Gaza entre la tregua y la tormenta: ¿se sostiene la frágil pausa en el conflicto con Israel?

Mientras aumenta la tensión tras un ataque en Rafah y reuniones diplomáticas con Turquía, el futuro del alto al fuego entre Israel y Hamas pende de un hilo.

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Desde el inicio de la más reciente guerra entre Israel y Hamas, el 7 de octubre de 2023, muchos ojos se han mantenido fijos sobre Gaza. Las cifras son tan abrumadoras como reveladoras: más de 1.200 israelíes muertos en el ataque inicial de Hamas y más de 370 palestinos asesinados tras la firma del cese al fuego, según autoridades sanitarias locales.

En este artículo de opinión, analizaremos los elementos clave que están socavando la paz, incluyendo la detonación de un artefacto explosivo en Rafah, el papel de actores externos como Turquía, el complejo intercambio de prisioneros y las tensiones no solo en la Franja de Gaza sino también en Cisjordania.

Un alto al fuego que tambalea

El miércoles, una explosión en la ciudad sureña de Rafah hirió a un soldado israelí, según información oficial. La explosión ocurrió cuando soldados israelíes “desmantelaban infraestructura militante”, según el Ejército de Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu consideró este hecho una violación de la tregua y afirmó que Israel “responderá en consecuencia”.

Pero ese no ha sido el único incidente. El 19 de octubre, Israel respondió con una serie de bombardeos que causaron al menos 40 muertes de palestinos tras afirmar que Hamas había disparado contra sus tropas, causando la muerte de dos soldados israelíes. Desde entonces, se han registrado varios incidentes más, incluyendo disparos letales el viernes pasado, donde al menos cinco palestinos, incluido un bebé, perdieron la vida por fuego israelí en el norte de Gaza.

La tregua con obstáculos

El acuerdo de alto al fuego, promovido por Estados Unidos, ha incluido hasta ahora la liberación de casi todos los 251 rehenes capturados por Hamas a cambio de prisioneros palestinos. Pero la segunda fase del acuerdo plantea obstáculos mucho mayores:

  • Despliegue de una fuerza internacional de estabilización
  • Creación de un cuerpo técnico-gubernamental interino para Gaza
  • Desarme completo de Hamas
  • Retiro progresivo de las tropas israelíes de la Franja de Gaza

Es fácil ver por qué esto está resultando difícil. Cada paso representa líneas rojas tanto para Israel como para Hamas. En medio de todo esto, los civiles quedan atrapados, luchando por recursos básicos.

¿Dónde está la ayuda humanitaria?

Uno de los mayores puntos de fricción entre ambas partes es la aparente falta de ayuda suficiente entrando a Gaza. Hamas acusa a Israel de violar el alto al fuego al permitir solo un flujo insuficiente de ayuda, además de atacar zonas civiles.

Un detalle revelador fue durante la reciente reunión en Ankara entre Hakan Fidan, el ministro de Exteriores turco, y una delegación del alto mando de Hamas liderada por Khalil al-Haya. Según Hamas, el 60% de los camiones que han entrado en Gaza transportaban bienes comerciales y no ayuda humanitaria. Esto constituye un punto crítico para la viabilidad del acuerdo, ya que la población civil sigue enfrentando graves problemas de vivienda, alimentos y atención médica.

¿Puede Turquía ser un mediador neutral?

Desde el inicio del conflicto, Turquía ha intentado perfilarse como un defensor proactivo de la causa palestina. No obstante, su posición también es observada con recelo, en especial por parte de Israel. En la reunión de Ankara, Turquía reafirmó su disposición a proveer ayuda inmediata —logística y diplomática—, pero también se abordó la situación en Cisjordania y la necesidad de reconciliación entre las facciones palestinas.

Así, Turquía busca un rol más activo, no sólo como proveedor de ayuda, sino como arquitecto de una eventual salida política. La cuestión sigue siendo si las demás potencias, especialmente Estados Unidos, aceptarán ese rol.

El complejo panorama diplomático

Al tiempo que se desarrollan estas tensiones, la comunidad internacional ha mantenido una posición ambigua. Si bien Estados Unidos ha fungido como principal garante de la tregua inicial, su influencia parece limitada ante la vorágine de acusaciones mutuas. En tanto, países como Egipto y Catar también han intentado intermediar, aunque con resultados mixtos.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado a más de una docena de reuniones desde octubre, pero no se ha aprobado una resolución significativa debido al veto de algunos miembros permanentes. Estas divisiones han obstaculizado una respuesta multilateral y coordinada.

Perspectiva histórica: ¿se repite el ciclo infinito?

No es la primera vez que se habla de treguas rotas en Gaza. Desde la retirada unilateral de Israel en 2005, la región ha sido escenario de al menos cuatro grandes operaciones militares: Plomo Fundido (2008-09), Pilar Defensivo (2012), Margen Protector (2014), y Guardián de los Muros (2021).

Estos conflictos son seguidos de pausas tensas, breves treguas y luego, nuevamente, enfrentamientos. En todos los casos, los acuerdos se han deteriorado rápidamente por falta de confianza, ataques puntuales y la imposibilidad de resolver el problema estructural: ¿quién gobierna Gaza y bajo qué condiciones?

El drama humano: Gaza desde adentro

Detrás del análisis geopolítico subyace una realidad que rara vez recibe la atención adecuada: las condiciones de vida en Gaza. Desde el inicio del bloqueo en 2007, la región sobrevive con una dependencia casi total de ayuda externa. El desempleo juvenil alcanza el 60%, y más del 80% de la población depende de alguna forma de asistencia internacional.

Durante esta tregua, pequeñas señales de esperanza han surgido. Los hospitales han podido operar mínimamente, las familias se han reunido temporalmente con prisioneros liberados, y la comunidad cristiana de Gaza ha intentado celebrar la Navidad en medio de los escombros. Pero estos gestos contrastan con una realidad estructuralmente sin salida.

Israel, Hamas y la narrativa internacional

Uno de los grandes retos del conflicto es la construcción de la narrativa. Para Israel, cualquier ataque a sus tropas o a su territorio, por más aislado que sea, justifica una respuesta militar. Para Hamas, cualquier impedimento al ingreso de ayuda o bajas civiles es una violación directa de la tregua.

Esta disputa constante por el “quién violó primero” impide avanzar en la segunda fase del acuerdo, esa que contempla medidas mucho más audaces y estables. Sin un árbitro neutral respetado por ambas partes, la tregua corre el riesgo de morir lentamente por asfixia diplomática.

Una oportunidad desperdiciada

La tregua actual podía haber sido una ventana histórica para comenzar un proceso de paz más estructurado. Contaba con apoyo internacional, el beneplácito —aunque frágil— de ambas partes, y la presión de una comunidad mundial sensibilizada por meses de violencia. Pero la ventana se cierra rápidamente.

Sin una acción decidida para desbloquear el paso de ayuda, establecer un mecanismo de monitoreo externo y reconocer la necesidad de incluir a todas las facciones en un proceso de gobernabilidad transitoria, el segundo acto de esta tregua corre el riesgo de ser el último.

¿Y ahora qué?

La pregunta pendiente es monumental: ¿puede sostenerse esta tregua en medio de tantas contradicciones? A juzgar por los últimos eventos —explosión en Rafah, muertes civiles, acusaciones cruzadas y negociaciones diplomáticas inconclusas—, la respuesta es incierta.

Pero si algo queda claro, es que el tiempo corre. Y cada día que pasa sin una solución estructural, multiplica el sufrimiento de los más inocentes: los millones de civiles atrapados en Gaza.

«Todo lo que pueda romper la tregua hoy, será el conflicto de mañana», advertía hace una década el diplomático sueco Jan Eliasson. Hoy, esa frase resuena más fuerte que nunca en los terrones de polvo y fuego de Rafah.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press