hijo más pequeño tiembla al oír cualquier estruendo: “Es como si la guerra viviera dentro de él”, dice.
Esperanza, amor y permanencia
Tarazi, cuya hermana murió cuando una iglesia ortodoxa fue blanco de un bombardeo y cuyo hermano falleció por no recibir atención médica a tiempo, no se plantea dejar Gaza. “Esta es nuestra tierra, aquí nació el Redentor. Nuestra fe y nuestra alegría por su nacimiento son más fuertes que todo lo que vivimos”.
Para él y otros como él, quedarse es un acto de resistencia, firmeza y amor por su fe. “Nuestra presencia aquí, por pequeña que sea, es un testimonio de amor, resistencia y esperanza.”
La Navidad en Gaza brilla con una tenue luz entre las sombras. No la apagan las bombas, ni el exilio, ni el hambre. Porque mientras uno solo cante 'Hallelujah' entre los escombros, Cristo seguirá naciendo también en Palestina.
