Surfistas entre escombros: la inesperada resistencia en las olas de Gaza

Mientras la guerra deja cicatrices en la costa de la Franja de Gaza, un grupo de jóvenes palestinos encuentra libertad y esperanza sobre tablas de surf

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Por las arenas de Gaza, desgarradas por bombas y el dolor del conflicto, retumba un sonido distinto: el rugir de las olas quebrándose bajo las tablas de surf. Khalil Abu Jayyab y Tahseen Abu Assi no son campeones olímpicos ni estrellas del surf global. Son jóvenes palestinos que desafían la narrativa de destrucción con neoprenos desgastados y tablas de surf maltrechas. En la desgarrada costa de Gaza, donde las ruinas reemplazan las palmeras, ellos se lanzan al mar como quienes navegan hacia un futuro posible.

Surfear entre ruinas

En otras partes del mundo, el surf evoca imágenes de libertad, sol, música y estilo de vida relajado. En Gaza, significa algo más profundo: resistencia.

Desde que comenzaron los bombardeos entre Israel y Hamas, una interminable lista de víctimas y daños a la infraestructura ha afectado todos los aspectos de la vida cotidiana en la Franja de Gaza. Las calles siguen aún cubiertas con polvo y fragmentos de escombros, los edificios colapsados interrumpen los caminos y el mar, aunque permanece, no luce como una postal del Mediterráneo.

En ese escenario de devastación, surfear parece un acto de locura... o de coraje.

Una tabla como símbolo de libertad

Khalil Abu Jayyab, de 25 años, relata en entrevistas cómo aprendió a surfear gracias a amigos que encontraron viejas tablas donadas por activistas internacionales. Una de las organizaciones clave en brindar apoyo al naciente movimiento surfista en Gaza fue Surfing for Peace, que desde 2007 lleva tablas de surf a jóvenes palestinos en iniciativas no gubernamentales.

“Cuando entro al mar, olvido todo... las bombas, el hambre, la vida encerrada. Es como otra dimensión”, dice Khalil mientras se pone su traje de baño bajo un cielo soleado, indiferente al temblor lejano de explosiones o drones que zumban en lo alto. Su amigo Tahseen asiente en silencio, preparándose para entrar en las aguas azules turbias.

La costa está marcada por cráteres y restos de embarcaciones destruidas. Sin embargo, eso no detiene a estos jóvenes, quienes cada domingo —cuando el mar está más tranquilo— se encuentran en la playa para hacer lo imposible: surfear esperanza.

Una historia que crece con cada ola

El surf en Gaza no es nuevo, pero sí prácticamente desconocido por el mundo. Su surgimiento contrasta con las estadísticas sombrías que deja el conflicto: más de 38% de la población está desempleada, según el Banco Mundial, y la electricidad en Gaza apenas funciona unas pocas horas al día. La infraestructura deportiva es prácticamente inexistente.

Pese a ello, el movimiento surfista ha crecido lentamente como una comunidad resiliente, educativa y terapéutica. Jóvenes como Khalil y Tahseen enseñan a niños más pequeños a remar, pararse sobre la tabla, flotar, respirar y, más importante aún, reír.

En un entorno donde las escuelas a menudo están cerradas y los traumas emocionales son moneda corriente, el surf se convierte en una terapia emocional alternativa no oficial. Psicólogos en zonas de conflicto han demostrado que actividades físicas como el surf ayudan a aliviar el síndrome de estrés postraumático (TEPT), fomentando autoestima y autocontrol emocional entre los usuarios (American Psychological Association, 2019).

Riesgos y recompensas

No se trata de un surf glamoroso. Muchos de los jóvenes usan tablas que han sido reparadas decenas de veces, y sus trajes de neopreno, si los tienen, están remendados con cinta adhesiva. Las olas no siempre son generosas, y a menudo el riesgo de caer en una zona con desechos bélicos está presente. Además, las fuerzas armadas israelíes restringen en ciertas ocasiones el acceso completo al mar, limitando las zonas seguras para surfear.

A pesar de las amenazas constantes, en el 2025 estos surfistas persisten y se convierten en símbolo de perseverancia. Las fotografías recientes del 28 de diciembre muestran a Khalil y Tahseen maniobrando sobre las olas con estilo, mientras detrás de ellos las columnas destruidas dibujan paisajes de invierno bélico.

Una historia contada en silencio

Son las imágenes, más que las palabras, las que relatan esta historia insólita. Las fotos capturan momentos de pura humanidad: risas en la arena, saltos hacia el agua, miradas intrépidas de quienes están acostumbrados al caos pero eligen el equilibrio sobre las olas.

Según reportes de Amnistía Internacional y organismos de Naciones Unidas, más del 70% de los menores en Gaza están expuestos a niveles de estrés que afectan su desarrollo mental —y sin embargo, niños en la playa intentan subirse a una tabla con entusiasmo.

El surf en Gaza no pretende obtener medallas ni contratos publicitarios. Es una forma de testimonio silencioso de una juventud que, pese al bloqueo, al dolor, a los cielos grises partidos por misiles, elige vivir.

¿Y si el surf terminara siendo una revolución política?

La resistencia no siempre necesita pancartas —a veces, basta una ola bien surfeada.

Desde hace años, las formas de lucha se han diversificado en territorios ocupados. El arte, el fútbol, la música y ahora el surf son trincheras modernas para reclamar existencia, identidad y dignidad. En Gaza, donde el mundo exterior casi no entra, la imagen de un joven deslizándose sobre una ola, con una sonrisa pese a todo, viaja más lejos que cualquier discurso institucional.

¿Podríamos considerar al surf un acto político? Tal vez sí, cuando se practica en un lugar donde la simple alegría de moverse libre implica un riesgo físico o político. Como escribió el icónico surfista y activista Dave Rastovich: “Flotar en el mar sin miedo es, en muchos lugares, un acto revolucionario.”

Un llamado desde el mar

¿Qué pasaría si las ONG enfocadas en ayuda humanitaria incluyeran proyectos deportivos no solo como escapatoria temporal, sino como parte integral de las soluciones posbélicas? Senegal, Sri Lanka y Nicaragua han aplicado modelos exitosos donde el surf se integra en sus propuestas de reconstrucción y empoderamiento juvenil.

Para lugares como Gaza, incluir este tipo de iniciativas podría tener beneficios que van mucho más allá del recreo. Ofrecer surf como parte de los programas de intervención comunitaria en salud mental podría cambiar miles de vidas. Para eso, se necesita que el resto del mundo deje de ver Gaza solo como un punto caliente y empiece a verla como una comunidad con historias humanas.

Más que surfistas, sobrevivientes

Khalil y Tahseen nunca han abandonado la playa. En cada amanecer donde el viento sopla del oeste, arrastrando sal y memorias, ellos esperan la siguiente ola. No son héroes de revistas; son los hermanos, hijos y amigos de un pueblo desgastado que no deja de soñar.

Entre las ruinas, ellos construyen. Sobre las olas, ellos vuelan. Bajo las bombas, ellos viven.

Y quizás, solo quizás, con cada ola surfeada, nos estén recordando que la vida —como el mar— se abre paso incluso en los rincones más imposibles.

“En el rompeolas, cuando nadie nos mira, somos libres.” – Tahseen Abu Assi.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press