Siria tras Assad: El terremoto sectario que agita a los alauitas
La caída del régimen de Bashar al-Assad y la reciente ola de violencia religiosa reconfiguran el futuro de la minoría alauita
La serie de eventos que se han desencadenado en Siria desde la caída de Bashar al-Assad ha sumido al país en una nueva etapa de inestabilidad. A las heridas profundas de catorce años de guerra civil se suma ahora una peligrosa ola de violencia sectaria que apunta de forma directa a la comunidad alauita. En este artículo abordamos las causas, consecuencias y posibles salidas de este conflicto desde una perspectiva histórica y sociopolítica.
¿Quiénes son los alauitas?
Los alauitas son una rama minoritaria del islam chiita que tienen una presencia histórica en la región costera de Siria, especialmente en ciudades como Latakia y Tartous. A pesar de representar solo alrededor del 10% al 12% de la población siria, los alauitas llegaron a ocupar puestos clave en el aparato gubernamental y militar del país, en gran parte debido a que la familia Assad pertenece a esta secta.
El dominio de los Assad: un régimen alauita en un país mayoritariamente sunita
Bashar al-Assad, y antes su padre Hafez al-Assad, consolidaron el poder político durante décadas con un fuerte soporte institucional y armamentístico. Esta consolidación trajo consigo también un desequilibrio confesional en las estructuras del poder estatal: los alauitas eran mayoría en posiciones militares, de inteligencia y de alta administración pública, lo cual generó resentimientos entre la mayoría sunita, subordinada política y económicamente.
La guerra civil, que estalló en 2011 como parte de la Primavera Árabe, agudizó las divisiones sectarias entre las comunidades. Mientras algunos segmentos alauitas respaldaban el régimen por considerarlo su garante de seguridad, otros grupos dentro y fuera del país comenzaron a distanciarse del poder central, sobre todo con el agravamiento del conflicto.
El atentado en Homs: un punto de inflexión
El pasado viernes, un grave atentado sacudió a la ciudad de Homs, dejando al menos ocho muertos y 18 heridos durante oraciones en una mezquita alauita. Según fuentes locales, mortales artefactos explosivos fueron colocados en el interior del templo, lo que indica una intención específica de atacar a esta comunidad religiosa.
La autoría fue reivindicada por un grupo poco conocido, Saraya Ansar al-Sunna, a través de su canal de Telegram. En su declaración, afirman que los alauitas son “apóstatas” y, por tanto, objetivos legítimos, siguiendo una lógica extrema de guerra sectaria en la que estos grupos radicales no hacen distinción entre civiles y combatientes.
Manifestaciones en Latakia, Tartous y más allá
La indignación no se hizo esperar. Miles de personas salieron a las calles en Latakia, Tartous y otras zonas costeras de mayoría alauita. El llamado a protestar provino de Ghazal Ghazal, un clérigo alauita exiliado que dirige el Consejo Supremo Islámico Alauita en Siria y la Diáspora.
Estos manifestantes, sin embargo, fueron agredidos por grupos progubernamentales en enfrentamientos que rápidamente derivaron en violencia. En Latakia, se reportaron lanzamientos de piedras y enfrentamientos físicos; e incluso un contramanifestante fue golpeado. En Tartous, una granada arrojada a una comisaría dejó al menos dos agentes de seguridad heridos. En Latakia, también se documentaron vehículos oficiales siendo incendiados.
La tensión post-Assad: ¿un vacío de poder o un nuevo orden?
Desde que Bashar al-Assad huyó a Rusia en diciembre de 2024 tras una ofensiva rebelde fulminante, Siria se ha visto sumida en una serie de oleadas de violencia desordenada. Aunque el final del conflicto civil podría percibirse como una victoria popular, ha abierto un vacío de poder que amenaza con convertirse en una guerra sectaria sin cuartel.
En marzo de este año, una emboscada de simpatizantes de Assad contra fuerzas de seguridad desencadenó una cadena de represalias violentas que causaron la muerte de cientos de personas, la mayoría de ellas alauitas. Desde entonces, el patrón de ataques no ha cesado, con secuestros, agresiones y discriminación persistente hacia los jóvenes alauitas.
La discriminación inversa tras el colapso del régimen
Paradójicamente, tras la caída del clan Assad, muchos alauitas han comenzado a vivir una nueva forma de marginación. Desde reportes de desempleo generalizado entre funcionarios alauitas hasta jóvenes detenidos sin cargos, la comunidad clama que de haber sido favorecidos bajo el régimen, ahora son víctimas del ajuste de cuentas.
“Nosotros no somos Assad, y no deberíamos pagar por sus crímenes”, decía una pancarta en Latakia, según testigos.
Este tipo de consignas resumen el sentimiento general de un grupo que ahora teme ser chivo expiatorio del resentimiento nacional acumulado. La narrativa de “culpabilidad sectaria” empieza a arraigarse, mientras muchos ciudadanos sirios buscan justicia de forma generalizada.
¿Por qué resurgen los conflictos sectarios?
La historia de Siria está marcada por tensiones sectarias, pero estas fueron contenidas bajo el férreo control de los Assad. Con su partida, estas tensiones florecen.
- Por un lado, el debilitamiento de las instituciones centrales impide que se apliquen medidas efectivas de reconciliación.
- Por otro, diversos actores locales, milicias y facciones compiten ahora por el dominio territorial, económico y social.
- A esto se suma la proliferación de grupos radicales que ven en la crisis una oportunidad para instalar su agenda religiosa extremista.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, más de 180 ataques sectarios se han registrado en lo que va del año 2025, la mayoría de ellos con víctimas civiles.
¿Y ahora qué? El futuro de los alauitas en la “nueva Siria”
No es claro cuál será el futuro de los alauitas en esta etapa post-Assad. Lejos de gozar de hegemonía, la comunidad alauita teme por su supervivencia física e institucional. Voces como la de Ghazal Ghazal exigen un nuevo contrato social para justificar su presencia en las mesas de diálogo, pero la fragmentación del país y la ineficacia de los actuales gobiernos interinos hace que cualquier proceso de reconciliación parezca lejano.
Aun así, la comunidad internacional podría desempeñar un rol vital. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional han urgido a que se detengan los ataques basados en pertenencia religiosa y se inicie un proceso de memoria y justicia transicional.
Una encrucijada: reconciliación o venganza
La Siria post-conflicto enfrenta una elección peligrosa: o impulsa un proceso de integración donde ninguna comunidad sea excluida o marginada, o permite que la sed de venganza alimente nuevas guerras internas.
En palabras de la analista política Lina Khatib:
“Siria necesita algo más que reconstrucción física. Necesita reconciliación moral e histórica. Y eso solo es posible si se rompe el ciclo de castigo sectario.”
Ya no se trata solo de Al Assad o del futuro político del país. Se trata de evitar que la historia del sectarismo se repita una y otra vez, como ha ocurrido en tantas naciones golpeadas por el trauma y el odio.
El reto para la región
Lo que ocurre en Siria no es un fenómeno aislado. Los conflictos religiosos y étnicos han salpicado a toda la región de Medio Oriente. Desde Irak hasta Yemen, pasando por el Líbano y Bahrein, las fisuras sectarias están presentes y pueden ser exacerbadas por actores externos e intereses geopolíticos.
Por ello, una Siria en paz y pluralista sería no solo una victoria para sus ciudadanos, sino una señal de esperanza para toda la región.
