Adiós a la MetroCard: El fin de una era en el metro de Nueva York
Después de más de tres décadas de servicio, la icónica tarjeta de transporte será reemplazada por un sistema sin contacto. Pero, ¿qué significa esto para los neoyorquinos?
Una despedida histórica a la MetroCard
Desde su introducción en 1994, la MetroCard se convirtió en parte esencial del día a día en la ciudad de Nueva York. Durante más de tres décadas, millones de neoyorquinos y turistas la deslizaron diariamente en los torniquetes del metro y en los lectores de los autobuses. Pero esa era llega a su fin: el 31 de diciembre de 2025 será el último día para comprar o recargar una MetroCard. La ciudad se despide de la icónica tarjeta de banda magnética para adoptar totalmente el sistema OMNY (One Metro New York), basado en pagos sin contacto.
Del token al plástico: una revolución de los 90
Antes de la MetroCard, el sistema de transporte utilizaba tokens, pequeñas fichas de metal introducidas en 1953. En sus inicios, cuando el metro se inauguró en 1904, el precio del pasaje era de apenas cinco centavos (equivalente hoy a aproximadamente $1.82).
La transición a una tarjeta inteligente fue vista como una revolución tecnológica para la Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA). “Había resistencia al cambio porque los tokens funcionaban”, recuerda Jodi Shapiro, curadora del Museo del Transporte de Nueva York. “Pero la MetroCard supuso una nueva forma de pensar para los neoyorquinos”.
Un ícono cultural y objeto de colección
La MetroCard trascendió su utilidad práctica para convertirse en un objeto cultural. A lo largo de los años, se emitieron ediciones especiales conmemorativas para eventos como la “Subway Series” entre los Yankees y los Mets en el año 2000. También aparecieron figuras icónicas en la tarjeta como David Bowie, Olivia Rodrigo, el Wu-Tang Clan, LL Cool J y hasta series como Seinfeld o Law & Order.
Para coleccionistas como Lev Radin, residente del Bronx, “las tarjetas más especiales son aquellas que representan a Nueva York: no solo sus monumentos, sino también su gente, su esencia”.
OMNY: el presente y futuro del transporte urbano
OMNY comenzó su implementación en 2019, y en 2024 ya más del 90% de los viajes en metro y autobús se pagan mediante este sistema. Con solo acercar una tarjeta bancaria, un teléfono móvil o un dispositivo inteligente, el usuario puede pagar el pasaje, como si hiciera una compra cotidiana en cualquier tienda.
Este tipo de sistema ya es común en ciudades como Londres (Oyster Card), Singapur (EZ-Link) o Tokio (Suica). En Estados Unidos, también se usa en San Francisco (Clipper) y Chicago (Ventra).
Ventajas y ahorros
- Ahorro anual: la MTA estima una reducción de $20 millones al año en costos relacionados con el mantenimiento y distribución de la MetroCard.
- Facilidad de uso: OMNY permite el pago sin contacto, eliminando errores al deslizar.
- Topes semanales: una de sus principales ventajas es que los viajes se vuelven gratuitos después del duodécimo viaje en una semana. Esto significa un máximo de $35 por semana una vez que la tarifa pase de $2.90 a $3 en enero.
Pero no todo son aplausos: críticas y preocupaciones
Este avance tecnológico también ha generado inquietudes. Algunos usuarios, como Ronald Minor, un septuagenario residente de Manhattan, sienten que los adultos mayores están siendo olvidados. Minor afirma que “cargar la tarjeta OMNY es más complicado que antes, y no todos los mayores están familiarizados con smartphones u otros dispositivos inteligentes”.
Otros, como John Sacchetti en la estación de Port Authority, expresan ciertas reservas: “Me gustaba ver mi saldo al pasar la tarjeta. Con OMNY, pierdes esa visibilidad directa”.
Además, la privacidad es otra preocupación latente. Organismos y defensores de derechos civiles han advertido el potencial de vigilancia mediante los registros de movimiento que recopilan los dispositivos conectados. Aunque OMNY ofrece opciones de anonimización al cargar tarjetas físicas, el temor persiste respecto a un posible uso indebido de la información.
Momentos icónicos de la MetroCard
Quizás uno de los episodios más recordados involucra a Hillary Clinton durante su campaña presidencial de 2016, cuando necesitó cinco intentos para lograr pasar una tarjeta en un torniquete del Bronx. El incidente se viralizó como ejemplo del dominio cultural que representa la MetroCard: “No eres un auténtico neoyorquino hasta que sabes exactamente con qué ángulo y fuerza debes pasar tu tarjeta”, decía una expresión popular.
En contraste, su rival en las primarias demócratas, Bernie Sanders, nacido en Brooklyn, ni siquiera parecía al tanto de la desaparición previa de los tokens, lo que causó más ironía entre los votantes.
¿Qué sigue para los nostálgicos?
Aunque las MetroCards dejarán de recargarse a fines de 2025, seguirán funcionando durante parte del año 2026 para permitir a los usuarios gastar sus fondos restantes.
Los coleccionistas de tarjetas pueden mirar hacia el New York Transit Museum, que ha abierto una exposición especial sobre la historia de la MetroCard. También se espera que muchas de las ediciones especiales se conviertan en artículos de colección codiciados en sitios de subasta y ferias urbanas.
Más allá de Nueva York: ¿la extinción de los sistemas físicos?
El tránsito hacia plataformas digitales en el transporte público no es exclusivo de Nueva York. La tendencia es global. Países como Suecia casi han eliminado el dinero físico, y Japón, con su cultura tecnológica, usa tarjetas inteligentes recargables desde los años 2000.
En América Latina, ciudades como Santiago de Chile (BIP!) y Buenos Aires (SUBE) ya cuentan con sistemas similares. ¿Veremos una adopción más masiva de plataformas como Apple Pay o Google Pay para el transporte en los próximos años? Todo indica que sí.
Un adiós con sabor a historia
La MetroCard fue mucho más que una herramienta de pago: era parte del ritual diario del neoyorquino, reflejaba el arte, la cultura y la personalidad de una ciudad constantemente en movimiento. Reemplazada ahora por un sistema más moderno y ágil, deja tras de sí una enorme carga sentimental. Para muchos, la MetroCard es sinónimo de historias de vida, de recorridos diarios, de encuentros fugaces o rutinarios.
OMNY es el futuro. Pero la MetroCard siempre será un pedacito del alma de Nueva York.
