Las elecciones en Myanmar: ¿Democracia o fachada del poder militar?

Bajo la sombra del conflicto, Myanmar celebra elecciones envueltas en controversia, represión e incertidumbre política

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Una jornada electoral en medio del fuego cruzado

El 28 de diciembre de 2025, Myanmar celebró la primera fase de sus elecciones generales. Sin embargo, lejos de ser un símbolo de esperanza democrática, el contexto en el que se llevaron a cabo estas elecciones genera más dudas que certezas. Con el país sumido en una cruenta guerra civil y gobernado por una junta militar desde el golpe de Estado de febrero de 2021, muchos observadores internacionales, activistas e incluso ciudadanos locales cuestionan la legitimidad de este proceso.

Las imágenes captadas en Naypyitaw, la capital administrativa, muestran filas ordenadas de ciudadanos emitiendo sus votos. A simple vista, parecería un ejercicio democrático más, pero tras esta fachada electoral se oculta un sistema cuidadosamente orquestado por el poder militar para perpetuar su dominio bajo la apariencia de un régimen civil.

El trasfondo del golpe militar

El 1 de febrero de 2021, los militares de Myanmar derrocaron al gobierno democráticamente electo de Aung San Suu Kyi, bajo el pretexto de fraude en las elecciones de noviembre de 2020. Desde entonces, el país ha sido gobernado por el Consejo Administrativo del Estado, encabezado por el general Min Aung Hlaing, un líder que ha sido fuertemente criticado por su autoritarismo y su brutal represión contra los movimientos de resistencia.

Según Amnistía Internacional, más de 4,000 personas han muerto y otras 20,000 han sido detenidas por protestar contra el régimen. Sin libertad de prensa, sin participación de observadores internacionales y con candidatos opositores encarcelados o inhabilitados, este proceso electoral se parece más a una coreografía diseñada para lavar la imagen del régimen que a una verdadera contienda democrática.

El USDP y el control militar

El principal partido en estas elecciones es el Partido de la Unión, Solidaridad y Desarrollo (USDP, por sus siglas en inglés), una formación política abiertamente respaldada por los militares. La campaña del USDP ha sido omnipresente en todas las regiones permitidas, con mítines masivos, música, banderas y discursos nacionalistas.

En cambio, otros partidos disidentes como la Liga Nacional por la Democracia (NLD), fundada por Aung San Suu Kyi, han sido proscritos o forzados a operar desde la clandestinidad. La represión ha sido tal que varios líderes del NLD están encarcelados, acusados de crímenes como corrupción o traición —cargos que muchos analistas consideran motivaciones políticas sin base legal.

El veredicto internacional: elecciones fraudulentas

Organismos internacionales como Human Rights Watch y la ONU han rechazado categóricamente los comicios. Nicholas Koumjian, jefe del Mecanismo Independiente de Investigación sobre Myanmar de la ONU, expresó en octubre de 2025:

“Este proceso electoral no puede considerarse libre ni justo. No cumple con ninguno de los estándares mínimos de transparencia, inclusión o respeto por los derechos humanos.”

Desde la perspectiva de la comunidad internacional, el régimen busca establecer una legalidad ficticia sobre un gobierno instalado por la fuerza, mientras silencia la disidencia con violencia y miedo.

La apatía cívica y la resistencia silenciosa

A pesar de la organización visible en los centros de votación, se reportó una baja participación ciudadana en muchas regiones del país, salvo aquellas bajo fuerte vigilancia militar. En zonas donde los grupos étnicos armados controlan el territorio, como Kachin, Shan o Karen, muchos votantes simplemente no participaron, ya sea por boicot político o por inseguridad.

Varios ciudadanos entrevistados de forma anónima por medios birmanos en el exilio reconocieron que votaron solo para evitar represalias de las autoridades locales o como una formalidad vacía. La frase más común: “No creo que esto vaya a cambiar nada”.

El contexto de guerra civil

El conflicto interno en Myanmar no ha cesado desde 2021. Más de 268 municipios están registrados en algún grado de combate activo entre el ejército y fuerzas insurgentes, como los Comités de Defensa Popular (PDF, por sus siglas en inglés) y la Fuerza Karen de Liberación Nacional (KNLA), entre otros movimientos étnicos armados. Esto convierte a Myanmar en uno de los epicentros de violencia civil más prolongados del sudeste asiático en la actualidad.

La organización Acled (Armed Conflict Location & Event Data Project) reporta más de 14,000 episodios de violencia política entre 2021 y 2025, incluyendo ataques a aldeas, campos de refugiados y ejecuciones extrajudiciales.

¿Existe una salida?

Frente a este caótico panorama, la pregunta que muchos se hacen es: ¿podrá Myanmar algún día recuperar su democracia? La situación actual recuerda a la vivida durante la junta militar que controló el país desde 1962 hasta 2011, un período de aislamiento, estancamiento económico y represión sistemática.

Expertos señalan que cualquier camino de retorno a la democracia pasa por tres factores clave:

  • Presión internacional sostenida mediante sanciones selectivas y aislamiento diplomático.
  • Unidad de los movimientos democráticos en el país, incluyendo los grupos étnicos minoritarios.
  • Una mediación efectiva de actores regionales, especialmente la ASEAN, cuya inacción hasta ahora ha sido ampliamente criticada.

Mientras tanto, la resistencia del pueblo birmano continúa, no en urnas que han sido secuestradas por el poder militar, sino en una lucha cotidiana por la dignidad, el derecho a expresarse libremente y la esperanza de una verdadera autodeterminación.

La sombra de Aung San Suu Kyi

El nombre de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi sigue siendo un símbolo de lucha para muchos birmanos. Actualmente recluida en aislamiento, con 33 años de prisión impuesta por la junta, su figura sigue prendiendo la llama de la oposición incluso desde el encierro.

Para miles de birmanos, su encarcelamiento simboliza el fracaso de un sistema que todavía no ha logrado romper los nudos del autoritarismo ni consolidar las instituciones democráticas que florecieron brevemente entre 2010 y 2020.

Una democracia de papel

Las elecciones de diciembre de 2025, lejos de marcar un punto de inflexión, se perfilan como una triste confirmación de la realidad autoritaria en la que se encuentra sumido Myanmar. Los uniformes han cambiado por trajes, las armas por urnas, pero el guion es el mismo: el control absoluto del poder, disfrazado de democracia.

Mientras el mundo observa con preocupación o indiferencia, el pueblo birmano sigue luchando por algo más que una elección: por su derecho a existir, a vivir con dignidad y a soñar con un futuro en libertad.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press