Jóvenes africanos están volviendo al campo: el renacimiento agrícola que está transformando Senegal
Lejos de ser una opción de última instancia, la agricultura se está convirtiendo en un motor económico para una nueva generación que busca oportunidades lejos de las ciudades.
Filly Mangassa, con tan solo 33 años, representa el nuevo rostro de la agricultura en Senegal. De joven soñaba con ser profesor universitario, pero hoy lidera una finca de 32 acres, cultiva cacahuetes, maíz, frutas y verduras, y genera unos ingresos que superan con creces el promedio nacional. Lo más asombroso: no es un caso aislado. Mangassa es parte de una tendencia clave en África donde miles de jóvenes están abandonando las ciudades para regresar al campo. En este artículo de análisis, exploramos las causas, consecuencias y potencial de este renacimiento agrícola juvenil en el continente africano.
¿Por qué vuelven al campo?
Tradicionalmente, en África, la agricultura ha sido considerada un trabajo de baja categoría. Muchos jóvenes, alentados por sus familias, emigraban a ciudades como Dakar o Nairobi buscando trabajos formales en oficinas. Sin embargo, las oportunidades allí son pocas y los gastos, muchos: alquileres y precios de alimentos se han disparado, elevándose como en ciudades europeas pero con salarios mucho más bajos.
La alta tasa de urbanización en África - un 3,5% anual, según el Banco Mundial - no se ha traducido en oportunidades equivalentes. El Banco Africano de Desarrollo estima que entre 10 y 12 millones de jóvenes entran al mercado laboral cada año, pero solo se crean 3 millones de empleos formales. La matemática no cuadra.
“Muchos compañeros míos ahora trabajan como conductores de mototaxis, y apenas logran sobrevivir”, dice Mangassa. Fue entonces cuando pensó: “Yo vengo de una familia de agricultores. ¿Por qué no intentarlo con las herramientas actuales y mi experiencia académica?”.
COVID-19 y el desencanto urbano
La pandemia de COVID-19 agravó esta situación. Empresas cerraron, no se contrataba como antes y el costo de vida se disparó. Eso provocó un éxodo inverso. Cientos de jóvenes, con o sin títulos universitarios, regresaron a sus pueblos con la idea de redescubrir una agricultura tecnológica y rentable.
El caso de Filly Mangassa es revelador: gana unos 3,500 dólares al año cultivando, frente al promedio nacional de 2,500 dólares. Además, ha contratado a otros tres jóvenes que antes querían migrar a Europa. Mamadou Camara, Issa Traoré y Madassa Kebe, provenientes de Mali, llegaron a Senegal tras ser estafados por un contrabandista. Hoy trabajan en la finca y tienen otra perspectiva.
El apoyo institucional fortalece la iniciativa
Este renacimiento agrícola no es espontáneo. Existen programas como el del Programa Mundial de Alimentos (WFP) que desde 2023 apoya a jóvenes agricultores en África. En Senegal ya se han beneficiado más de 61,000 personas y más del 80% ha iniciado emprendimientos agrícolas.
El programa facilita acceso a tierras (un desafío frecuente por los complicados sistemas de propiedad), financiamiento, semillas, fertilizantes y también formación en técnicas modernas de cultivo.
“Nuestros estudios muestran que las tres principales barreras para la juventud en la agricultura son el acceso limitado a tierras y financiamiento, la falta de habilidades prácticas y un mercado difícil”, resume Pierre Lucas, director nacional del WFP en Senegal.
Agricultura inteligente y cultivos más rentables
Hoy, muchos jóvenes como Mangassa apuestan por cultivos de mayor valor añadido. Además, gracias al acceso a tecnologías como sistemas de riego, fertilización digital y plataformas de comercialización, los resultados han sido notables. Se prevé que al aumentar la oferta de productos agrícolas locales, sus precios disminuyan, lo que ayuda a combatir la inseguridad alimentaria de la región.
Senegal aún arrastra las consecuencias de políticas coloniales que favorecieron el monocultivo de cacahuetes para exportar a Francia en lugar de alimentos básicos. A eso se suma el deterioro del suelo y el cambio climático.
Sin embargo, la apuesta por la formación técnica y la visión empresarial de estos jóvenes está revirtiendo parte de ese legado.
Agricultura contra la migración
Senegal es uno de los principales puntos de partida de migrantes que intentan cruzar hacia Europa a través del Atlántico. De acuerdo con cifras de la OIM, miles de senegaleses emprenden ese viaje anualmente, muchos de ellos jóvenes sin oportunidades.
Por eso, el gobierno senegalés ha iniciado campañas en zonas rurales para promover la agricultura como una alternativa viable de vida.
“Estoy convencido de que el único sector capaz de generar cientos de miles de empleos para los jóvenes africanos es la agricultura”, declaró en octubre el ministro de Agricultura, Mabouba Diagne.
Adama Sane, de 24 años, iba a pagarle a un contrabandista para migrar hacia España. No tenía dinero y, como último recurso, terminó volviendo a su pueblo, donde descubrió un programa agrícola. Hoy cultiva pimientos y cría aves. “No estoy donde quiero estar aún, pero ahorré dinero, tengo menos estrés y estoy viendo resultados”, cuenta.
Más que un plan de emergencia: una estrategia de futuro
Lo que empezó como una solución temporal, está consolidándose como una estrategia de desarrollo sostenible. Mangassa y Sane no solo producen alimentos. También generan empleos, mejoran la seguridad alimentaria y ofrecen una narrativa alternativa a la migración desesperada.
Este renacimiento agrícola todavía enfrenta desafíos: burocracia en el acceso a tierras, falta de créditos adecuados para jóvenes y riesgos climáticos. Pero el cambio cultural que está ocurriendo es profundo.
Cada vez más familias ven el regreso al campo no como un fracaso, sino como una inversión. Jóvenes con títulos universitarios, conocimientos tecnológicos y nuevas ideas están transformando el paisaje rural africano.
Si África quiere evitar un colapso social derivado del desempleo juvenil y la migración masiva, necesita seguir sembrando estas semillas de cambio. Como demuestra la historia de Filly Mangassa —quien pasó de soñador a modelo de éxito agrícola—, la tierra no es solo tradicionalismo. Es futuro.