¿Cooperación o caos? El bombardeo estadounidense en Nigeria y la incertidumbre de una aldea atrapada en el fuego cruzado

El ataque aéreo conjunto entre EE.UU. y Nigeria contra un presunto grupo vinculado al Estado Islámico genera más preguntas que respuestas en la remota aldea de Jabo

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Una noche iluminada por el fuego

La tranquilidad habitual de la aldea de Jabo, ubicada en el estado noroeste de Sokoto, Nigeria, fue destrozada la noche del jueves 23 de diciembre de 2025. Sanusi Madabo, un agricultor de 40 años, relató el momento en que escuchó lo que creyó ser un avión estrellándose. Al salir apresurado de su casa de barro, el cielo resplandecía en rojo. “Fue casi como si fuera de día”, dijo. Lo que presenció fue un ataque aéreo realizado por Estados Unidos contra un supuesto campamento de militantes del Estado Islámico.

El presidente estadounidense Donald Trump anunció poco después el ataque describiéndolo como un “golpe poderoso y letal contra la escoria terrorista del ISIS en el noroeste de Nigeria”. El gobierno nigeriano confirmó más tarde que el ataque fue realizado en colaboración con su contraparte estadounidense.

Una comunidad atrapada entre el miedo y la incertidumbre

En las horas posteriores al ataque, residentes de Jabo describieron sentimientos de confusión, pánico y miedo. Las áreas circundantes, aunque afectadas frecuentemente por grupos criminales y extremistas armados, nunca habían sufrido directamente un ataque como este. Abubakar Sani, cuya residencia está a pocos metros del epicentro del ataque, recuerda: "Nuestras habitaciones comenzaron a temblar y luego estalló el fuego".

Los testimonios apuntan a que no hubo víctimas civiles registradas, aunque las autoridades locales han contenido el acceso al sitio mientras se realiza una investigación más detallada. No obstante, la ausencia de información oficial sobre quiénes fueron atacados, qué grupo fue el objetivo y qué impacto tuvo la operación, ha fermentado un clima de tensión.

¿Quién fue el objetivo del ataque?

Expertos en seguridad especulan que el objetivo del bombardeo fue el grupo Lakurawa, una organización de presencia relativamente reciente en el noroeste de Nigeria. Aunque no está completamente claro si están afiliados formalmente al Estado Islámico, el grupo habría iniciado operaciones en 2018. Investigaciones indican que su membresía está compuesta en gran parte por combatientes extranjeros provenientes del Sahel.

Según el analista de seguridad Bulama Burkati, el gobierno nigeriano podría haber identificado campamentos de Lakurawa y, en colaboración con EE.UU., decidido atacarlos como una forma de iniciar una nueva estrategia antiterrorista que combine inteligencia compartida y acción militar.

Un nuevo capítulo en el conflicto

Yusuf Tuggar, ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, calificó los ataques como una “nueva fase de un viejo conflicto”. En sus declaraciones, recordó que Nigeria ha sido víctima de la violencia tanto de grupos islamistas como de bandidos armados que operan dentro y fuera del país desde hace más de una década. El gobierno también ha estado enfrentando presiones internacionales por parte de Estados Unidos debido a acusaciones de que en Nigeria ocurre un "genocidio cristiano", una afirmación que Abuja rechaza categóricamente.

La alianza táctica con EE.UU. marcaría entonces un giro estratégico, pero también expone a ciudadanos comunes a la posibilidad de convertirse en daños colaterales.

La perspectiva local: daño físico y psicológico

Aliyu Garba, un líder tradicional en la aldea, expresó su preocupación por la ausencia de medidas de protección para los habitantes. Señala que los restos metálicos dejados en el sitio del bombardeo fueron recogidos rápidamente por habitantes locales, algunos de los cuales buscaban vender el metal. “Podrían resultar heridos”, advirtió.

Balira Sa’idu, una joven de 17 años que se preparaba para su boda, está marcada por el trauma. “Debería estar pensando en mi casamiento, pero ahora estoy en pánico”, aseguró.

Una operación con pocas respuestas

A pesar de que las autoridades nigerianas han confirmado que la operación fue coordinada con EE.UU., el hermetismo sobre los detalles esenciales del ataque parece alimentar más miedo que seguridad. Burkati considera que hacer públicos datos como los objetivos específicos o los resultados del ataque ayudaría a disminuir la tensión: “Cuanto más opacos sean los gobiernos, mayor será el pánico en el terreno”.

El contexto regional: terrorismo, desplazamiento y militarización

El norte de Nigeria ha padecido una crisis multidimensional durante más de una década. Desde el ascenso del grupo Boko Haram en 2009, que ha dejado más de 35,000 muertos según datos de ACNUR, hasta conflictos recientes con bandas armadas y grupos extremistas, el país enfrenta una crisis prolongada de seguridad, desplazamiento forzado y ausencia de autoridad en partes claves del norte.

En este ecosistema de violencia, los constantes bombardeos, aunque orientados a eliminar a grupos insurgentes, también provocan desestabilización entre los civiles, que a menudo se convierten en víctimas del fuego cruzado.

¿Cooperación internacional o intervención unilateral?

Este bombardeo marca la expansión geográfica de la “guerra contra el terror” estadounidense a regiones que, aunque inestables, no estaban involucradas activamente en operaciones antiterroristas estadounidenses. En este caso, el bombardeo en consonancia con Nigeria, sin embargo, reaviva el debate sobre la intervención extranjera y su pertinencia.

La pregunta central es: ¿cuándo la colaboración militar internacional combate realmente al terrorismo, y cuándo genera más radicalización, resentimiento y caos?

El futuro inmediato: más ataques, más tensión

El propio ministro Tuggar sugirió que más ataques podrían seguir. Si bien esto puede sonar prometedor para quienes exigen una postura más firme contra el terrorismo, también podría poner en riesgo la estabilidad local en regiones donde la percepción de los civiles es que están siendo ignorados, utilizados o sacrificados en nombre de un conflicto que no comprenden completamente.

Mientras tanto, Sanusi Madabo y su esposa observan cada noche el cielo, ya no con la paz de antes. Algo ha cambiado en Jabo. Aunque el gobierno llama a esto un paso hacia la paz, los habitantes temen que sea solo el inicio de otro tipo de guerra.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press