El infierno invernal en Gaza: entre escombros, lluvias y abandono

Mientras los bombardeos cesan parcialmente, las lluvias invernales golpean con brutalidad a los desplazados palestinos atrapados en carpas improvisadas en medio de ruinas

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Por las calles fangosas de Khan Younis, cientos de miles de familias palestinas siguen atrapadas en uno de los peores escenarios que puede ofrecer una guerra prolongada: vivir sin techo, sin refugio y ahora también sin defensas frente al frío y la lluvia.

Viviendo entre el lodo: cuando la guerra no tiene tregua

La tregua temporal entre Israel y Hamas, que entró en vigor el 11 de octubre, ha hecho poco para aliviar el sufrimiento cotidiano de los habitantes de Gaza. Una nueva amenaza cayó del cielo, no en forma de misiles, sino en gotas de lluvia helada que en cuestión de horas convirtieron los campos de desplazados en auténticos pantanos.

Los testimonios más desgarradores provienen de los campamentos en Khan Younis, donde miles de familias intentan sobrevivir bajo lonas que hace tiempo dejaron de proteger. “Nos ahogamos anoche”, dice Majdoleen Tarabein, desplazada desde Rafah. “La tienda voló con el viento y todo lo que teníamos está empapado”.

¿Dónde empieza y termina el infierno?

Las cifras hablan por sí solas. Desde diciembre, al menos doce personas han muerto por hipotermia o por el colapso de edificios dañados por la guerra, según el Ministerio de Salud de Gaza. Entre las víctimas, un bebé de apenas dos semanas. La tragedia, ya insoportable, adquiere ahora tinte de catástrofe humanitaria silenciada.

Eman Abu Riziq, otra desplazada, señala los colchones empapados y la ropa de sus hijas chorreando agua sucia. Su situación revela el vacío entre discursos políticos y la cruda realidad sobre el terreno. Y es que el 80% del territorio, según imágenes satelitales de la ONU, está reducido a escombros, dejando sin opciones reales a quien intenta huir de la lluvia o mantenerse a salvo.

Las promesas que no alcanzan

Las autoridades israelíes han anunciado la entrada de 4.200 camiones con ayuda humanitaria durante la última semana, en el marco de los esfuerzos invernales. Pero las organizaciones de ayuda señalan que es insuficiente. Según el colectivo internacional Shelter Cluster, liderado por el Consejo Noruego para Refugiados, desde el inicio de la tregua solo han entrado unos 72.000 toldos y 403.000 lonas plásticas. Para un desplazamiento masivo que supera el medio millón de personas, las matemáticas simplemente no cierran.

“El severo clima invernal está agravando más de dos años de sufrimiento. No hay nada inevitable en esto. Los suministros no están entrando a la escala que se necesita.” – Philippe Lazzarini, comisionado de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA)

Una guerra sin fecha de expiración

Desde el estallido del conflicto en octubre de 2023, el Ministerio de Salud de Gaza ha registrado un total de 71.266 muertes, aunque no hay una distinción entre civiles y combatientes. En los últimos dos meses y medio de “tregua”, el saldo asciende a 414 muertos y 1.142 heridos. La guerra puede haber bajado su intensidad, pero nunca se ha detenido verdaderamente.

La realidad en la Franja sigue siendo dantesca: ruinas, hospitales colapsados, falta de agua potable, y una emergencia sanitaria que amenaza a diario con desbordarse.

¿Y mientras tanto, qué papel juega Occidente?

Mientras las cámaras se enfocan brevemente en los anuncios diplomáticos, la atención global se desvanece. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se reunió recientemente con el expresidente Donald Trump en Florida para discutir la “segunda etapa” del cese al fuego. Entre las condiciones, Israel exige la devolución del cuerpo del último rehén fallecido el pasado 7 de octubre.

El futuro de esta tregua resulta cada vez más incierto. Las negociaciones, plagadas de obstáculos, incluyen la creación de un cuerpo de estabilización internacional para Gaza, un gobierno tecnócrata, el desarme de Hamas y el retiro paulatino de tropas israelíes. Pero poco o nada de eso resuelve la urgencia humanitaria que se vive ahora.

Una generación atrapada sin futuro

Más de la mitad de la población de Gaza son menores de 18 años. En condiciones como estas, la infancia se malogra, el trauma se cronifica. Según datos de UNICEF, los niños en Gaza ya vivían antes de la guerra con niveles alarmantes de inseguridad alimentaria y estrés postraumático. Hoy, ese escenario es aún más sombrío. Sin escuelas, sin atención médica ni recursos básicos, la infancia palestina se ve sistemáticamente condenada a un laberinto sin salida.

¿Qué podemos hacer desde fuera?

  • Visibilizar: hablar de Gaza no puede estar condicionado por modas mediáticas. Lo que ocurre allí es una tragedia diaria.
  • Presionar por mayor ayuda humanitaria: exigirle a los gobiernos y organizaciones que faciliten el acceso masivo y sin restricciones de ayuda esencial a Gaza.
  • Apoyar logísticamente a las ONG con presencia activa en el terreno: el UNRWA, la Media Luna Roja Palestina, Médicos Sin Fronteras y el Comité Internacional de la Cruz Roja son actores fundamentales.
  • Rechazar la inmunidad política: los crímenes de guerra y las negligencias graves no deben ser ignorados por la comunidad internacional.

Hoy, mientras el mundo distribuye likes frente a árboles de Navidad o debates electorales, miles de personas en Gaza siguen durmiendo en colchones encharcados, con ropa mojada, sin comida caliente, y bajo techos que podrían colapsar con la próxima ráfaga de viento.

No es solamente una crisis humanitaria. Es una herida abierta en el corazón del siglo XXI, donde la lluvia puede ser tan letal como una bomba.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press