Khaleda Zia: El legado de una leona de la política en Bangladesh

A través de prisiones, victorias electorales y rivalidades implacables, la ex primera ministra Khaleda Zia transformó el mapa político de Bangladesh con una tenacidad que cambió generaciones

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Una figura icónica entre la democracia y la dictadura

El 2025 marcó el fin de una era en Bangladesh con la muerte de Khaleda Zia, a los 80 años, una figura central en la política del país por más de cuatro décadas. Su vida y carrera estuvieron definidas por una rivalidad feroz con su eterna contrincante política, Sheikh Hasina, y por una lucha incesante contra regímenes autoritarios, juicios por corrupción y una salud persistentemente frágil.

Como la primera mujer elegida primer ministra en la historia de Bangladesh, Zia rompió moldes y abrió caminos en un país donde la política ha estado marcada por el legado de su independencia sangrienta en 1971. Su ascenso al poder fue también una respuesta a la tragedia: tras el asesinato de su esposo, el presidente Ziaur Rahman, tomó el liderazgo del Partido Nacionalista de Bangladesh (BNP) y se convirtió en una figura poderosa de oposición en un país dominado por golpes militares y gobiernos autoritarios.

Los cimientos de una carrera histórica

Khaleda Zia tomó las riendas del BNP en la década de 1980 tras la muerte de su esposo en un golpe militar. En un contexto político plagado de inestabilidad, su liderazgo firme contra el general H.M. Ershad provocó un movimiento masivo y culminó con la caída de la dictadura militar en 1990, abriendo el paso hacia la democracia multipartidista.

Uno de sus mayores logros fue liderar al BNP a la victoria en las elecciones de 1991, convirtiéndose en primera ministra gracias al primer sufragio universal verdaderamente competitivo en el país después de su independencia. Esta victoria fue vista como un símbolo del empoderamiento femenino en el sur de Asia.

La rivalidad histórica con Sheikh Hasina

La historia política de Bangladesh no puede explicarse sin hablar de las dos figuras más influyentes que ha tenido el país: Khaleda Zia y Sheikh Hasina. Esta rivalidad personal y política transformó el país y lo dividió en dos bandos. Hasina, hija del fundador de Bangladesh Mujibur Rahman, también ha ejercido múltiples mandatos como primera ministra, convirtiéndose en su principal antagonista.

En las elecciones de 1996, Zia encabezó un proceso electoral altamente cuestionado, donde ganó 278 de 300 escaños en medio de un boicot de la oposición. Sin embargo, bajo presión pública, su gobierno no duró más de 12 días, y se instauró un gobierno de caretaker no partidista para organizar nuevas elecciones.

Un segundo mandato lleno de controversia

Zia regresó al poder en 2001 con una coalición liderada por el BNP y el partido islamista Jamaat-e-Islami. Aunque su gobierno aplicó políticas pro-mercado y atrajo la confianza de los inversionistas, también fue criticado por su cercanía a grupos con pasados oscuros durante la guerra de independencia.

Este período estuvo marcado por una creciente violencia política. En 2004, un atentado con granadas durante un mitin del partido de Hasina dejó 24 muertos y cientos de heridos. Hasina acusó directamente al hijo de Zia, Tarique Rahman, de estar detrás del ataque, aumentando la tensión entre ambas líderes.

Casos de corrupción, cárcel y exilio

Entre 2017 y 2020, Zia fue acusada y condenada por malversación de fondos en dos casos distintos ligados a una fundación benéfica que lleva el nombre de su esposo fallecido. Fue sentenciada a un total de 17 años de prisión. Los líderes del BNP denunciaron persecución política, mientras que el gobierno de Hasina se desvinculó argumentando que “era un asunto legal, no político”.

Debido a su frágil estado de salud, fue liberada en 2020 y mantenida en arresto domiciliario. Desde entonces, enfrentó numerosas solicitudes de su familia al gobierno para que pudiera recibir tratamiento médico en el extranjero, las cuales fueron consistentemente rechazadas hasta que Hasina fue derrocada por un levantamiento popular en 2024.

El regreso de Zia y sus últimas batallas

Con la caída del gobierno de Hasina y el ascenso de un gobierno interino liderado por el Nobel de la Paz Muhammad Yunus, se facilitó su traslado a Londres en enero de 2025. A pesar de su delicado estado, regresó a Bangladesh en mayo del mismo año, un gesto que sorprendió a muchos. Su última aparición pública fue en un acto del ejército en noviembre, donde acudió en silla de ruedas, visiblemente debilitada.

Tras su regreso, no volvió a participar activamente en política, pero mantuvo el título de presidenta del BNP hasta su fallecimiento. Su hijo, Tarique Rahman, ha sido el presidente en funciones del partido desde 2018, marcando la continuidad de una dinastía política.

El reflejo de un país dividido

El legado de Khaleda Zia representa los paradojas de la democracia en Bangladesh: el poder compartido entre dos líderes que alternan entre elecciones disputadas y crisis institucionales, y donde las acusaciones de autoritarismo, corrupción y represión de la oposición son moneda corriente.

Su figura sigue siendo polémica. Mientras sectores conservadores y rurales la veneran como “madre de la democracia”, otros critican su acercamiento al islamismo político y sus años de silencio ante problemas clave del país.

Un legado que seguirá pesando en el futuro

Con su muerte, Bangladesh entra en un nuevo capítulo incierto. El BNP enfrenta el desafío de redefinirse sin su líder histórica, mientras el país aún digiere las secuelas del gobierno autoritario de Hasina y el reciente cambio de régimen.

El legado más importante de Zia podría no estar en sus políticas o en sus mandatos, sino en haber mantenido viva una oposición organizada en uno de los entornos políticos más hostiles del mundo. Como dijo el analista político Asif Nazrul: “No habríamos tenido elecciones competitivas, ni siquiera una apariencia de democracia, sin la existencia de Khaleda Zia y su tenaz resistencia”.

Más allá del respeto o rechazo que genere, la historia de Khaleda Zia es la historia de cómo una mujer viuda se convirtió en el símbolo de una nación que nunca dejó de luchar por un futuro más democrático, aunque lleno de sombras.

Este artículo fue redactado con información de Associated Press