Viviendo entre ruinas y frío: la cruda realidad de los desplazados en Gaza
Tras años de conflicto, miles de familias sobreviven en tiendas improvisadas, enfrentando lluvias, hambre y el olvido internacional
Entre el barro y la desesperación
En Deir al-Balah, una ciudad en el centro de la Franja de Gaza, el invierno no representa solamente un cambio de estación, sino también una condena para miles de desplazados. Desde hace casi dos años, hombres, mujeres y niños viven en tiendas improvisadas que apenas los protegen del viento y la lluvia. Sus rostros reflejan una mezcla de resistencia, resignación y cansancio.
Niños descalzos corren por la arena húmeda, mientras sus padres tratan de reforzar las carpas con pedazos de madera y plástico encontrado en la calle. "Cada vez que llueve, la tienda colapsa sobre nuestras cabezas", afirma Shaima Wadi, madre de cuatro hijos, desplazada desde Jabaliya. "No tenemos colchones, ni ropa de abrigo, y todo es cada vez más caro. No tenemos ingresos y apenas sobrevivimos".
Una crisis humanitaria ignorada
La Organización Mundial de la Salud ha advertido que las condiciones sanitarias en campos de desplazados en Gaza son críticas. El Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamas, estimó que docenas de personas —incluyendo bebés recién nacidos— han muerto por hipotermia o tras el colapso de viviendas dañadas por los bombardeos y el paso del tiempo.
Las lluvias inundan los caminos, crean charcos, y transforman los alrededores en ríos de lodo. Dentro de las tiendas, los agujeros dejan pasar la luz del día como estrellas tristes que no iluminan, sino que recuerdan la fragilidad del refugio. Fuera, madres cuelgan ropa mojada hasta que el clima lo permita. Todo es precario, desde los utensilios de cocina hasta la ropa de cama, que muchas veces es solo cartón y mantas mojadas.
El precio del conflicto: más de 71,000 muertos
Desde el inicio de la guerra entre Israel y Hamas el 7 de octubre de 2023, el saldo humano es devastador. El Ministerio de Salud de Gaza informa 71,266 fallecidos y 171,219 heridos, una cifra alarmante que lamentablemente podría seguir creciendo. Si bien el ministerio no diferencia entre combatientes y civiles, la mayoría de los fallecidos son mujeres, niños y ancianos.
El cese al fuego acordado en octubre de 2024 otorgó un pequeño respiro, durante el cual se han podido recuperar al menos 679 cuerpos de entre los escombros. De ellos, 29 cuerpos han sido extraídos en las últimas 48 horas, incluidos 25 que yacían bajo los escombros desde hace meses.
Entre promesas de paz y conflictos vigentes
A pesar del alto al fuego, las tensiones persisten. La siguiente fase de las negociaciones contempla aspectos críticos como:
- El despliegue de una fuerza internacional de estabilización.
- La creación de un gobierno tecnocrático para Gaza, ajeno a Hamas.
- La retirada progresiva del ejército israelí.
- El desarme de las fuerzas de Hamas.
Pero las acusaciones de violaciones a la tregua son continuas entre ambas partes, lo que complica avances concretos. La necesidad de reconstrucción es urgente: según datos de la ONU, cerca del 70% de los edificios en Gaza están dañados o destruidos.
Cuando refugiarse es un riesgo
Las autoridades han aconsejado no habitar edificaciones seriamente dañadas. No obstante, con más del 60% del territorio en ruinas, ¿a dónde puede ir la población? “Recolecto cartones y plásticos de la calle para cubrirnos o hacer fuego”, dice Ahmad Wadi, uno de los miles de desplazados. “Todo está húmedo, hace frío, no tenemos mantas… no sé qué más hacer”.
Mientras tanto, el número de refugios adecuados sigue siendo insuficiente. Las organizaciones humanitarias han denunciado impedimentos para ingresar ayuda significativa. Las restricciones israelíes, el bloqueo terrestre y las condiciones de seguridad han ralentizado la entrada de asistencia, y muchas veces se pierde o no alcanza a las regiones más afectadas.
El otro frente: Cisjordania bajo fuego
El conflicto no se limita a Gaza. En el norte de Israel, un ataque reciente protagonizado por un palestino originario de la ciudad de Qabatiya derivó en la muerte de dos personas. Esto provocó una operación militar israelí en la ciudad del atacante. Soldados ocuparon calles y bulldozers cercaron caminos, imponiendo un férreo toque de queda.
“Están castigando a 30,000 personas”, dijo Bilal Hanash, residente de Qabatiya. Las incursiones en Cisjordania son habituales tras ataques terroristas, bajo el argumento de combatir células subversivas, pero organizaciones de derechos humanos lo catalogan como castigo colectivo.
Una vida sostenida por frágiles esperanzas
Las historias como la de Shaima y Ahmad Wadi representan a miles. Vidas suspendidas entre el miedo al colapso de una tienda y la esperanza de una solución política que aún no llega. Miles de niños no han ido a la escuela en años. Muchos padecen desnutrición o enfermedades respiratorias. La infancia de una generación entera está siendo devastada.
La desesperación es tangible, pero también lo es la resiliencia. La comunidad internacional ha sido testigo de los desplazamientos forzados más largos del siglo XXI, y segundos se convierten en días, días en meses. Gaza, convertida en una prisión al aire libre, sigue esperando una paz real y el fin de la indiferencia mundial.
“No somos cifras”, dicen muchos. Y tienen razón. Son madres que rezan por un plato caliente, niños que juegan con piedras mientras sueñan con una escuela, y padres que, entre los escombros, aún creen que algún día tendrán un hogar verdadero.
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