Elecciones en África: el caso Guinea y el enigma de las democracias post-golpe

La votación en Guinea tras el golpe de 2021 y los paralelismos con la inestabilidad política en Kosovo muestran los desafíos comunes de las transiciones democráticas

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África Occidental vive una transformación política volátil, marcada por los golpes de Estado, los procesos de transición controlados por regímenes militares y la permanente tensión entre las élites políticas y una sociedad civil reprimida. Guinea, nación rica en minerales pero empobrecida en derechos y libertades, celebró esta semana su primera elección presidencial desde el derrocamiento del expresidente Alpha Condé en 2021.

Este evento no sólo marca el fin simbólico de un proceso de transición que duró cuatro años, sino que también refleja una tendencia alarmante en el continente africano: el reciclaje de comandos militares en trajes democráticos que dificultan procesos legítimos de gobernabilidad. Vamos a analizar con detenimiento lo que significan estas elecciones en Guinea, qué papel ha jugado el general Mamadi Doumbouya y cómo se conecta todo esto con un patrón que se repite tanto en África como en otros puntos calientes del planeta.

¿Quién es Mamadi Doumbouya y cómo llegó al poder?

El general Mamadi Doumbouya, exmiembro de la Legión Extranjera Francesa, encabezó el golpe militar que derrocó al presidente Alpha Condé en septiembre de 2021. Condé, a su vez, había modificado la Constitución en 2020 para presentarse a un tercer mandato tras años de acusaciones por autoritarismo, corrupción y represión.

Doumbouya justificó el golpe alegando que la administración de Condé había fracasado en ofrecer gobernabilidad efectiva. Sin embargo, desde su llegada al poder, ha restringido aún más el espacio para la oposición política, la prensa y las organizaciones de la sociedad civil.

Una elección en medio de la represión

La elección del pasado domingo se celebró con un contexto político profundamente desequilibrado. De los nueve candidatos registrados, ninguno representa una amenaza real para Doumbouya. Los principales líderes opositores, como Cellou Dalein Diallo y Sidya Touré, se encuentran exiliados, mientras que otros aspirantes como el ex primer ministro Lansana Kouyaté fueron excluidos por “razones técnicas”.

La Comisión Electoral está bajo el control del mismo régimen que organiza los comicios, lo que incrementa las dudas sobre la transparencia del proceso. Más aún, en 2023 el régimen disolvió más de 50 partidos políticos bajo el pretexto de “limpiar el tablero político”.

¿Qué está en juego en Guinea?

Guinea es el mayor exportador mundial de bauxita, mineral clave para la producción de aluminio, y posee uno de los yacimientos de hierro más grandes del planeta: Simandou. Este yacimiento, dominado en un 75% por capital chino, comenzó su producción en mayo de 2024 tras décadas de demoras.

Según el gobierno, este proyecto transformará la economía nacional al crear decenas de miles de empleos y diversificar las inversiones hacia sectores como agricultura, tecnología, infraestructura y salud. De hecho, uno de los pilares retóricos de Doumbouya ha sido la conexión de la juventud guineana con las tecnologías de información a través de programas de alfabetización y digitalización.

Pero en paralelo,

el 50% de los 15 millones de habitantes viven en la pobreza extrema, según el Programa Mundial de Alimentos. También hay una creciente inseguridad alimentaria y desempleo estructural.

Doumbouya: ¿héroe o déspota moderno?

La figura de Doumbouya genera división. Algunos lo ven como un modernizador pragmático que propone grandes proyectos e impulsa reformas, mientras que otros lo acusan de encapsular todos los vicios del autoritarismo militar bajo un barniz democrático.

Para Aboubacar Sidiki Diakité, analista político de Conakry, está claro: “Esta elección no es más que un paso cosmético para retornar a la 'legalidad democrática'. Doumbouya ganará sin oposición real y consolidará aún más su poder.”

No obstante, su legitimidad internacional dependerá del grado de transparencia percibida del proceso y del respaldo de las potencias extranjeras, especialmente Francia, China y Estados Unidos, que mantienen intereses estratégicos en el país africano.

El espejo kosovar: dos democracias en jaque

Mientras Guinea celebra elecciones bajo un régimen militar, Kosovo también celebró elecciones parlamentarias anticipadas en busca de romper un estancamiento institucional que amenaza su frágil sistema republicano.

La nación balcánica, que declaró su independencia en 2008 tras la guerra con Serbia, estuvo liderada desde 2021 por Albin Kurti, un ex prisionero político conocido por su firme postura contra Belgrado. Pero su estilo ha generado enfrentamientos con los partidos tradicionales, provocando elecciones anticipadas este 2024.

Tanto Guinea como Kosovo muestran las profundas debilidades de las democracias emergentes cuando las instituciones no se consolidan y el personalismo domina el escenario político. En ambos casos, las elecciones son más una dinámica de control que de competencia.

¿Efecto dominó en África?

Guinea no está sola. Desde 2020, África ha sido testigo de al menos siete golpes de Estado militares, entre ellos en Mali, Burkina Faso, Níger, Gabón y Sudán. Este fenómeno se ha interpretado como un rechazo al constitucionalismo liberal y una reacción al fracaso crónico de los gobernantes electos para resolver los principales problemas sociales.

De hecho, según cifras del Wilson Center, entre 1950 y 2022, más de 200 golpes de Estado han tenido lugar en África. El 40% de ellos desde los años 2000 han ocurrido en países ricos en minerales o recursos energéticos, como petróleo, oro y diamantes.

Eso sugiere una correlación entre abundancia de recursos y fragilidad institucional. Las élites locales entran en confrontación por el control de esas riquezas, lo cual hace de los golpes una alternativa lucrativa cuando el sistema democrático impide monopolizar el poder.

¿Qué papel juega la comunidad internacional?

Las organizaciones regionales como la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) han impuesto sanciones y presionan para una transición democrática real, pero con resultados limitados. En el caso de Guinea, Doumbouya logró sortear varios bloqueos gracias a concesiones diplomáticas y el apoyo tácito de ciertos actores externos interesados en los recursos estratégicos del país.

Por su parte, potencias como Francia, aunque expresan preocupaciones por los derechos humanos, ponderan intereses económicos y geoestratégicos al momento de actuar. China, con su inversión masiva en Simandou, también tiene un papel clave.

Perspectivas para Guinea: ¿una democracia secuestrada?

Los próximos días serán claves para observar la reacción tanto interna como internacional ante el resultado electoral. Mientras tanto, la población parece atrapada entre la esperanza de estabilidad económica y el miedo a un régimen militar con ropaje civil.

¿Puede Guinea transformar su potencial económico en bienestar social sin libertades políticas? ¿Es sostenible este modelo de autoritarismo extractivista?

La respuesta, quizás, dependa menos del deseo de Doumbouya de permanecer en el poder y más del grado de presión que la sociedad civil, los medios (si logran sobrevivir sin censura) y la comunidad internacional quieran aplicar. Hoy por hoy, Guinea, como otros países africanos post-golpe, transita por una frágil cuerda floja entre gobernabilidad y legitimidad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press