Crisis por cerdos salvajes: el enemigo invisible que arrasa los campos de EE. UU.

Con un impacto económico superior a los $3 mil millones anuales, la plaga porcina amenaza a agricultores, ecosistemas y gobiernos estatales

Un rugido en la noche no siempre viene de un depredador salvaje. A veces, proviene del hocico de un cerdo. Así es el escenario al que se enfrentan miles de agricultores en Estados Unidos, donde los cerdos salvajes (o jabalíes ferales) se han convertido en una auténtica pesadilla que está destruyendo cultivos, interfiriendo con ecosistemas y costando miles de millones de dólares cada año.

Un problema creciente sin freno a la vista

John Parker Campbell, agricultor en el condado de Copiah, Mississippi, lo describe sin rodeos: “son un dolor de cabeza constante”. Desde los años 90, su familia ha lidiado con los estragos de estos animales. En una sola noche, una manada puede arrasar hectáreas de maíz o maní recién sembrado.

Y no es un caso aislado. En Mississippi, se estima que los daños por estos cerdos oscilan entre $60 millones y $80 millones anuales. A nivel nacional, las cifras son alarmantes: un nuevo estudio estima que el impacto económico supera los $3 mil millones al año, cifra superior a los $2 mil millones previamente calculados.

En la década de 1980, estos animales habitaban 17 estados. Hoy se encuentran en 35, duplicando su rango territorial en apenas 40 años.

¿De dónde vienen estos cerdos salvajes?

Los cerdos salvajes no son nativos de América del Norte. Su origen se remonta a los primeros colonizadores europeos quienes introdujeron cerdos domésticos como ganado. Conforme avanzaron los siglos, algunos escaparon, adaptándose rápidamente a la naturaleza.

La situación se agravó en el siglo XX, cuando se introdujeron jabalíes euroasiáticos con fines recreativos para la caza. El cruce entre estos y los cerdos domésticos dio lugar a un superanimal: fuerte, adaptable, prolífico y destructor.

Estos animales no tienen depredadores naturales en muchas zonas, y encuentran un hábitat ideal en los campos agrícolas repletos de agua y comida.

Técnicas de control: ¿cuál es la más efectiva?

Las medidas para mitigar su expansión varían ampliamente:

  • Cercas eléctricas: como la que tiene instalada la familia Campbell, que si bien ha funcionado, es costosa (> $10,000 al año en mantenimiento).
  • Trampas “inteligentes”: usadas por programas como el de Delta Wildlife, donde el cierre de la trampa se controla a distancia por video en tiempo real. Esto permite atrapar manadas completas, ya que cerrar la trampa prematuramente deja al resto advertido y difíciles de capturar.
  • Disparos aéreos: utilizados por el Departamento de Agricultura en zonas más abiertas, como Texas. En Mississippi, donde hay muchos árboles, esta técnica es menos eficiente.
  • Veneno y anticonceptivos: aún en fase experimental. El reto es evitar daños colaterales a otras especies y animales domésticos.

Mississippi lidera un modelo estatal

En 2020, el estado de Mississippi fue pionero al implementar un programa oficial de control de cerdos salvajes, con un modesto presupuesto de $183,000 anuales. El enfoque se centra en educación, distribución de trampas y monitoreo con cámaras.

Se reciben entre 35 y 40 solicitudes por ciclo de aplicación. Si bien las tareas están en manos de especialistas, la participación del propietario es crucial: deben conocer su terreno e identificar patrones de movimiento de los animales.

Andy Gipson, Comisionado de Agricultura de Mississippi, es contundente: “Los agricultores ya tienen suficiente estrés. No necesitan esta clase de langostas modernas”.

Una inversión que vale cada dólar

Un estudio reciente de la Universidad Estatal de Mississippi evaluó el rendimiento económico de estas prácticas. El daño promedio por propietario alcanzo los $20,000 en un solo año. Reducciones exitosas de poblaciones porcinas pueden generar ahorros de $300 a $4,000 por cerdo eliminado en daños futuros.

El costo de externalizar completamente el proceso (trampa, monitoreo, eliminación) ronda los $200 por cerdo. Aun así, los expertos como Strickland (uno de los autores del estudio), señalan que el retorno de inversión es positivo. “El problema empeorará si no se atiende desde ahora. La clave está en actuar aunque solo haya unos pocos en el terreno”, alerta.

Una amenaza sistémica: no solo un problema rural

Más allá del daño económico, los cerdos salvajes afectan seriamente a:

  • La biodiversidad: alteran hábitats, consumen especies nativas y propagan enfermedades como la brucelosis y la peste porcina.
  • Los ecosistemas acuáticos: al remover el suelo cerca de cuerpos de agua, alteran el flujo y aumentan la sedimentación.
  • Infraestructura y salud pública: colisiones con vehículos, ataques a humanos (raro, pero documentado) y conflictos con mascotas.

Además, su extraordinaria velocidad de reproducción agrava la situación: una cerda puede tener hasta dos camadas al año, con 4 a 12 lechones por camada.

Texas, el ejemplo más extremo

Texas, con una población estimada de 3 millones de cerdos salvajes, ha adoptado una estrategia militarizada. Se organizan batallas aéreas, como en ranchos de Laredo o San Antonio, con helicópteros que disparan a grupos enteros.

A nivel estatal, se invierten millones de dólares en su erradicación. Incluso se comercializa la carne bajo protocolos sanitarios estrictos para disminuir la población y aprovechar su consumo.

¿Y la solución definitiva?

No existe —por ahora. La meta no es erradicarlos totalmente —considerada inviable por autoridades—, sino reducir las poblaciones a niveles manejables.

El reto es inmenso. Como apunta Jody Acosta, encargado del programa de control en Delta Wildlife: “Esto no se trata del glamour de la cacería. Es una guerra nocturna, de monitorización, trampa y mucha paciencia”.

La solución pasa por una respuesta multidisciplinaria: inversión continua, colaboración entre entidades estatales y federales, incentivos a propietarios y más investigación.

Como resumen el equipo de Delta Wildlife: “Los cerdos llegaron para quedarse. Pero aún estamos a tiempo de frenar su dominio sobre nuestros campos”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press