Honduras gira a la derecha: Nasry Asfura gana la presidencia en medio de acusaciones de interferencia

El respaldo de Donald Trump, los resultados apretados y una votación caótica marcan la elección presidencial más turbulenta en la historia reciente del país centroamericano

Una victoria controvertida y el fin de una era progresista

La política en América Latina sigue dando giros dramáticos, y ahora ha sido el turno de Honduras. En unas elecciones plagadas de tensión, acusaciones de fraude e interferencia extranjera, Nasry Asfura, candidato del conservador Partido Nacional, ha sido declarado presidente electo del país centroamericano. La decisión, anunciada el 24 de diciembre de 2025 por el Consejo Nacional Electoral (CNE), marca un importante viraje hacia la derecha en la región, siguiendo la tendencia de otros países como Chile, donde recientemente fue electo el ultraconservador José Antonio Kast.

Los números del triunfo

Con el 99.93% del escrutinio, Asfura acumuló un 40.27% de los votos, superando por un estrecho margen al veterano contendiente Salvador Nasralla del Partido Liberal, quien alcanzó 39.53%. La candidata de LIBRE (Libertad y Refundación), partido de la presidenta saliente Xiomara Castro, quedó lejos del segundo lugar, con apenas 19.19%.

El proceso de conteo fue motivo de alarma internacional. El lento desarrollo del escrutinio, que se extendió por más de tres semanas, resquebrajó aún más la ya frágil confianza en el sistema electoral hondureño.

Reacciones encontradas: celebraciones y acusaciones

Mientras en la sede de campaña de Asfura estallaban los fuegos artificiales y los cánticos de victoria, en el bando de Nasralla reinaban la frustración y la protesta. El candidato perdedor declaró que “las autoridades traicionaron al pueblo hondureño” y denunció que Donald Trump, quien respaldó públicamente a Asfura pocos días antes de las elecciones, cometió un acto de “interferencia electoral”.

Nasralla incluso se dirigió al expresidente estadounidense por medio de un mensaje en X (antes Twitter):

“Presidente Trump, su candidato respaldado en Honduras está implicado en silenciar la voluntad del pueblo. Si sus manos están limpias, ¿por qué no permite que se cuenten todos los votos?”.

El papel polémico de Trump: ¿intervención o estrategia política?

Trump decidió intervenir con una declaración tajante: "Asfura es el único candidato con el que trabajará la administración estadounidense." Su respaldo llegó en un momento clave y parece haber inclinado la balanza en una elección de márgenes tan estrechos.

Marco Rubio, Secretario de Estado estadounidense, también celebró la victoria de Asfura a través de redes sociales, destacando la “voluntad del pueblo hondureño”. Además, líderes como el argentino Javier Milei, aliado ideológico de Trump, felicitaron inmediatamente al nuevo mandatario electo.

Este respaldo externo ha alimentado las críticas de sectores progresistas que lo interpretan como un retroceso en la autonomía política de la nación. Xiomara Castro, quien dejará la presidencia en enero, acusó un “golpe electoral disfrazado”.

Quién es Nasry Asfura: el ingeniero de la capital

Nasry "Tito" Asfura, de 67 años, es un veterano político hondureño de ascendencia palestina, ex alcalde de Tegucigalpa (2014-2022) y protagonista de diversos proyectos de infraestructura urbana en la capital. Su perfil es el de un pragmático, con fama de tecnócrata más que de ideólogo. Esta fue su segunda candidatura presidencial, tras haber sido derrotado en 2021.

Pese a su popularidad como gestor de ciudades —especialmente por sus programas de modernización vial y manejo de residuos—, Asfura también ha estado bajo escrutinio por investigaciones de corrupción, que no llegaron a mayores pero formaron parte del debate público durante la campaña.

Un sistema electoral bajo fuego

La Organización de Estados Americanos (OEA), que estuvo monitoreando el proceso, expresó su preocupación antes del anuncio final de los resultados. El Secretario General, Albert Rambin, escribió:

“Tomamos nota de los resultados, pero seguiremos observando de cerca los acontecimientos en Honduras”.

La OEA también cuestionó la decisión del CNE de declarar un ganador mientras aún faltaba por contabilizar un 0.07% de los votos —una cifra pequeña, pero significativa dada la diferencia ajustada.

Ya durante la fase previa al voto, diversas organizaciones internacionales habían advertido sobre la fragilidad institucional de la democracia hondureña, señalando la falta de transparencia, la polarización extrema y la parcialidad de algunos miembros del CNE.

El declive progresista en Honduras

La derrota del partido LIBRE de Xiomara Castro refleja un desencanto generalizado con las promesas incumplidas de su gobierno. Elegida con entusiasmo en 2021 como la primera mujer presidenta de Honduras, su mandato terminó marcado por altos índices de violencia (casi 38 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2023, según el Observatorio de la Violencia de la UNAH), la persistencia de la corrupción y una economía todavía golpeada por la inflación y los bajos salarios.

Eric Olson, observador internacional de la Seattle International Foundation, fue claro al respecto:

“Incluso dentro de LIBRE hay una aceptación tácita de que no ganaron. Alegan fraude, intervención de Trump, pero no están diciendo que ganaron realmente la elección.”

Una región en viraje conservador

La elección de Asfura no es un caso aislado. América Latina, que hace apenas cinco años vivía una ola de liderazgos progresistas en países como México, Argentina, Perú o Chile, está virando aceleradamente hacia la derecha.

  • En Argentina, Javier Milei desmonta sistemáticamente las políticas intervencionistas de sus antecesores.
  • En Chile, José Antonio Kast fue electo con un mensaje antiinmigración y pro-mercado.
  • En Brasil, Jair Bolsonaro conserva fuerte influencia política a pesar de su derrota electoral en 2022.

Cada una de estas victorias demuestra cómo el electorado regional está castigando a los gobiernos progresistas por su falta de resultados tangibles, más allá de los discursos esperanzadores.

Desafíos para el futuro gobierno

Asfura hereda una nación con:

  • Un 27% de pobreza extrema (según la CEPAL, 2022)
  • Una migración masiva, con más de 125,000 hondureños detenidos en la frontera sur de EE. UU. en 2024
  • Crimen organizado y maras aún activas pese a intentos de contención
  • Sistemas públicos de salud y educación en estado crítico

Su administración ha prometido concentrarse en seguridad, empleo y transparencia, aunque muchos lo observarán de cerca dado el historial del Partido Nacional tras 12 años de gobierno (2010-2022), recordados por constantes denuncias de corrupción.

El papel internacional de un nuevo gobierno aliado de EE. UU.

Más allá de la política interna, Honduras entra a una nueva etapa de alineamiento con Washington. Trump ya declaró que Asfura es su hombre en Tegucigalpa, y no es descabellado esperar acuerdos bilaterales en seguridad, inversiones y migración, especialmente si Trump retorna a la Casa Blanca en 2025.

Ese alineamiento también puede traer roces con socios como México o Colombia, cuyos gobiernos mantienen una visión más moderada o progresista respecto al hemisferio.

¿Qué sigue ahora?

El gobierno de Xiomara Castro ha dicho que respetará los resultados, pero una parte de la sociedad no está convencida. Protestas esporádicas se han reportado en ciudades como San Pedro Sula y La Ceiba.

En una nación con instituciones frágiles, una oposición fragmentada y un electorado cada vez más polarizado, queda por ver si el mandato de Asfura será el comienzo de una restauración conservadora o el preludio de una nueva crisis política.

El futuro inmediato de Honduras está en juego, y lo que parece una victoria ajustada podría desencadenar consecuencias de largo alcance tanto dentro como fuera del país.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press