La oscura verdad detrás de las adopciones internacionales en Corea del Sur
El fin de un ciclo de adopciones con historia de abusos, políticas negligentes y una justicia que llega tarde
Una crisis silenciosa: el fin de las adopciones internacionales surcoreanas
Corea del Sur ha anunciado un giro histórico: eliminará paulatinamente las adopciones internacionales, alcanzando cero adopciones al extranjero en 2029. Esta medida, presentada por la viceministra de Salud y Bienestar, Lee Seuran, pone fin a décadas de una práctica profundamente controversial en el país y da respuesta —aunque tardía— a una gran cantidad de voces que exigen justicia y reparación.
Desde los años 70 y 80, Corea del Sur fue uno de los mayores exportadores de niños del mundo. Más de 200,000 niños coreanos fueron enviados al extranjero, en gran parte a Estados Unidos y Europa, bajo un sistema plagado de irregularidades. Muchos de ellos fueron adoptados con documentos falsificados que los describían como huérfanos. En realidad, muchos tenían familias vivas que nunca consintieron su adopción.
Un fenómeno impulsado por dictaduras y la pobreza
Durante las décadas de mayor auge de estas adopciones, Corea del Sur era gobernada por regímenes militares que priorizaban el crecimiento económico sobre los sistemas de bienestar. Las agencias privadas, con gran poder y poca supervisión estatal, fueron actoras principales en este mecanismo de adopciones masivas. El objetivo del Estado era claro: reducir el gasto en servicios sociales y fomentar una imagen de modernización.
De acuerdo con una investigación de Frontline de PBS en colaboración con The Associated Press, estas agencias manipularon identidades, forjaron historiales y, en muchos casos, realizaron adopciones sin ninguna clase de consentimiento parental.
Una víctima que alzó la voz ante la ONU
Una de las voces más emblemáticas de esta lucha por la verdad es la de Yooree Kim, una mujer de 52 años que fue enviada a Francia en 1984. Fue adoptada por una familia que la maltrató física y sexualmente, y llegó hasta las Naciones Unidas para denunciar al Estado surcoreano por haberla entregado en adopción con documentos falsos.
Gracias a su testimonio y al de cientos más, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos instó a Seúl a tomar medidas concretas para atender las violaciones de derechos humanos cometidas en nombre de la adopción internacional.
Una respuesta tibia e insuficiente del gobierno surcoreano
Aunque Corea del Sur reformó su legislación en 2011 para reinstaurar la supervisión judicial en las adopciones y limitar el papel de las agencias privadas, muchos consideran que estas reformas llegaron tarde y no han sido suficientes. En 2025, solo 24 niños coreanos fueron dados en adopción internacional, una cifra muy lejana de los más de 6,000 anuales en los años 80.
La respuesta reciente del gobierno no incluyó nuevos mecanismos de reparación y se limitó a mostrar avances legislativos pendientes. También se ha criticado fuertemente la suspensión de una comisión de la verdad creada para investigar los abusos cometidos en el proceso de adopciones, lo que ha dejado a cientos de casos en el limbo legal.
¿Una reconciliación pendiente con su historia?
El problema con las adopciones internacionales toca fibras profundas en la historia reciente de Corea del Sur. Este sistema no puede entenderse sin el contexto de gobiernos autoritarios, políticas económicas neoliberales y un Estado que prefirió mirar hacia otro lado cuando la vida de miles de niños era transferida como mercancía.
La Comisión de Verdad y Reconciliación reconoció en marzo de 2025 que al menos 56 casos de los 367 investigados presentaban claras violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el proceso investigativo fue abruptamente detenido, dejando a más de 300 casos congelados.
Choi Jung Kyu, un abogado de derechos humanos que representa a Kim y otros adoptados, lamentó que, a pesar de la gravedad de los hechos, el gobierno actual aún muestre una actitud "perfunctory" (superficial), sin voluntad política firme para ofrecer justicia integral a las víctimas.
El papel de Occidente en esta historia
No solo Corea del Sur debe asumir responsabilidad. Países como Estados Unidos, Francia, Noruega y los Países Bajos, que recibieron la mayoría de estos niños, también hicieron poco por verificar la legitimidad de los documentos o por cuestionar a las agencias. De hecho, en muchas ocasiones, estas naciones presionaron a Seúl para mantener el flujo de menores, dada la gran demanda por bebés asiáticos en adopción.
Además, las estructuras de verificación legal y seguimiento postadopción eran prácticamente inexistentes. Muchas de las víctimas enfrentaron abusos, racismo, aislamiento cultural, o caídas en hogares inadecuados.
¿Justicia o simple cosmética política?
El presidente Lee Jae Myung ofreció una disculpa pública en octubre de 2025, como lo recomendó la comisión de la verdad. Sin embargo, esto vino meses después de que el mismo gobierno vetara en abril un proyecto de ley destinado a eliminar la prescripción legal para delitos del Estado relacionados con derechos humanos.
Esto ha llevado a largos procesos judiciales donde las víctimas deben demostrar su caso en tribunales que a veces ignoran los hallazgos de comisiones oficiales. La promesa de establecer una nueva comisión actualmente está en el limbo parlamentario, dejando en la indefensión a cientos de adultos que aún buscan sus raíces y respuestas.
Una deuda histórica que no se borra
Más allá del final de las adopciones internacionales, Corea del Sur se enfrenta al desafío de restaurar la dignidad de sus ciudadanos adoptados, ya adultos. Se estima que más del 80% de los archivos de adopción presentan errores o manipulaciones según defensores de derechos humanos. Muchos adoptados han enfrentado inmensos obstáculos legales y burocráticos para acceder a información sobre su familia biológica.
La memoria colectiva de este fenómeno requiere procesos claros de verdad, reparación y garantías de no repetición. Las medidas anunciadas aún lucen insuficientes frente a la magnitud del daño causado. Más que cerrar un programa de manera administrativa, se necesita una reconstrucción ética que ponga en el centro a las víctimas.
Si Corea del Sur aspira a ser un referente en derechos humanos —como ha intentado mostrar en sus relaciones internacionales y en su diplomacia blanda—, ahora tiene una oportunidad definitiva para hacer lo correcto. No solo por quienes fueron adoptados, sino por el mensaje de justicia que quiere enviar al mundo.
Datos y cifras clave
- Más de 200,000 niños coreanos fueron adoptados internacionalmente entre 1953 y 2010.
- En los años 80, se estimaban entre 6,000 y 7,000 adopciones por año.
- En 2025, solo se registraron 24 adopciones internacionales.
- De 367 casos investigados por la comisión de la verdad, 56 fueron reconocidos como víctimas de violaciones a derechos humanos.
- Más del 80% de los archivos de adopción contienen errores o falsificaciones.
Fuentes: Comisión de la Verdad y Reconciliación de Corea del Sur, ONU Derechos Humanos, investigación de Frontline PBS y AP.
