Surcorea y su doble discurso energético: ¿transición verde o más dependencia del gas?

Aunque Seúl promete abandonar el carbón para combatir el cambio climático, su acercamiento hacia las exportaciones de gas natural licuado (GNL) de EE.UU. pone en duda su compromiso verde

¿Fin del carbón o solo una ilusión verde?

Durante las recientes conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático celebradas en Belém, Brasil, Corea del Sur dio un paso esperado pero también contradictorio: anunció su adhesión a la Powering Past Coal Alliance, una coalición global de gobiernos y organizaciones enfocada en eliminar gradualmente el uso del carbón. Según Kim Sung-hwan, ministro inaugural del nuevo Ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente, el país se comprometió a retirar la mayoría de sus plantas de carbón antes de 2040 y a reducir sus emisiones de carbono entre un 53% y 61% respecto a los niveles de 2018 para el año 2035.

Sin embargo, este panorama se nubla cuando exploramos otro aspecto de la política energética surcoreana: su fuerte acercamiento comercial con Estados Unidos para aumentar las importaciones de gas natural licuado (GNL). Aunque este gas arde más limpiamente que el carbón, sigue siendo un combustible fósil que emite metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.

Un matrimonio incómodo: clima y comercio

En medio del compromiso por descarbonizar su matriz energética, Corea del Sur también ha negociado con la administración estadounidense —en especial durante el gobierno de Donald Trump— importaciones masivas de GNL como parte de un acuerdo comercial de entre 3 y 10 años de duración.

Según análisis de documentos federales de EE.UU., este pacto implicaría que Seúl compre entre 3 y 9 millones de toneladas anuales de GNL estadounidense. El trasfondo de esta decisión está vinculado más a presiones económicas que ambientales. Trump impuso elevados aranceles con una política de "America First", obligando a países aliados como Corea del Sur a compensar con importaciones de productos energéticos estadounidenses para evitar represalias económicas.

Este doble discurso ha provocado preocupación entre expertos como Michelle Kim, del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA), quien advirtió: "Corea del Sur tendrá grandes dificultades para consolidar todos sus planes energéticos si sigue dependiendo fuertemente del gas".

LNG como solución temporal… ¿o un nuevo problema?

Parte del argumento oficial es que el GNL servirá como energía de respaldo para compensar las irregularidades de las fuentes renovables como la solar y la eólica. En palabras del ministro Kim: “Usaremos el GNL como fuente complementaria o de emergencia mientras damos el salto a una matriz enfocada en renovables y energía nuclear”.

Sin embargo, esta postura no convence a todos. Greenpeace Corea advirtió que este enfoque puede crear un escenario donde reemplazar el carbón por GNL no implique una transición verde genuina, sino una simple sustitución de combustibles fósiles.

“Si reemplazamos carbón con GNL, solo trasladamos el problema. No lo resolvemos. Perpetuamos la dependencia fósil”, declaró Insung Lee, vocero de la organización.

Estadísticas que hablan: Corea versus el mundo

Entonces, ¿cuán avanzada está Corea del Sur en su transición energética en comparación con otras potencias? Estas cifras proveen una respuesta clara:

  • 10.5% de la electricidad de Corea del Sur proviene actualmente de renovables (2023), según la Agencia Internacional de Energía (IEA).
  • En comparación, España genera 42% de su electricidad con renovables; Japón, 21%.
  • 31% de la energía eléctrica surcoreana procede de la energía nuclear.
  • Corea del Sur apunta a reducir la participación del GNL en su matriz del actual ~20% a solo 10.6% para 2038.

Estas cifras muestran el rezago relativo del país en el ámbito verde frente a otras economías desarrolladas.

El factor Trump y su herencia energética

No es menor que gran parte de esta situación sea heredada del enfoque de política internacional del expresidente Donald Trump. En su afán por favorecer las exportaciones energéticas estadounidenses, promovió acuerdos que, aunque beneficiosos comercialmente para EE.UU., resultan conflictivos con los compromisos climáticos de otras naciones.

“El acuerdo con EE.UU. obliga a Corea del Sur a comprar grandes volúmenes de GNL sin considerar si los necesita realmente”, alegó Joojin Kim, experto de Solutions for Our Climate, una ONG surcoreana. “Podría derivar en sobreoferta y más emisiones”.

De concretarse estos volúmenes, Corea enfrentaría serias dificultades para alcanzar su meta de reducir emisiones, transformándose en un cliente cautivo del gas mientras intenta vender una imagen de sostenibilidad al exterior.

El efecto dominó global y el mercado del carbón

Más allá de las fronteras surcoreanas, los eventuales recortes del uso del carbón ya provocan impacto regional. Corea del Sur es uno de los principales importadores de carbón del mundo, adquiriéndolo principalmente de Australia, Indonesia y Rusia. Por eso, su reducción del consumo implica una señal clara para productores de carbón asiáticos.

“Es una transición forzosa que los exportadores deben enfrentar”, afirma James Bowen, de Climate Analytics, señalando que el simbólico ingreso de Corea a la Powering Past Coal Alliance representa, en el fondo, “una advertencia” sobre el futuro del comercio del carbón en la región.

¿Existe un tercer camino?

Los defensores del medio ambiente proponen que el énfasis debería estar en la aceleración de la infraestructura para energía renovable, especialmente en energía eólica marina, solar a gran escala y sistemas de almacenamiento. Corea del Sur, de hecho, se ha comprometido a multiplicar por diez su capacidad de energía eólica marina hasta alcanzar 4 gigavatios en los próximos años.

Pero ¿es ese ritmo lo suficientemente rápido frente al ritmo del cambio climático?

Según Bruce Douglas, ejecutivo de Global Renewables Alliance: “Aunque la adhesión a pactos como el Powering Past Coal Alliance es mayormente simbólica, revela la intención política de cambiar hacia una economía más limpia. Pero la intención debe acompañarse de acción real y sostenida”.

El dilema energético y su resolución política

La paradoja energética surcoreana es, en última instancia, un síntoma global. Muchas naciones enfrentan este dilema: ¿cómo sostener el crecimiento económico, las relaciones geopolíticas estratégicas y a la vez reducir la huella de carbono? En el caso específico de Corea, el nuevo gobierno liberal de Lee Jae Myung tiene una oportunidad única para rectificar este curso lleno de contradicciones.

Mientras tanto, diversas voces de la academia, sociedad civil y organismos ambientales exigen consistencia y claridad. No se puede predicar el fin del carbón, mientras se perpetúa la economía del gas fósil bajo el disfraz de una transición "verde" parcial.

Como lo resumió Insung Lee, activista climático de Greenpeace: “El verdadero compromiso climático se demuestra dejando atrás todos los combustibles fósiles, no eligiendo al más ‘limpio’”.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press