‘The Plague’: El lado más oscuro de la adolescencia en una ópera prima inquietante
La primera película de Charlie Polinger es una mirada brutal, atmosférica y angustiante al tormento de crecer siendo diferente
Por fin hay una película que retrata con perturbadora precisión ese momento específico de la infancia en el que dejar de ser niño duele más que cualquier enfermedad.
Charlie Polinger debuta rotundamente en el cine con “The Plague”, una cinta que atraviesa el corazón del coming-of-age con bisturí emocional. Ambientada en un campamento de verano para jugadores de waterpolo en el año 2003, la película saca a relucir los demonios de la pubertad masculina cuando no están supervisados por adultos responsables ni modelos a seguir.
Un campamento, una jerarquía y una plaga invisible
El espectador entra a este mundo a través de Ben (Everett Blunck), un niño delgado y de mirada vulnerable que llega como "el nuevo" a la segunda sesión del campamento. Eso, en los códigos no escritos de la infancia, equivale a empezar perdiendo. Hay un solo grupo dominante: liderado por Jake (Kayo Martin), quien encarna al bravucón carismático y malicioso que sabe detectar debilidades con precisión escalofriante.
Y también hay un chivo expiatorio claro: Eli (Kenny Rasmussen), un preadolescente con una postura encorvada, cubierto de acné y costras rojas, apasionado por los trucos de magia y el musical “Les Misérables”. Los otros lo llaman, burlonamente, “la peste”. Un apodo que no sólo lo separa, sino que lo reduce a una entidad infecciosa, indeseable, casi subhumana.
La estética del acoso: de la piscina al pandemónium emocional
Polinger, que también escribió el guion, junto con el trabajo del director de fotografía Steven Breckon en 35 mm, construye un mundo acuático y al mismo tiempo claustrofóbico. Las tomas bajo el agua recuerdan con fuerza a la expresión "nadar o hundirse", proverbio que aquí se vuelve literal y emocionalmente potente.
En este espacio hermético, donde los adultos (como el entrenador interpretado por Joel Edgerton) están presentes pero ineficaces, se desarrolla una micro-sociedad tipo “El señor de las moscas”. La violencia es verbal, simbólica e incluso física, pero sobre todo está normalizada como rito de paso.
No es el bullying lo que asusta; es su normalización
Jake no necesita ser físicamente imponente: su poder está en su psicología. Su capacidad para exponer debilidades y manipular al grupo crea un tipo de tiranía casi clínica. Es un reflejo perfecto de cómo las estructuras de poder se forman y se sostienen incluso en edades tan tempranas. Según un estudio de la Universidad de Warwick (Reino Unido), el 30% de las víctimas de bullying de entre 8 y 12 años desarrollan trastornos de ansiedad o depresión a largo plazo. La semilla se planta temprano, y bajo la mirada pasiva del mundo adulto.
Ben, la peste que se contagia del miedo
El corazón de la película es la tensión interna de Ben. Por instinto o solidaridad, al principio muestra empatía hacia Eli. Pero su necesidad de aceptación en el grupo lo empuja, literalmente, a empujar a Eli al suelo en un acto simbólico de traición, seguido de un gesto aún más grotesco: se sacude el brazo como si realmente pudiera quitarse la "peste". Aquí, el miedo a la exclusión es más virulento que cualquier enfermedad real.
Lo inquietante es que el propio Eli también empieza a creer que “la peste” es real. ¿Y si de verdad está enfermo?. Es cuando Ben empieza a desarrollar sus propias erupciones y granos que el tema escala: ¿la "peste" era un símbolo o ha tomado vida? La respuesta que ofrece Polinger no es sobrenatural, pero sí devastadora: lo que se contagia no es la enfermedad, sino el estigma.
El terror escondido tras el coming-of-age ya no se esconde
“The Plague” se siente como una respuesta a películas que romantizan o trivializan la adolescencia. Aquí no hay momentos con luces de atardecer acompañados por canciones indie. Hay gritos, risas crueles, flashes de sangre y el vacío que queda cuando el otro se convierte en menos que humano.
Polinger se une así a una estirpe de directores que entienden la adolescencia como guerra emocional: Gus Van Sant (Elephant), Lynne Ramsay (We Need to Talk About Kevin), y Lukas Moodysson (Lilja 4-ever). Pero lo hace con una voz propia. Se nota que la historia parte de sus propias vivencias, como ha dado a entender en algunas entrevistas.
Un debut que incomoda (y por eso funciona)
La cinta no es fácil de ver, pero tampoco pretende serlo. Dura apenas 93 minutos, está clasificada como R y contiene imágenes de autolesión, lenguaje explícito y referencias sexuales entre menores, lo que ha generado cierta polémica. Pero toda esa incomodidad está justificada por la profunda resonancia emocional del tema tratado.
“The Plague” no habla solo sobre niños crueles o sobre víctimas inocentes. Habla sobre cómo aprendemos a sobrevivir en una sociedad basada en jerarquías, etiquetas y miedos. Habla sobre la soledad, el deseo de pertenecer, y lo mucho que estamos dispuestos a ceder para lograrlo.
La piscina como parábola del mundo
La elección del waterpolo como escenario no es fortuita. En la superficie, el agua es clara y regulada por normas. Pero bajo ella, es un caos de patadas, jalones y lucha por respirar. Una metáfora perfecta para la adolescencia: lo que ves desde fuera nunca revela lo que ocurre debajo.
En palabras del propio Ben al ser interrogado por su entrenador sobre qué representa el waterpolo: “Trabajar juntos como una gran familia... o algo así.” La ironía estalla sola. No hay familia aquí. Solo hay supervivientes.
¿Volveríamos a pasar por la adolescencia?
Esta película deja esa pregunta abierta. Muy pocos espectadores —especialmente adultos— querrán revivir los ecos del dolor aquí retratados. Y sin embargo, es precisamente esa reacción la que hace de “The Plague” una película importante. Nos recuerda que el paso de la niñez a la adultez es, para muchos, un descenso a los infiernos.
Como dijo el crítico Roger Ebert: “El cine es una máquina que genera empatía.” Y pocas películas recientes lo hacen con tanta intensidad como “The Plague”. Es un testimonio honesto, oscuro, y profundamente necesario.
Puntuación: ★★★ de 4
“The Plague” es una producción independiente distribuida por Independent Film Company.
